Alonso de Neira Claver, escribano, mediante Juan Díaz de la Cueva, intérprete, dio a conocer a los naturales de San Antonio Tepetlán, el pedimento de los indígenas de Almolonga congregados en este pueblo; y respondieron que no tienen ninguna objeción contra los dichos Mateo Bautista, Tomás de Santiago, y sus familias porque padecen mucha necesidad, deben para pagar sus tributos y no tienen otra cosa sino las tierras de Barranca Seca, y se les haría mucho bien darles licencia para venderlas a renta .
SAN ANTONIO TEPETLÁN, PUEBLO DE
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Juan Francisco de Campo, Gobernador, Adrían Matías de la Haya, Teniente y los demás Alcaldes, Oficiales y naturales de los pueblos de San Pedro Chiconquiaco y San Antonio Tepetlán, informan que se comprometen a no tener mas pleitos entre ambos pueblos, los cuales se han originado por la posesión de unas tierras que limitan a ambos pueblos.
Parecieron en forma de Cabildo los Oficiales de República del pueblo de San Antonio Tepetlán, nombrados en esta escritura, quienes otorgan poder a don Vicente Agudo, vecino del pueblo de Naolinco, para que defienda a su pueblo de todos los pleitos que tenga o tuviere con cualquier persona o comunidad, haga pedimentos, alegaciones, escritos y demás que sea necesario, compareciendo ante las autoridades correspondientes, por lo que se le da éste con libre y general administración y con facultad de sustituir.
Bernardino Sandria, hijo de Agustín de Sandria y Felipa de la Cruz difuntos, vecino de Jalapa, otorga testamento de la siguiente manera: fue casado con Dionisia Antonia de Irigoyen, difunta; manda se entregue el quinto de sus bienes al Padre Cura de Tepetlán y los dedique a la veneración de San Antonio del Monte. Por bienes señala 2 ranchos de ganado mayor: uno nombrado Palmar arrendado a Antonio del Camino, y el otro nombrado Santa Ana, en tierras de José Ángel de Aguirre, a quien le paga arrendamiento de 120 pesos anuales, asimismo son de su propiedad varios esclavos mencionados en esta escritura, nombra por albaceas a Antonio del Camino y Manuel de Boza, nombra heredera a su alma.
El Gobernador y Cabildo de naturales del pueblo de San Antonio Tepetlán, de esta jurisdicción, con licencia de don Ramón María de Villalba, Juez Subdelegado de esta Villa y su jurisdicción, arriendan, a don Manuel Cruz, las tierras que llaman de Aguasuela, que comienzan en el paso del Río Acatlán, del camino de San Antonio a Naolinco, y caminando para el sur a la entrada del potrero, del cual paraje siguiendo para el sur a la cruz de la cañada larga, hasta el Cerro de Aguatepec, que de donde da vuelta para el oriente al nacimiento de agua de donde corren dichas tierras, Río de Acatlán arriba hasta cerrar con el primer lindero del paso de dicho río. Las arriendan por 9 años en 65 pesos anuales.
Don Lino Carasa Jiménez y doña Gertrudis Zavalza, marido y mujer, vecinos de esta Villa, han deliberado, para servir mejor a Dios, imponer 1 000 pesos para que con sus réditos se celebre una memoria de misas, acordando con la Venerable Tercera Orden de Nuestro Padre Señor San Francisco de esta Villa, de la que son hermanos, se hagan cargo del patronato de dicha obra pía, y poniéndola en ejecución, por la presente otorgan que imponen 1 000 pesos de principal de sus bienes sobre el valor de una hacienda y trapiche de hacer azúcar, nombrada San Miguel Almolonga, ubicada en términos del pueblo de Naolinco, lindando por el norte con tierras de los indios de San Antonio Tepetlán; al poniente con tierras de los Acostas y los Garcías; por el sur con tierras de Maxtatlán; y por el oriente con tierras de la Hacienda de Tortugas. Cuya hacienda hipotecan como seguridad de la deuda, la cual está grabada únicamente con 6 000 pesos a favor de don Juan de Bárcena, pertenecientes a la obra pía de la escuela de esta Villa, y 800 pesos que reconoce a favor del Convento de Nuestro Padre San Francisco, pertenecientes a la obra pía de las misas de aguinaldo. Y se obligan a reconocer sobre dicha hacienda el premio de 5% anual, con cuyos réditos se celebrarán cada año 24 misas rezadas por los religiosos de dicho convento a favor de las almas de los otorgantes, sus ascendentes y descendientes.
Ante don Pedro Gorrindo Palomino, Teniente General de esta provincia, los Cabildos y Ayuntamientos de los pueblos de San Antonio Tepetlán, San Andrés Acatlán y San Miguel Aguasuelos de la jurisdicción de Jalapa, ratifican un convenio de fecha 25 de noviembre de 1725 firmado en el pueblo de Jalapa, en el cual se comprometen a respetar y no pelear por las tierras que les pertenecen y hacen comunes las tierras que han gozado unos y otros, y como tales se han de defender a costa de los tres a prorrata según el número de tributarios que haya en cada pueblo.
El Capitán Don Antonio Tomás, Alcalde Mayor de Jalapa, comunicó a los gobernadores indígenas de Jalapa, Coatepec, Chapultepec, Tonayán, Tlacolula, Xilotepec, Naolinco, Chiltoyac, Ixhuacán de los Reyes, Teocelo, Jalcomulco, San Pedro Chiconquiaco, Acatlán, San Juan Miahuatlán, San José Miahuatlán, Tepetlán, Coacoatzintla y San Andrés Tlanelhuayocán, la necesidad de reparar las casas reales de Jalapa, pues se encuentran muy maltratadas sus paredes y techar dichas casas de teja, por los inconvenientes que hay que estén de zacate como al presente lo estan, y todos se obligaron a cooperar, a razón de cuatro reales por tributario.
El Lic. Don Diego Martín de los Reyes, cura beneficiado de Naolinco, vende a Don Francisco Jiménez, gobernador actual del pueblo de San Antonio Tepetlán de esta jurisdicción, a sus alcaldes, regidores y común de dicho pueblo, un sitio de ganado menor nombrado Laguna de Citlalapa, que con otros sitios el otorgante compró a los religiosos de Santa Bárbara de la ciudad de Los Ángeles, libre de censo, empeño, hipoteca y otra enajenación; el cual linda con San Antonio Tepetlán, con la sierra, con tierras del Ingenio de Almolonga y con tierras del pueblo viejo de San Lorenzo, por el precio de 200 pesos de oro común.
María Ortiz de Zárate, mujer legítima de José Díaz de los Reyes, vecina de San Antonio Tepetlán, jurisdicción de Jalapa, hija de Francisca Rizo y de Simón Hernández, vecinos del desierto de Perote, vende a Juan de Malpica, vecino de ese desierto, una parte del rancho llamado Alteyuca en 20 pesos de oro común.