El Capitán Don Francisco de la Higuera Matamoros, dueño del ingenio La Santísima Trinidad, dijo haber arrendado una hacienda de ovejas nombrada Nuestra Señora de la Asunción, ubicada en términos de San Salvador El Seco, a Don Andrés Alcaide de Ojeda, por tiempo de 4 años y a razón de mil pesos anuales. Y una hacienda de labor nombrada San Mauricio, Pago de Valsequillo, a José Moreno Peña, en otros 4 años y al precio de 350 pesos anuales, de cuyas cantidades libró una parte en favor del Capitán Don Francisco de Córdoba, vecino de la ciudad de México, a fin de satisfacer un adeudo de mayor cuantía, y por la presente, dio poder al susodicho para que cobre los arrendamientos y pueda arrendar las mencionadas haciendas por los tiempos y precios que le pareciere.
INGENIO LA SANTÍSIMA TRINIDAD
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Testamento de Don Cristóbal de Salcedo, en el cual declara que se casó en primeras nupcias con doña [M]aría [ilegible] y Prados, hija legítima de Juan [ilegible] y de Isabel Jiménez, con quien procreó a Cristóbal y a Esteban de Salcedo. Cristóbal es fraile de San Francisco, y Esteban es soltero y cirujano en [roto] de Cádiz y reinos de Castilla. Por segundas nupcias con [ilegible] hija legítima de Melchor de los [ilegible] y de doña Pascuala González. Nombró por sus albaceas a su tío el Licenciado Diego González de Astudillo, cura del ingenio La Santísima Trinidad, y a Gaspar de los Reyes, Tesorero de la Santa Cruzada, hermano de su esposa. Nombra como herederos a su hijo Esteban.
El Capitán Don José de la Higuera Matamoros, Alcalde Mayor de Jalapa, dio su poder cumplido a Don Luis de Miranda y Ocampo, mercader, y a Don Juan Matías, corredor, vecinos de la ciudad de Puebla de los Ángeles; y al Padre Fray Juan Alfonso, religioso dominico de dicha ciudad, para que en su nombre puedan poner en empeño dos esclavos de su propiedad: el uno negro, nombrado Juan de Castro, criollo, hijo de Antonio de Castro, chino, y de Teresa, negra criolla, difuntos, que fueron esclavos del Ingenio La Santísima Trinidad; de 22 años de edad, el cual le fue donado por su hermano Don Francisco de la Higuera Matamoros el año pasado de 1667. Y el otro, un mulatillo de 14 años de edad nombrado Agustín Hernández, criollo del dicho ingenio, hijo de Margarita, negra esclava de la dote de Doña Josefa de Arellano y de Irala, viuda del Capitán Don Sebastián de la Higuera Matamoros, quien como madre del otorgante le fue dado desde pequeño; el dicho Juan en 400 pesos y Agustín por 300 pesos de oro común, libres de empeño, hipoteca y otra enajenación, por el plazo de seis meses.
El Capitán Don Francisco de la Higuera Matamoros, dueño de este ingenio, dijo que por cuanto está próximo a ir a la ciudad de México y a otras partes, y tiene que dejar de acudir al gobierno de su ingenio, dio su poder cumplido a Don Gonzalo Márquez de Acevedo y al Tesorero Don Gaspar de los Reyes, vecinos de Jalapa, para que en su nombre administren el ingenio de La Santísima Trinidad, la Hacienda de Cempoala y todos sus bienes raíces y semovientes de su propiedad.
Doña Eugenia Francisca de Amilibia Guraya y Lezama, tutora y curadora de Doña Josefa Petronila de la Higuera Matamoros, como patrona de una capellanía de misas que fundó Don Andrés Pérez de la Higuera, y por haber fallecido su último capellán, nombró por capellán propietario al Bachiller Don Manuel del Pozo, cura del ingenio La Santísima Trinidad, para que la sirva y administre.
Doña Eugenia Francisca de Amilibia Guraya y Lezama, viuda del Capitán Don Francisco de la Higuera Matamoros, como tutora y administradora de los bienes de Doña Josefa Petronila de la Higuera Matamoros, dio su poder cumplido al Lic. Don Juan de Dios Ocampo, presbítero domiciliario del Arzobispado de México, para que en su nombre pueda dar en arrendamiento el ingenio de La Santísima Trinidad, con lo avíos, tierras, esclavos, ganados y todo lo que le pertenece; por el tiempo y el precio que mejor le pareciere.
El Capitán Don Sebastián de la Higuera Matamoros, residente en su ingenio de La Santísima Trinidad, por lo que le toca y como albacea de Don Ramiro de Arellano y Córdova, dio su poder cumplido al Lic. Andrés Juárez de Arce, su administrador, para que en su nombre otorgue poder y traspaso que convenga a Doña Catalina Pérez Molero, suegra de Don Ramiro, de una escritura con valor de 1 350 pesos de oro común, para que en su fecha y causa propia, reciba de Don Fernando de Rivadeneira los mencionados pesos; esto a cuenta de los diezmos de ganado mayor que Don Sebastián le debe pagar de las estancias de Santa Fe y Moreno, que quedaron por bienes del dicho Don Ramiro de Arellano.
El Bachiller Don Antonio de Acosta, clérigo de menores órdenes, vecino de la ciudad de México, recibió del Capitán Don Sebastián de la Higuera Matamoros, vecino de esta provincia, 500 pesos de oro común, por razón de otros tantos que el Lic. Don Bernabé de la Higuera y Amarilla, del Consejo de su Majestad, Inquisidor Apostólico de Nueva España, escribió al susodicho diera al otorgante, a cuenta de los réditos y rentas que le paga Don Sebastián como mayorazgo del ingenio nombrado La Santísima Trinidad; asimismo, recibió del dicho Capitán otros 500 pesos por mano del Alférez Juan Montero, regidor de la Veracruz, que por todo sumaron 1 000 pesos de oro común.
El Licenciado Don Juan de Bañuelos Cabeza de Vaca, clérigo, residente en esta provincia, y el Capitán Don Antonio de Orduña Loyando, dueño de ingenio de hacer azúcar, dieron su poder cumplido a Don Nicolás de Bañuelos, vecino de la ciudad de Los Angeles, para que los obligue, al primero como principal deudor y al segundo como su fiador, en la cantidad de pesos que montare el remate del diezmo de maíz, semillas, ganados y legumbres de esta provincia, del año pasado de 1654; y el diezmo de azúcar y mieles que debiere hasta fin de dicho año, el ingenio de La Santísima Trinidad del Capitán Don Sebastián de la Higuera Matamoros, según se acostumbra rematarse por los señores hacedores de los diezmos de este obispado.
Andrés Pérez de la Higuera, residente en su ingenio nombrado La Santísima Trinidad, se obligó a pagar al Capitán Gaspar Botello que vino de Angola con esclavos y en su nombre a Pedro Vértiz, vecino de la ciudad de Veracruz, 9 450 pesos de oro común, precio de 30 piezas de esclavos negros, 20 varones y 10 hembras de nación Angola, bozales, de diferentes nombres y edades, a razón de 315 pesos cada pieza; de las cuales fueron enviadas por el dicho Pedro Vértiz desde Veracruz, y cuyos pesos les dará para fin del mes de marzo de 1622, puestos en la referida ciudad.