Ventura de Acosta y Gaspar de Heredia, vecinos de la jurisdicción de Jalapa, dijeron haber otorgado escritura el 13 de marzo de 1711 para la compra del trapiche de San Diego y la Asunción, con las calidades y condiciones que en ella se expresan, habiendo corrido juntos en la administración hasta el 20 de noviembre de 1722, pero Ventura de Acosta dijo que de continuar la compañía se arruinarían, debido al abandono que le hizo al trapiche de San Diego por la gran mortandad de esclavos y ganados, y ahora no puede lograr fruto de la caña, también por las heladas que se padecen, por lo que han convenido en que Ventura de Acosta se quede con el trapiche en el estado en que se halla separándose y disolviendo la compañía, dando por libre la carga y gravámenes a que estaba obligado.
ESCLAVOS
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María Rodríguez, viuda de Miguel Jiménez Carralero, su albacea, dijo que habiendo vendido con la coalbacea Tomás de Figueroa, al Alférez Jerónimo de Acosta, un esclavo nombrado José en 350 pesos, de los cuales pagó 300 y quedaron pendientes 50 pesos, que ahora los entrega, en cuya virtud otorga recibo y carta de pago del alférez, de lo que se da por entregada a su voluntad.
El Capitán Bartolomé de Castro, vecino del pueblo de Jalapa, declara que la escritura de venta que a su favor otorgó el Capitán Juan de Malpica, vecino de esta cabecera, el 27 del corriente mes y año por la que le vendió un esclavo nombrado José, de 30 años, en 380 pesos, lo compró para el Alférez Juan José Rincón con dinero suyo, por lo que le pertenece dicho esclavo.
Inés López, viuda de Juan Díaz de la Cueva, natural y vecina del pueblo de Jalapa, hija legítima de Luis López y de Juana Margarita de Oliver, estando enferma en cama pero en su entero juicio, otorga su testamento donde hace las mandas acostumbradas. Declara debe al Capitán Bartolomé de Castro 8 o 9 pesos, a José Antonio de Acosta 2 pesos, entre otras deudas. Tiene algunos bienes inmuebles, joyas, la casa en la que vive, un esclavo nombrado Cayetano de 30 años. Declara fue casada con Juan Díaz de la Cueva, con quien tuvo 5 hijos, de los que vive sólo una hija. Nombra como albacea a su hija María Nicolasa y a su marido José Cabello, así también la nombra heredera.
El Capitán don José Robledano de Cardeña, vecino de este pueblo, vendió a don Miguel de la Fuente, Clérigo Presbítero Domiciliario de este obispado y vecino de Coatepec, un negro llamado Manuel José de 25 años, al precio de 300 pesos.
Don Nicolás de Acosta, vecino de Misantla en la jurisdicción de La Antigua Veracruz, vende a don Nicolás Fernández de la Calleja, vecino de este partido, un negro de nombre José Joaquín, en precio de 300 pesos mexicanos.
Don José Rodríguez de Guzmán, vecino de este pueblo, como substituto de don Juan de Espinosa, vecino de la Ciudad de la Puebla de los Ángeles, otorga poder que a su vez, don Juan había recibido de doña Joaquina Josefa de Soto y Carrillo y vende a don Juan Antonio Hidalgo, cargador de flota, una esclava nombrada María Josefa de la O, de 17 años, en precio de 231 pesos de oro común.
Don José Sánchez de Aedo, vecino del pueblo de Jantetelco, provincia de Cuernavaca y residente en este pueblo, vende a don José Antonio de Santa Ana, vecino de este pueblo, una esclava negra nombrada Isabel María, casta Carabalí, de 15 años, en precio de 300 pesos.
Doña Isabel Fernández de la Calleja, viuda, albacea y tenedora de bienes del Capitán don José Pérez de Arellano, otorga poder especial a don Felipe [de Jesús] Ruiz, vecino de Jalacingo, para que aprehenda, asegure y traiga un esclavo de la otorgante, de nombre José de Feria de 35 años de edad, de color alobado tirando a prieto y con el pelo lacio y quien tiene más de 6 años de haber huido.
El Padre Juan Bautista Díaz, de la Sagrada Religión de la Compañía de Jesús, administrador del Ingenio Nuestra Señora de los Remedios, en nombre y con poder del Padre Francisco de Borja y Aragón, Procurador General de la Provincia de Filipinas, vende a Miguel Ballesteros que reside en la Venta de la Rinconada, del Estado del Valle de Oaxaca, un mulatillo de 7 años, nombrado Lorenzo; esclavo sujeto a servidumbre, libre de empeño, hipoteca y otra enajenación; sin asegurarlo de vicio, defecto, ni enfermedad pública ni secreta, en el precio de 150 pesos de oro común.