El Capitán don Pedro Ignacio Rodríguez, vecino de esta villa de Córdoba y dueño de hacienda del beneficio de hacer azúcar en su jurisdicción nombrada Señor San José [alias Panzacola]; y don Felipe Fernández de Viveros, residente en ella y vecino de la Nueva ciudad de la Veracruz; dijeron que de diferentes años a esta parte han tenido cuentas el uno con el otro y ahora han ajustado todas ellas con paz y quietud, resultando de alcance contra el dicho Capitán don Pedro Ignacio, la cantidad de 1 201 pesos 5 reales y medio en favor de dicho don Felipe Fernández, habiendo convenido ambos a que se pagará dicha cantidad a los plazos que irán declarados, por lo cual, se otorgan el uno al otro recibo, finiquito y cancelación de dichas cuentas. Asimismo, el Capitán don Pedro Ignacio Rodríguez se obliga a pagar a don Felipe Fernández los 1 201 pesos 5 reales y medio de la siguiente manera: 500 pesos para fines de diciembre de 1712 y los 701 pesos 5 reales y medio para fines de 1713; con declaración de que están ajustados a que el Capitán Pedro Ignacio, desde mayo de 1712, le ha de ir haciendo remisiones de azucares al dicho Felipe Fernández, a precio de 14 reales y medio arroba, y el dicho don Felipe, pasadas 15 cargas, cada remisión le ha de remitir 100 pesos para el avío de su hacienda, y lo que quede ha de ser a cuenta de los 500 pesos y lo que sobre ha de tener a orden de dicho capitán.
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El Capitán don Pedro Ignacio Rodríguez, vecino de esta villa de Córdoba y dueño de hacienda del beneficio de hacer azúcar en su jurisdicción, vende al Capitán don Lope Antonio de Iribas, vecino de esta villa y también dueño de hacienda del beneficio de hacer azúcar en ella, cinco piezas de esclavos, tres varones y dos hembras, nombrados Bartolomé, casta rayado, de veintiséis años de edad, y Francisca, rayada, su mujer, de veintidós años; Ambrosio, casta chalan, y su mujer María Josefa, criolla, de veintidós años; y Domingo, casta chala, de veintisiete años; los mismos que hubo y heredó de don Antonio Fernández de Obregón, quien fue heredero de Domingo Mucio, dueño que fue de la hacienda de trapiche nombrada Señor San José [alias Panzacola], de donde provienen dichos esclavos. Los vende en precio de 1 870 pesos, los cuales se obliga a pagar de la siguiente manera: 1 567 pesos 5 reales a favor del convento de señoras religiosas de la Santísima Trinidad de la ciudad de los Ángeles. Y se ha de obligar el comprador a traer escritura de cancelación de dicha cantidad y pagar los 302 pesos 3 reales restantes cumplimiento de los 1 870 pesos.
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