Don Alonso Chirinos Palacian, vecino de la Ciudad de México, residente en el pueblo de Jalapa, vende al Reverendo Padre Antonio García, de la Sagrada Compañía de Jesús, Procurador General de su provincia, un negro esclavo suyo nombrado Pablo de nación Málaga, de 31 años, el cual hubo y compró a don Mateo de Cárdenas y Guevara, cuyo esclavo se encuentra libre de gravamen y sano de sus miembros, en precio de 275 pesos de oro común libres de alcabala que por él le ha pagado.
ESCLAVOS NEGROS
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Don José Benito de Arroyo, vecino de la Ciudad de México, vende realmente y con efecto al Teniente de Dragones del refuerzo de la Veracruz, don José Roanova, un negrito esclavo de nombre Antonio de 16 años de edad, por el precio de 280 pesos de alcabala, libre de empeño, hipoteca, sin asegurarlo de vicio, defecto ni enfermedad publica ni secreta.
Francisco Beltrán, vecino de la ciudad de México, se obligó a pagar a Bartolomé Díaz Delgado, vecino de Naolinco, 126 pesos de oro común que restan del valor de una esclava negra que le vendió llamada María, para de la fecha de esta escritura en un año corrido, puestos en este pueblo.
Fray Pedro Romero, hermano mayor del hospital de Nuestra Señora de la Concepción de este pueblo, con licencia de Fray Juan Enríquez, Hermano mayor Provincial de la Orden de la Caridad de San Hipólito, vende a Juan Hidalgo de Sotomayor, vecino de la ciudad de México, un negro esclavo de este hospital, criollo de Jalapa, nombrado Diego Mancilla, hijo de Juliana, negra criolla, difunta, esclava del dicho hospital, de 20 años de edad, libre de hipoteca, empeño y otra enajenación, sin asegurarlo de ninguna tacha, vicio, defecto ni enfermedad, por el precio de 310 pesos de oro común.
Don Bartolomé Salvo, vecino del pueblo de Jalapa, de oficio mercader, vende a don Blas Romero, vecino de la Ciudad de México, una esclava negra nombrada Juana Gertrudis Centeno, en la cantidad de 300 pesos oro.
Don Andrés Rodríguez, vecino y labrador del pueblo de Jalapa, con poder especial que le otorgó don José Velázquez de la Cadena, Presbítero domiciliado de la Ciudad de México, vende a don Manuel Eugenio de Acosta, vecino de Jalapa, una esclava negra de nombre Lucía Dorotea, de 40 años, y un esclavo negro de nombre Pablo Sebastián de 22 años, la primera en 100 pesos y el segundo en 150 pesos.
El capitán Mateo Jorge, mercader de negros, vende a Gabriel de Movellán, dueño de sus carros, vecino de la ciudad de México, dos esclavas negras llamadas María y Felipa, de nación Angola, de 20 años de edad, poco más o menos, por el precio de 450 pesos de oro común cada una.
Alonso de Villanueva y doña María de Zavala, se obligan de pagar a Francisco Báez Enríquez, mercader de negros, vecino de México, 3 880 pesos de oro común, por concepto de nueve piezas de negros esclavos de diferentes tierras.
Pedro Hernández, con poder de Francisco López Enríquez, vende a Francisco Ortiz, vecino de México, un negro esclavo, bozal, de nación Angola, con una llaga en la canilla, de 20 años de edad, poco más o menos, por el precio de 300 pesos de oro común.
Miguel de Aviñón, vecino de esta provincia, se obligó a pagar a Juan de Nieves, vecino de la ciudad de México, 675 pesos de oro común, precio de dos esclavos negros que le vendió en su nombre Bartolomé de Algecira, un año después de la fecha de esta escritura.