Diego de Estrada, dueño de recua, vecino de la ciudad de México, dijo que por cuanto Doña María de Castro, viuda, mujer que fue de Antonio Luis, difunto, vecina de esta jurisdicción, tiene intento de proseguir en el arrendamiento de la Venta de Plan del Río, y se ha de obligar por nueva escritura, en favor del Capitán Don Francisco de la Higuera Matamoros, le pidió al otorgante saliera como su fiador, atento a lo cual, Diego de Estrada dio su poder cumplido a la susodicha para que lo obligue como su fiador en el mencionado arrendamiento.
RECUAS
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Dionisio de Espinosa, vecino del pueblo de Tulancingo, residente al presente en este de Jalapa, conjunta persona y con poder de su esposa Teresa García, que primero lo fue de Miguel de Troya, difunto, vecino que fue de esta jurisdicción, vende a Lorenzo Romero Jurado, dueño de recua, vecino de Jalapa, unas casas que la susodicha heredó en este pueblo de su primer marido, ubicadas en la Calle Real, yendo de la plaza para el llano de Macuiltépetl, a mano izquierda; linda por una parte, con casas de Isabel López Muñoz; y por la otra, con una callejuela y hace frente con casas de los herederos de María Rodríguez, difunta, libre de censo, hipoteca y otra enajenación, por el precio de 300 pesos de oro común.
Lorenzo Romero, dueño de recua, vecino de Jalapa, se obligó a pagar a Luis López, dueño de recua, vecino de Jalapa, la mitad de lo que importare de lo que dejare de cobrar de Diego Toscano, vecino de Yautepec, de una obligación que suma la cantidad de 557 pesos de oro común, cuyo plazo vence para fines del mes de abril del presente año.
Luis López, dueño de recua, vecino de Jalapa, dio su poder cumplido a Juan Díaz de la Cueva, vecino de Jalapa, para que en su nombre administre la recua, haga los fletamientos a los precios que por bien tuviere, obligándolo a la seguridad y entrego de las mercaderías; y para que ajuste cuentas con cualesquier personas, parezca en juicio ante las justicias de Su Majestad, que para todo le da este poder, con libre y general administración.
Andrés de Bustillos, vecino de Jalapa, vende al Capitán Don Lorenzo Romero Jurado, dueño de recua y vecino de Jalapa, un esclavo negro nacido en su casa, nombrado Andrés, hijo de María de la O, mulata, su esclava, de 22 años de edad, poco más o menos, por el precio de 300 pesos de oro común, sin asegurarlo de vicio, defecto, enfermedad pública ni secreta.
Juan Esteban, negro libre de más de 30 años de edad, criollo de la provincia de Jalapa, dijo que habiendo trabajado en la recua de Gonzalo de Córdoba, vecino de Jalapa, ganando un salario de 9 pesos de oro común mensuales, le quedó a deber 81 pesos de oro común; los cuales salió a pagar en su nombre Francisco Alonso, dueño de su recua; por lo tanto, ahora Juan Esteban se obligó a pagar al dicho Francisco Alonso los referidos 81 pesos, con su servicio personal en su recua, a razón de 9 pesos cada mes, y le ha de dar de comer y caballería en qué andar.
Ana Gómez, con licencia de su esposo Sebastián de Acosta, vecinos de Naolinco, hizo cuentas con Pedro de la Mota, de la misma vecindad, sobre los fletamientos de una recua de 40 mulas que recibió al morir el primer marido de Ana Gómez; y habiéndose hecho los cargos y admitido los descargos, la susodicha se quedó con treinta mulas aparejadas de reata abajo, seis de caballerías, un negro nombrado Pablo, de nación Angola, y con la obligación de pagar a Don Diego de Rojas, vecino de Jalapa, 180 pesos de oro común del resto de una escritura de 270 pesos que se comprometió a pagar Pedro de la Mota; los cuales, Ana Gómez y Sebastián de Acosta, se obligaron a pagar a los plazos contenido en ella.
Juan Sánchez Almazán, vecino de la ciudad de Los Ángeles, dueño de su recua, dio su poder cumplido a Melchor Felipe del Moral, su hermano, que está presente, generalmente para en todos sus pleitos, causas civiles y criminales, y para que pueda recibir y cobrar cualesquier maravedís, pesos de oro, plata, joyas, esclavos, mercaderías, derechos y acciones, y otros bienes que le debieren; y de lo que recibiere, pueda dar las cartas de pago, finiquito y lasto que convengan.
Jerónimo de Vega, vecino de la Puebla de los Ángeles, dueño de su recua, se obligó a pagar al regidor Luis Pacho Mejía, vecino de la ciudad de México, 500 pesos de oro común, por razón de otros tantos que pagó por la libertad de Ana Zavala, esclava morena que fue del Contador Villanueva, y una hija suya nombrada Ananina, mulatilla, de seis a siete años de edad, y haciendo de deuda ajena suya propia, se los dará para la fecha de esta escritura, en seis meses corridos.
Gaspar Hidalgo, vecino de la ciudad de Los Ángeles, dueño de su recua, vende a Antonio de Guevara y a Francisco Pinto, vecinos de Atzalan, un negro llamado Antonio, de nación[tierra] Angola, entre bozal y ladino, de 17 a 18 años de edad, que hubo del Capitán Pedro González de Orihuela, vecino de Canaria, sano de cualquier enfermedad, libre de hipoteca, empeño y enajenación, por el precio de 240 pesos de oro común.