Marcos Mojica, natural y vecino de La Antigua Veracruz, Doctrina de Misantla, hijo legítimo de José Hernández y María Carrillo, difuntos, ordena su testamento donde dice que a Juan José, mozo de 16 años, se le den 4 vacas chichiguas y un caballo manso. Debe a los herederos de Julián de Rivera, 100 pesos; a Cristóbal Romero, vecino de Misantla, 20 pesos; entre otras deudas. Fue casado con Josefa de las Fuentes, quien no trajo dote cuando contrajeron matrimonio con quien tuvo 2 hijos, cuando esta falleció tenía 130 vacas, 12 caballos, 6 yeguas y una parte de tierras en Juchique. Al presente esta casado con Micaela de Zárate, quien no trajo caudal alguno a su poder, ahora cuenta con las tierras de Santa Bárbara; las tierras que tiene en Juchique; 100 vacas; la casa de su morada, entre otros bienes. Nombra como albacea a Micaela de Zárate; a Francisco Martín, vecino de la Veracruz, y como herederos a sus hijos.
JUCHIQUE, PARAJE DE
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Josefa Alejandra Mojica, natural del partido de Misantla, en la Antigua Veracruz y vecina del Paraje o rancho de Juchique, en la jurisdicción de Jalapa, hija legítima de los difuntos Lucas de Mojica y María Gregoria Orduña, viuda de Bernabé Díaz, otorga poder para testar y nombramiento de albaceas al Licenciado don Bartolomé Martínez de Mora, Clérigo, Presbítero y vecino de este pueblo, junto con Juan Francisco Díaz, su hijo legítimo, y como herederos al citado Juan Francisco, junto con Pedro Antonio, Manuel Antonio, María de Inés y José Anastasio, sus demás hijos legítimos.
Teresa Mojica, viuda de don Manuel Romero, natural de Juchique, jurisdicción de la Antigua Veracruz y vecina de la hacienda de Santa Bárbara, hija legítima de los difuntos Marcos Mojica y Josefa Farfana, otorga poder para testar y nombramiento de albacea a su hijo Joaquín Romero, mencionando por bienes la citada hacienda de Santa Bárbara con sus tierras, ganado vacuno, caballar, 4 piezas de esclavos y demás, como herederos nombra al citado Joaquín Romero, en compañía de María Candelaria Romero y Josefa Romero, sus demás hijas legítimas.
Don Juan Francisco Díaz, vecino del pueblo de Colipa jurisdicción de la Antigua, hijo de don Bernabé Díaz y de doña Josefa Alejandra Mojica, vecinos que fueron de un rancho de Juchique en la jurisdicción de Jalapa, otorga poder para testar a don Joaquín Romero, vecino de la Hacienda de Santa Bárbara en la jurisdicción de la Antigua, y a don José Candelaria Sánchez, vecino de dicho rancho de Juchique. Declara que es de estado soltero y no tiene herederos, nombra como albacea testamentaria a los referidos sus apoderados y como universal heredero de todos sus bienes a su sobrino José Mariano Díaz, hijo menor de su hermano don Pedro Antonio Díaz.
Juan de las Nieves Sánchez y María Josefa Ortiz, marido y mujer, vecinos del Rancho de Juchique, el primero hijo de Pedro Julián Sánchez y de María Ángela Mojica, difuntos, vecinos que fueron de ese mismo rancho, Doctrina de Misantla; la segunda, hija de Miguel Ortiz y de María Magdalena, difuntos, vecinos que fueron de la Ranchería de las Matillas, se nombran albaceas el uno a la otra y la otra al otro, y como herederos universales nombran a sus hijos. Declaran que los bienes que tienen son 60 reses, 12 yeguas, 5 bestias mulares, 2 yuntas de bueyes, 2 caballos ensillados, su casa y ajuar que la compone.
Antonio de Ordóñez, natural y vecino de la jurisdicción de La Antigua Veracruz, y Nicolasa de Mojica, su legítima mujer, otorgan su testamento de mancomún de la siguiente manera: declaran son casados y no haber tenido hijos; ella trajo al matrimonio 8 vacas, 8 yeguas, 6 caballos y una parte de tierras en Juchique; él trajo 2 caballos. Declaran que deben a Francisco, gachupín mercader vecino de Jalapa, 15 pesos. Juan Camacho les debe 18 pesos y 6 reales de toros; declaran que le suplieron a su hermano Marcos Mojica 15 vacas con la condición de ayudarle a pagar las tierras de la hacienda donde se han mantenido. Entre sus bienes tienen 80 reses, toros y vacas; 9 caballos, un potro, una mula de carga y la casa de su morada. Ella nombra como heredera a su madre María de Zárate, en caso de que muera y su marido sobreviva, lo nombra como su heredero y él la nombra a ella como tal, asimismo se nombran albaceas mutuamente.