Don Bartolomé de Castro, vecino de Jalapa, en nombre y con poder de Doña Melchora Chacón de los Reyes, vecina de la nueva ciudad de Veracruz, viuda de Antonio García Monzaval, vende a Gregorio Suárez Tello, vecino y labrador del desierto de Perote, un rancho de labor que se compone de una casa de piedra, cubierta de teja, y cuatro caballerías de tierra, ubicadas en términos del pueblo de Xilotepec, en esta jurisdicción; las dos de ellas \"en una sabaneta y arboleda entre el paraje que fue de la venta nombrada de Aguilar y la que era la venta nombrada Sedeño; y las otras dos, en el paraje que llaman los naturales Tlalcuetlan, entre la venta que fue de Sedeño y la de Los Naranjos\", por el precio de 1250 pesos de oro común, los mil que están cargados en dicho rancho de un censo redimible a favor de la capellanía que al presente sirve por capellán interino el Lic. Don Miguel Pérez de Medina, cura beneficiado de Jalapa.
VENTA DE AGUILAR
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Hipólito Hernández, dueño de la Venta de Aguilar, El Bajo, vende dicha hostería con todo lo a ella anexo a Pedro Rodríguez Alcázar, residente en la Venta de las Vigas, al precio de 800 pesos de oro común.
Pedro Rodríguez de Alcázar, dueño de la Venta de Aguilar, se obliga a pagar a Pedro de Balza y a Tomás de Herrera, 102 pesos y un tomín, y tres granos de oro común, que son el precio de 90 fanegas y once almudes de maíz.
Benito García, vecino de la Venta de la Hoya, se obliga de pagar a plazos 1200 pesos de oro común a Hipólito Hernández, que son el precio de la Venta de Aguilar El Bajo.
Hipólito Hernández, vendió a Benito García la venta de Aguilar en 1200 pesos, pagaderos en tres plazos; se acuerda que los pagos se hagan en los primeros días de los meses de mayo de 1583, 84 y 85.
Beatriz de Arriaga, viuda, y su hijo Tomás Rodríguez [de Alcázar], vecino de la provincia de Jalapa, hicieron un inventario de sus propiedades entre las cuales figuraron la Venta de Aguilar, tierras, esclavos, y enseres domésticos, con el fin de repartirse los referidos bienes.
Alonso de Montealegre, Alguacil Mayor de la Santa Cruzada, vecino de la ciudad de Los Ángeles, en nombre y con poder de Catalina González, viuda de Martín de la Parada, heredera de Pedro Román, vende a Lucas Cardeña Malpica, vecino de Jalapa, dos caballerías de tierra en términos de Xilotepec, en una sabana y arboledas que está junto al camino real, bajando de la Venta de Aguilar a la de Sedeño; de las cuales se hizo merced a Pedro Román por el Marques de Falces, en el precio de 40 pesos de oro común.
Don Gregorio Suárez Tello, vecino y labrador en la jurisdicción de Jalapa, vende a Don Juan Bravo de Alarcón, vecino de Jalapa, un rancho de labor en esta provincia, que hubo de Doña Melchora Chacón de Reyes, vecina que fue de la nueva ciudad de Veracruz; dicho rancho se compone de cuatro caballerías de tierra, las dos de ellas ubicadas en una sabaneta en el paraje que fue la venta nombrada de Aguilar y el que era la venta de Sedeño; y las otras dos, en el paraje que los naturales llaman Tlalcuetlan, entre la Venta que fue de Sedeño y la de Los Naranjos; con el cargo de mil pesos que están impuestos en él, a censo redimible a favor de una capellanía que sirve por capellán interino el Lic. Don Miguel Pérez de Medina, cura beneficiado de Jalapa, por el precio de 1637 pesos y 4 tomines de oro común.
Pedro Rodríguez de Alcázar, se obliga de pagar a Hipólito Hernández, vecino de la provincia de Jalapa, 800 pesos de oro común a plazos, los cuales son por el precio de la Venta de Aguilar el Bajo.
Hipólito Hernández, vende a Benito García, residente de Jalapa, la Venta de Aguilar El Bajo, al precio de 1200 pesos de oro común.