El Capitán Jorge Veneciano, mercader de negros, vende a Rodrigo Méndez, vecino de la provincia de Jalapa, un negro llamado Cristóbal, de nación Angola, de 20 años, poco más o menos, con las tachas que tuviere, por el precio de 300 pesos de oro común.
ESCLAVOS NEGROS
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Héctor Álvarez Riveiro, vecino de esta provincia, vende al licenciado don Pedro Solís Calderón, vicario beneficiado del partido de Tlacolula, un negro llamado Domingo Bran, de nación Bran y de 23 años de edad, por el precio de 500 pesos de oro común.
Agustín de Villanueva, residente en su ingenio de azúcar en esta provincia, y Mateo Rodríguez, vecino de Cuzcatlán, cada uno por lo que le toca intercambiaron dos esclavos negros, por así convenir a sus intereses.
Diego González, vecino de Jalapa, se obligó a pagar al capitán Francisco de Acosta, mercader de negros, 380 pesos de oro común, precio de un negro llamado Juan, de nación Angola, para el primer día del mes de marzo de 1614, todos juntos en una paga.
Juan de Thormes, vecino y mercader del pueblo de Jalapa, vende al Capitán Francisco García de Mendoza, vecino de la ciudad de la Nueva Veracruz, una negra esclava nombrada Teresa, de 30 años más o menos, mediana de cuerpo, de buenas carnes, que compró a Sebastián Díaz de Acosta, vecino de este pueblo, el 24 de julio de 1693. La venta se hace libre de censo, empeño e hipoteca en 200 pesos de a 8 reales cada uno que por su valor ha recibido.
Petrona de Arauz, parda libre, viuda vecina del pueblo de Jalapa, otorga poder especial a don Francisco García de Mendoza, vecino de la Nueva Ciudad de la Veracruz, para que en su representación pueda vender al contado a la persona que por bien tuviera, y por el más alto precio, una negra esclava nombrada María Josefa, criolla de 14 años más o menos que hubo y compró de don Ignacio de Herrera Loza, vecino de la Veracruz por escritura que a su favor otorgó el 1 de octubre de 1701. La esclava es libre de empeño e hipoteca sin asegurarla de ninguna tacha, vicio ni enfermedad pública ni secreta.
Jerónimo de Acosta, dueño de recua, vecino de Jalapa, en nombre y con poder del Licenciado Francisco de Manzaneda, Presbítero residente en el puerto de la Guayana, provincia de Caracas, vende a José Antonio Moncayo, vecino de la Ciudad de los Ángeles, un negro nombrado Tomás, natural de la Ciudad de La Habana, de 27 años más o menos, libre de deuda, empeño y cualquier otra enajenación, sin asegurarlo de ningún vicio, tacha, defecto ni enfermedad, que es el mismo que compró a Antonio Landeche, Almirante de la Real Armada de Barlovento. La venta se hace en 250 pesos de oro común que ha recibido.
El Capitán Bartolomé de Castro, mercader vecino de Jalapa, y doña Sebastiana María de Zamora, su legítima mujer, de mancomún, venden a doña Gregoria García Monzaval, mujer legítima de Pedro de Rivera, Sargento Mayor de la Real Guerra de San Juan de Ulúa, una negra esclava nombrada Mariana de 19 a 20 años de edad, con su hija mulatica, niña nombrada Pascuala de 11 meses, que compró bozal y recién llegada, de los capitanes Lucas de Acosta y don Damián Pereira, factores del asiento de negros esclavos, con la señal y calimbo de una CR en el brazo derecho. La venta se hace libre de empeño, hipoteca y enajenación en 200 pesos de oro común libres de alcabala.
El Licenciado Miguel Pérez de Medina, Cura Vicario y Juez Eclesiástico de Jalapa, dijo que atento a que Juan de Thormes, mercader, en cláusula de testamento manda que de sus bienes se saquen 400 pesos y se pongan sobre finca segura a censo redimible, para que con los 20 pesos de réditos se le mande decir una misa cantada en la iglesia parroquial en el día de San José. Por lo que se impone y cargan 400 pesos sobre 7 sitios de tierra para ganado que pertenecen al ingenio nombrado Nuestra Señora de los Remedios, con 20 esclavos negros varones, sobre sus casas de vivienda y todo aquello que tenga o aumente. Asimismo declara que el ingenio ya tiene cargados 400 pesos de principal y por lo demás se haya libre de otro censo, empeño e hipoteca, cuyo principal recibe de mano de Sebastián de Flores Moreno y de Gertrudis de la Gala y Thormes, su legítima mujer, albaceas y tenedoras de los bienes.
Manuel de Acosta, vecino del pueblo de Naolinco, dueño de haciendas de fabricar azúcar en la jurisdicción de Jalapa, vende a Nicolás de León, dueño de recua, vecino de la Ciudad de México, un negro nombrado Francisco Criollo, de la Ciudad de Maracaibo, de 26 años más o menos, que es el mismo que compró al Alférez Andrés Suárez Rodríguez, vecino de la Ciudad de México. El esclavo se encuentra libre de empeño, enajenación e hipoteca, la venta se hace en 300 pesos que por su valor le ha dado.