Marcos de Acosta, dueño de recua vecino de la jurisdicción de Jalapa, dijo que José Méndez, difunto, le vendió una esclava mulata blanca nombrada Juana que será de 19 años, hija de otra esclava suya nombrada María de Guadalupe, a quien ha tenido a su servicio por más de 5 años y a poco tiempo de habérsela entregado el vendedor falleció en el pueblo de Naolinco sin hacerle escritura de venta, como se verifica en su testamento dando fe de ello el escribano, ahora la vende a Antonio González de Baldemora, vecino del pueblo de Naolinco, en 300 pesos de oro común libres de alcabala, los cuales se da por entregado.
NAOLINCO, PUEBLO DE
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El Capitán Nicolás de Guevara, dueño de recua, vecino del pueblo de Naolinco, otorga poder general a Bernardo Ibáñez, de esa misma vecindad, para que en su representación pueda administrar sus recuas, cargándolas por los precios que asentare sus fletamentos, otorgando los conocimientos con las obligaciones que se acostumbran, así como a entregar las mercaderías en todas las partes, ciudades y villas con la fidelidad que se practica.
María de Guevara, viuda de Antonio García de Baldemora, vecina del pueblo de Naolinco, otorga poder especial a Andrés Gutiérrez Calzadilla, vecino de la jurisdicción de Jalapa, para que en su nombre pida partición y división de los bienes que quedaron por fin y muerte de su marido, haciendo la partición entre ella y los demás herederos por corresponderle la mitad de las ganancias que hubo durante su matrimonio.
Nicolás de Acosta, vecino del pueblo de Naolinco, otorga poder a Bernardo Ibáñez, de la misma vecindad, para que en su nombre pueda administrar su recua cargándola en la forma que hallare y por los precios que asiente su fletamento, otorgando los conocimientos, hipotecas y estilo que se acostumbra entregar.
El Sargento Felipe de Acosta, vecino del pueblo de Naolinco, dueño de recua, otorga poder a José Eduardo Lagunes, de esa misma vecindad, para que en su nombre administre su recua, cargándola en la forma que hallare y por los precios que asiente su fletamento, otorgando los conocimientos con las obligaciones, hipoteca y estilo que se acostumbran.
José Antonio García de Baldemora, vecino del pueblo de Naolinco, hijo legítimo de Antonio García de Baldemora y de doña Catalina de Acosta, otorga su testamento en la forma siguiente: declara tiene varias deudas que manda se paguen, así también le deben a él como se menciona en la escritura. Entre sus bienes tiene lo que conste en la hijuela de partición y división por muerte de su padre, 21 mulas aparejadas, 6 caballos mansos, una mulata esclava blanca encinta y lo que tuviere pide se le dé libertad, así también a su esclava Juana se liberte en la parte que le pertenece. Nombra como albacea a Antonio García de Baldemora, su hermano, y como heredero nombra a su abuelo Pedro García de Baldemora y a sus hermanos.
María García de Baldemora, viuda de Antonio de Acosta, vecina del pueblo de Naolinco, instituye y funda una capellanía de misas rezadas con la dote, nombramiento de capellanes y patronos que se mencionan, por la cantidad de 3, 000 pesos de oro común de principal que constituye y carga a censo principal redimible, 2, 000 de ellos sobre sus bienes, especialmente sobre una casa que tiene en el pueblo de Naolinco; linda al frente con la Plaza Pública, al fondo con solar de Juan de Grajales, a un costado con solar que fue de Pedro García y al otro con solar de Marcos de la Cruz, cuya casa esta libre de censo, empeño, hipoteca y enajenación.
Eugenio de Rivera, natural y vecino del pueblo de Naolinco, estando sano del cuerpo y en su entendimiento, otorga poder para testar a Juana de la Peña, su legítima mujer, a quien le tiene entera satisfacción y confianza, para que en su nombre haga y ordene su testamento y última voluntad haciendo las mandas y legados según y como le tiene comunicado. Confiesa ha sido casado dos veces, la primera con Petrona Vázquez, quien trajo como dote un macho aparejado y un caballo, y en el segundo matrimonio con la mencionada Juana, quien trajo dos mulas aparejadas; con ésta última tuvo 8 hijos y con la primera, dos hijos. Nombra como albaceas a su mujer y a Pedro de Torres y como herederos a sus hijos.
Nicolás de Acosta y Salvador de Acosta, vecinos del pueblo de Naolinco, el Capitán Nicolás de Guevara, los Sargentos José de Acosta, Felipe de Acosta, Juan Pelayo Méndez, Ventura de Acosta y Marcos de Acosta, entre otros vecinos de ese pueblo por quienes prestan voz, otorgan poder a don Pedro de Torres y Francisco Montero, de esa vecindad y a Joaquín de Arroyta, de Jalapa, para que en sus nombres sigan y fenezcan la causa criminal que se esta siguiendo contra los negros y demás agresores del ingenio de San Miguel Almolonga, por el motín sucedido el 10 de junio de este año, en que fueron heridos gravemente Nicolás y Salvador de Acosta, así les dan poder con libre y general administración.
Francisco Antonio Domínguez Muñiz y Nicolás Antonio Domínguez Muñiz, como principales, nombran como fiadores y principales pagadores a Felipe Cornelio de Acosta, Nicolás de Acosta y el Sargento Salvador de Acosta, obligándose a pagar a la iglesia de la Ciudad de los Ángeles, la cantidad de 7,550 pesos, en que les vendieron y remataron los Diezmos de Naolinco, Tlacolulan y Misantla, por el tiempo de 5 años, a razón de 1, 510 pesos anuales.