Nicolás de Acosta, vecino del pueblo de Misantla, jurisdicción de La Antigua Veracruz, hijo legítimo de Ambrosio de Acosta y de María Magdalena de Torres, vecina de la Ciudad de Santiago de Cuba, estando sano del cuerpo, otorga poder para testar a don Francisco Nieto, vecino de la Ciudad de la Nueva Veracruz, de quien tiene mucha satisfacción y confianza, para que en su nombre haga y ordene su testamento y última voluntad haciendo las mandas y legados como le tiene comunicado. Asimismo lo nombra albacea y como heredera a su madre por no tener descendientes forzosos.
TESTAMENTOS
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Eugenio de Rivera, natural y vecino del pueblo de Naolinco, estando sano del cuerpo y en su entendimiento, otorga poder para testar a Juana de la Peña, su legítima mujer, a quien le tiene entera satisfacción y confianza, para que en su nombre haga y ordene su testamento y última voluntad haciendo las mandas y legados según y como le tiene comunicado. Confiesa ha sido casado dos veces, la primera con Petrona Vázquez, quien trajo como dote un macho aparejado y un caballo, y en el segundo matrimonio con la mencionada Juana, quien trajo dos mulas aparejadas; con ésta última tuvo 8 hijos y con la primera, dos hijos. Nombra como albaceas a su mujer y a Pedro de Torres y como herederos a sus hijos.
Inés López, viuda de Juan Díaz de la Cueva, natural y vecina del pueblo de Jalapa, hija legítima de Luis López y de Juana Margarita de Oliver, estando enferma en cama pero en su entero juicio, otorga su testamento donde hace las mandas acostumbradas. Declara debe al Capitán Bartolomé de Castro 8 o 9 pesos, a José Antonio de Acosta 2 pesos, entre otras deudas. Tiene algunos bienes inmuebles, joyas, la casa en la que vive, un esclavo nombrado Cayetano de 30 años. Declara fue casada con Juan Díaz de la Cueva, con quien tuvo 5 hijos, de los que vive sólo una hija. Nombra como albacea a su hija María Nicolasa y a su marido José Cabello, así también la nombra heredera.
Gregorio Gutiérrez, natural y vecino de la jurisdicción de Jalapa, estando enfermo en cama pero en su entero juicio, otorga su testamento haciendo las mandas forzosas y acostumbradas. Declara no debe nada y a ella le debe Francisco el Cantor 30 fanegas de maíz, y Bartolomé Bazán 9 fanegas, su hermano Felipe 7 ½ fanegas, entre otras deudas de maíz que le tienen. Es casado con Nicolasa de Rivera, quien no trajo dote ni caudal alguno, y él tenía 3 yuntas de bueyes, con quien tuvo 6 hijos. Nombra como albacea a su mujer y como herederos a todos sus hijos.
José de Acosta, vecino de este pueblo y natural de Naolinco, hijo de los difuntos, Felipe de Acosta y Luisa de Villavicencio, casado en primeras nupcias con Josefa Lagunes y en segundas con Marcela Sayago, otorga testamento en donde nombra por albaceas a su citada mujer, junto con sus hijos Luis José de Acosta y Tomás de Acosta, y como herederos a sus 20 hijos, 12 del primer matrimonio y 8 del segundo, junto con sus nietos.
Doña Ignacia Fernández de la Calleja, vecina de este pueblo, hija legitima de Don Bernardo Fernández de la Calleja y de Doña María de Escobar, difuntos, casada con Francisco Barradas, otorga testamento, en el cual nombra por albacea al Comisario Don José de Acosta y como herederos a su sobrina Anita, junto con su citado marido.
Miguel de Vargas Machuca, vecino del ingenio Chico de esta jurisdicción, casado con Micaela de los Reyes, a la cual nombra su albacea, junto con su hijo Simón y como herederos a sus hijos Anastasia y Juan de Dios, ésto por ya haberles otorgado bienes a sus otros 4 hijos.
Don Juan Francisco de Campo, vecino de este pueblo, hijo legítimo de don Francisco Miguel de Campo y de doña Gertrudis de Neira Claver, difuntos, realiza testamento, en el cual nombra como albaceas a doña María Catarina Serrano su mujer, al Reverendo del Convento de San Francisco y a don Juan Montañés de la Cueva, y como herederos a sus hijos José y al próximo por nacer.\r\n
Ángela Micaela Morillo, viuda de Juan de Mefano, realiza testamento, en el cual nombra como albacea y heredero a su sobrino Vicente Morillo.
Don Francisco José de Vera, natural de Sevilla, vecino de Tehuacán de las Granadas, hijo legítimo de don Isidro Alonso de Vera y de doña María Jacoba Rodríguez, difuntos, otorga poder para testar a don Juan Justo de Vera, su hermano, natural de Sevilla y a don Francisco José Rodríguez, su primo, vecino de la Villa de Córdoba, como albaceas testamentarios nombra a los antes referidos, junto con los Clérigos Presbíteros don Domingo y don Juan del Moral, vecinos de Tehuacán.