Vicente Lorenzo, vecino de Jalapa, dueño de su recua, se obligó a pagar a Diego López Maldonado, residente al presente en este pueblo, 153 pesos de oro común, precio de tres mulas y un macho cerreros, tres a 40 pesos y otra en 33 pesos, en esta manera: 51 pesos ocho meses después de la fecha de esta escritura; 51 pesos más en otros ocho meses; y los 51 pesos restantes de allí en otros ocho meses.
RECUAS
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Vicente Alemán, vecino de la nueva ciudad de la Veracruz y residente en el ingenio de azúcar nombrado San Miguel Almolonga, en esta provincia, dio su poder cumplido a Cristóbal Martín, vecino de Los Ángeles, dueño de su recua, para que pueda comprar en su nombre la cantidad de oro y plata labrada hasta por un valor de 2 000 pesos de oro común.
Bernardo de Arcia, vecino de Huejotzingo, mayordomo de la recua de Bartolomé de Uribe, que de presente va cargada para la ciudad de México, dijo que hallándose en la Venta de Los Naranjos, cuatro indios de su servicio hirieron a Juan López, indio de la recua de Alonso Núñez de la Cerda; intervino la Justicia de Jalapa, y para evitar mayores problemas, haciendo de deuda ajena suya propia, se obligó a pagar al referido Alonso Núñez, 65 pesos de oro común que su criado Juan López le debe, sólo en caso de que muera por las heridas recibidas, y a darle un indio cargador para el avío de su recua, de no hacerlo, le pagará todos los gastos y menoscabos que tuviere.
Alonso Ruiz, vecino de Jalapa, dueño de su recua, se obligó a pagar a Diego López Maldonado, de la misma vecindad, 140 pesos de oro común, por razón de otros tantos que le prestó en reales de contado, 12 días después de la fecha de esta escritura en la ciudad de México.
Alonso de Neira Claver, vecino de Jalapa, dio en empeño a Juan de la Gala Moreno, dueño de recua, vecino de Jalapa, un esclavo negro, criollo, nombrado Luis de Córdoba, de 34 años de edad, para que le ayude y sirva en la recua, por razón de haberle prestado 500 pesos de oro común.
Lucas Pérez, de color loro, libre, natural de la ciudad de Santiago de Guatemala, residente en este pueblo, arriero, se obligó a pagar a Pedro [Miguel] Moreno, vecino de la ciudad de Los Angeles, dueño de recua, 85 pesos de oro común por otros tantos que le prestó en reales, los cuales le desquitará sirviéndole en su recua como cargador, a razón de 10 pesos mensuales.
Nicolás de Pro, dueño de su recua, vecino de la ciudad de Puebla de los Angeles, vende a Doña María Aldoza de Vargas Matamoros, unas casas de piedra cubiertas de teja, y su solar cercado de pared, ubicadas en la Calle Real que va de la plaza para la ciudad de Veracruz; lindan por una parte, con casas que le dio en dote de su hija Pascuala Gonzáles a Cristóbal de Salcedo, cirujano; y por la otra, con casas que dejó Doña Aldonza de Vargas y hacen frente con casas de Alférez Antonio de Medina; las cuales hubo y heredó de sus padres Francisco de Pro y Leonor de Shagún, difuntos, libres de censo, hipoteca, empeño y otra enajenación, por el precio de 500 pesos de oro común, horros de alcabala.
El Alférez don Juan José Rincón, labrador y vecino de está jurisdicción, vende a Manuel Hernández, dueño de recua y vecino del pueblo de Perote, un esclavo de nombre Ignacio de Rueda, mulato prieto de 40 años, en la cantidad de 360 pesos.
Antonio Díaz Parraga, vecino de este pueblo de Jalapa, con poder de su amo don Fernando José Gómez de Cervantes, vecino de la Ciudad de México, da en arrendamiento a Antonio Jiménez, dueño de recua y vecino de este pueblo, las tierras del rancho de Zoncuantla, ubicadas en el pueblo de Coatepec, por la cantidad de 60 pesos en cada año.
El Teniente Juan José Rincón, vecino de este pueblo, dueño de recuas, otorga poder especial al Sargento Felipe de Acosta, vecino de Naolinco, para que administre sus recuas hasta la Nueva Veracruz.