Don Francisco Antonio de Miranda, vecino del pueblo de Perote, residente en esta villa, marido legítimo de doña Ana Joaquina Martínez, en quienes se remató la hacienda de los Molinos contigua a Perote, por fallecimiento de los padres de ésta, don Salvador Martínez y doña Mariana de la Vega; otorga poder a don Dionisio Camacho, de esta vecindad, concurra en el Juzgado del Alcalde Primero de este cantón, a ventilar y deducir los derechos de propiedad que así le asisten en el despojo que ha intentado hacerle el vecindario de indígenas del pueblo de Tlacolulan de este cantón, de una parte de los terrenos de la citada finca, introduciéndose en ellos a formar nuevos linderos, atropellando los antiguos en que se le dio posesión a sus causantes habrá el espacio de veintiséis años; haciendo las presentaciones, todos los actos, agencias y diligencias.
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Comparecieron los ciudadanos José Desiderio Juan, Lucas Jiménez y José María Mendoza, los dos primeros jueces de paz del pueblo de Tlacolulan de este partido, de cuyas personas le dieron conocimiento los ciudadanos Francisco Perea y Francisco Enríquez, de esta ciudad; dijeron que por sí y en nombre de la comunidad que representan revocan el poder otorgado el 26 de agosto de 1836 al licenciado don José María Aparicio y ahora lo confieren a don José María Higueras, de aquella misma vecindad, para que a nombre del común de vecinos del mencionado pueblo de Tlacolulan, gestione en todos los negocios que sobre propiedad de tierras y su división estén pendientes en la actualidad o en lo sucesivo se movieren para la no conformidad de los limites o linderos que se han señalado ya o se fijen en lo sucesivo. Además, para que pueda constatar, transigir y convenir las diferencias que tenga a bien concluir. Así como, para que perciba, demande y cobre todo lo que le estuvieren debiendo. Finalmente, para todos los pleitos, causas y negocios que al presente tiene dicho común o en adelante se le ofreciere.
UntitledComparecieron dos ciudadanos que expresaron llamarse José Jerónimo García y Miguel de la Cruz, alcalde el primero y síndico el segundo del pueblo de San Salvador, dijeron que en representación del común de su citado pueblo otorgan que dan todo su poder al licenciado don Sebastián Camacho, de esta vecindad, para que a nombre de dicha comunidad solicite se les consigne el terreno que les corresponde en las tierras que disfrutan los de Tlacolulan en comunidad con el referido pueblo y con otros, supuesto que los de San Salvador han contribuido para la conservación y defensa de las mismas tierras. Y se lo otorgan general para todos los pleitos, causas y negocios que al presente tiene y adelante tuviere.
UntitledDon José Durán y don Luis Flores, el primero Gobernador de naturales del pueblo de Tlacolulan, y el segundo Alcalde del de San Salvador Acajete, su anexo, ambos de esta jurisdicción, y demás repúblicas de naturales de dichos pueblos, otorgan poder general al Licenciado don Domingo Zoraya [y Rubín de Celis], Abogado de la Real Audiencia de esta Nueva España, para que los defienda en el pleito que sobre tierras tienen pendientes en la actualidad con los Alarcones, vecinos de esta jurisdicción, y en los que adelante tuvieran, tanto civiles y criminales, como eclesiásticos y seculares.
Francisco Fernández de Velasco, Cura de esta doctrina, solicitó que se mantuvieran en paz los naturales de este pueblo con los de la población nueva del Soldado, quienes andan en problemas de tierras, por lo que habiéndose presentado Andrés Domínguez, el Alcalde de la nueva población y Clemente Rodríguez, Domingo Jures, Alcalde de Jilotepec y Francisco Peña, apoderado de los naturales de dicho pueblo y gobernadores de Tlacolula y alcaldes de este pueblo, se dijo que, por poseer el pueblo del soldado tierras competentes para las sementeras, pastos y demás necesarias para el servicio y cultivo de los tributarios de aquella población y esta antigua que sirven para mantenimiento de los naturales del pueblo de San Salvador en las mismas que antes tenían quedan desembarazadas, por lo que se les dijo que se quedan como antiguamente estaban quedándose entre los 2 pueblos una buena hermanable y recíproca correspondencia.
Don Juan de la Cruz, Gobernador, sus Alcaldes don Juan de la Cruz, José Suero y Martín de la Cruz, Andrés Sánchez, Regidor y demás oficiales de Tlacolula, quienes junto con don José Sánchez Alcalde y José Juan, Escribano de San Miguel de las Vigas, informan que el Gobierno de Tlacolula otorgo poder a don José de la Calle, empleado de Alcalde Mayor de Tulancingo, y por tal razón y por haberse seguido autos sobre las tierras de las Vigas contra Los Farfanes y viendo que se quieren introducir en ella, y para que esto no suceda, otorgan poder especial a don Pedro de Senande, vecino del pueblo de Jalapa, para que los defienda en dicho litigio.
Lázaro Farfán, junto con su hijo legítimo Lázaro Farfán y Bernabé Farfán, dueños de las tierras que integran San Miguel de las Vigas, pactan un acuerdo con don Miguel de San Gabriel, Gobernador del pueblo de Tlacolula, Juan y Miguel de la Cruz, Alcaldes, José Pérez, Regidor, a permitir la reedificación del pueblo de Juan Miguel de las Vigas, el no uso del paraje Sedeño para el empleo de recuas, reconocer que el paraje de Tenepanoyan pertenece a sus naturales y mantener la vigilancia en no permitir que cualquier persona siembre o introduzca ganado en el paraje de Tenepanoyan a menos que tenga el permiso del gobernador.
Alonso Muñoz, beneficiario de Tlacolula, se obliga de pagar a Hernán Pérez de Castañeda 914 pesos de oro común, los cuales son por razón de dos caballerías de tierra, 385 fanegas de maíz, 6 caballos, y otros artículos que le vendió.
Alonso Muñoz, beneficiado de Tlacolula, vende a Juan García Calleja, vecino de Jalapa, cuatro caballerías de tierra en términos de Almolonga, en 420 pesos de oro común.
Rodrigo Hernández, se obliga de pagar al beneficiado de Tlacolula, Alonso Muñoz, 2100 pesos de oro común por razón de un molino, tierras, esclavos, y otros pertrechos que le vendió.