El Capitán Juan de Malpica, dueño de recua, vecino de la jurisdicción de Jalapa, otorga poder especial a Lucas Francisco de Ayala, de la misma vecindad, para que en su nombre solicite la aprehensión de los mozos y sirvientes prófugos de su recua que le deban algunas cantidades de pesos cobrándoles los alcances, así como en todas sus causas, negocios, pleitos civiles y criminales.
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El Capitán Juan de Malpica, dueño de recua, vecino de la jurisdicción de Jalapa, otorga poder a Juan Miguel de Valencia, de la misma vecindad, para que en su nombre parezca en juicio y pida se aprehendan a los mozos y sirvientes de su recua que andan huidos y que huyesen por deberle dinero, así para que liquiden sus cuentas y les cobre los alcances y de lo que reciba otorgue cartas de pago, los despida y acomode otros por el salario que por bien tuviere, así como para toda la administración de sus recuas.
Don Manuel Ignacio de Peredo, residente en el pueblo de Jalapa, otorga poder especial al Sargento Mayor Fernando de Saavedra, vecino de la Ciudad de México, para que en su representación parezca ante el Duque de Alburqueque y pida se le dé testimonio de los autos e instrumentos que contienen información sobre la prisión y fuga de Bartolomé de Capozelato, Conde de Anteria de nación Alemán, hechos en la Ciudad de Caracas.
El Sargento Agustín Luis, vecino del pueblo de Jalapa, dijo que tiene bajo su tutela a Luis Antonio de León, a quien por herencia de Antonio de Orteria y Villegas, le tocaron una esclava nombrada Gertrudis de 30 años, con 3 hijos y otro que anda fugitivo, de entre los cuales está Juan de 12 años, a quien dicho Luis de León, vende a Domingo José de Santa María, al precio de 125 pesos.
Don José Miguel de Iriarte y Lezeta, dueño de hacienda y esclavonía para fabricar azúcar en esta jurisdicción y vecino de Jalapa, otorga poder especial a don Pablo de Lagos, su dependiente, para que en su nombre pida la captura de los esclavos prófugos de su hacienda e ingenio de Pacho, y se le entreguen nuevamente a su servicio.
El dicho Corregidor [Gaspar Asencio Cornejo], visitó los carros de Felipe Martín y Diego Martínez, que vienen de la ciudad de la Veracruz, y halló en la cuadrilla de Felipe a todos sanos; y en la de don Diego, faltaron dos indios.
Juan García Valero, Alférez, vecino de los Ángeles, con poder que tiene otorgado de Sebastián Pérez, vende un negro llamado Domingo [Anton] de tierra Angola, de edad de veinticinco años poco más o menos, que estaba huido y al presente está preso en el pueblo de San Juan Quescomatepeque [Coscomatepec] de esta jurisdicción. Se lo vende al Capitán Pedro Salgado y Castro, Alcalde Mayor de esta villa, en precio de 237 pesos de oro común.
Sem títuloDomingo Márquez, vecino y Alguacil Mayor de la ciudad y provincia de Tepeaca, declara que por cuanto habrá tiempo de seis años que Juan de la Cruz “por otro nombre Juan Grande”, su esclavo, se ausentó y huyó de su casa y servicio; que en ese entonces no pudo hacer diligencia para buscarlo debido a que estuvo preso en la cárcel de la Santa Inquisición. Asimismo dijo que al presente tuvo noticias que en 1658 dicho esclavo fue aprehendido por Gaspar González, vecino de esta villa. En ese tenor solicitó a Gaspar González la entrega de dicho esclavo, y como no lo presentó, recibió a cambio 360 pesos de oro común por el valor y salarios personales. Por tal motivo, señala que cede y traspasa al citado Gaspar González los derechos sobre el esclavo Juan de la Cruz, para que otorgue escritura de venta en caso de que quiera disponer de él como cosa suya.
Sem títuloEl Capitán de la Artillería don Jerónimo de Acosta, vecino de esta villa de Córdoba, en voz y en nombre del Capitán don Francisco de Villanueva, vecino de la Nueva ciudad de la Veracruz, y en virtud del poder que le otorgó, vende al Capitán don Lope Antonio de Iribas, un negro esclavo nombrado Juan de Montegrande, casta Arará, de edad de treinta y dos años, el cual estaba huido. Lo vende por esclavo cautivo sujeto a servidumbre, libre de deuda, empeño, hipoteca o enajenación, sin asegurarlo de ninguna tacha, vicio, defecto ni enfermedad, al precio de ciento treinta y [roto] pesos de oro común.
Sem títuloEl Licenciado don Juan Antonio de la Veguellina y Sandoval, Abogado de la Real Audiencia de la esta Nueva España, vecino de esta villa de Córdoba y dueño de hacienda de beneficio de hacer azúcar en su jurisdicción; dijo que por cuanto habrá tiempo de tres años que se le huyó de dicha hacienda, un esclavo negro nombrado Martín, de nación portugués, de veintisiete a veintiocho años, turnio de los ojos; y después de haber hecho diferentes diligencias para su búsqueda, hasta hoy ha tenido noticia que dicho esclavo fue cogido por la Real Justicia en la ciudad de México y puesto en uno de los obrajes de dicha ciudad; por lo tanto, en atención a que dicho esclavo le pertenece y para que sea traído esta villa, otorga poder a Domingo Mucio, vecino de esta villa, que está próximo a hacer viaje a dicha ciudad, para que en su nombre pueda recaudar dicho esclavo y pasarlo a su poder.
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