Don José Joaquín de Uribe y Castejón, Caballero de la Orden de Santiago del Consejo de su Majestad y Visitador General de Escribanos, hace la visita correspondiente a la escribanía que lleva don Juan Bautista de Arroyta, Escribano Público de las provincias de Jalapa y Jalacingo, a quien condena con 3 pesos que aplica para ayuda de la beatificación del Venerable Gregorio López, a razón de 4 reales por cada vez que dejó de poner esta manda como debía, demás de las forzosas por no incluirse en ellas. Por el tercero le da por libre y apercibe que en el registro de ninguna manera puede quedar en blanco, y los recuadros que se insertan han de ser rayados de manera que no se introduzca en ellos algún instrumento.
ESCRIBANOS
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Juana de Castro, viuda y heredera de Sebastián de la Peña, Escribano Real que fue de este pueblo, y el Capitán Bartolomé de Castro, ambos vecinos de Jalapa, este último albacea de Bartolomé de Castro, venden a Leonardo Ortiz, dueño de recua, 2 sitios de tierra para ganado menor: uno en términos del pueblo de Chiltoyac con 3 caballerías de tierra ubicado en una sabaneta y monte que llaman Xoloapan, linda con tierras de los herederos de Juan Machado; el otro sitio dista de este pueblo legua y media, mide 2 caballerías de tierra más un arroyo nombrado Soloatl ubicado entre 2 ciénegas y árboles. La venta se hace con todas sus entradas, salidas, usos y costumbres, libre de censo, empeño e hipoteca, en 600 pesos de oro común que ha de pagar en diferentes plazos.
Don Alonso Tirado, escribano real de este pueblo, vende a Don Melchor Francisco Sánchez, vecino de Jalacingo, una casa de morada, de paredes de piedra y lodo, cubierta de zacate, ubicada en la calle real que va para el pueblo de Teziutlán; libre de censo e hipoteca, por el precio de 100 pesos de oro común.
Melchora de Sedano, mujer legítima de Matías de la Torre, Rosa María, mujer legítima de Antonio de Salazar, Miguel García, Pedro García e Inés García, hijos legítimos del primer matrimonio, venden a don Nicolás Luis, Gobernador actual del pueblo de Nuestra Señora de la Asunción Xilotepec; a sus Alcaldes, don Pedro Salvador y Bernabé de la Cruz; Pascual de la Cruz, Regidor; Gaspar de la Cruz, y Marcos Hernández, Escribano de Cabildo, 2 caballerías de tierras montuosas que están en la jurisdicción de Jalapa, con un sitio de venta que llaman La Pila, ubicado en el camino que va a la Ciudad de la Puebla, corre su lindero con la venta de La Banderilla hasta llegar a las piedras del Soldado. Dicha venta la hacen con todos sus usos y costumbres, servidumbres, aguas, pastos, montes, en 100 pesos de oro común que confiesan haber recibido.
El Capitán Bartolomé de Castro, don Juan de Medina Caraveo, Juan de Thormes, Alonso de Torquemada, Manuel Vázquez Rincón, el Sargento Juan Romero, Diego de la Torre Arnate y otros vecinos del pueblo de Jalapa, todos juntos de mancomún otorgan poder especial a don Diego López de Luna, Escribano de la Ciudad de Puebla de los Ángeles, para que en sus nombres pueda parecer ante el Real Provisor y solicite licencia para fundar una cofradía en el Convento del Seráfico Padre San Francisco de este pueblo y honra de la Limpia Concepción para todos los años hacerle su festividad.
El General Pedro Fernández de Santillán, Caballero de la Orden de Santiago, residente en Jalapa, arrendatario del ingenio San Pedro Buena Vista, dijo que el 30 de diciembre de este año, Miguel de la Rosa Ballesteros, Petrona de la Rosa Ballesteros y Ana de la Rosa Ballesteros le otorgaron escritura de venta de una mulata nombrada Mariana de 24 años más o menos en 340 pesos; aclaró que en realidad la compró para Mateo Hernández, Escribano de Rinconada del Marquesado, por lo que retrocede, renuncia y confiere a Mateo Hernández para que disponga de ella a su voluntad.
El Capitán Don Antonio de Castro Echarri, Escribano Mayor de Minas y Registros de La Antigua y Nueva Veracruz, usando de la facultad que Su Majestad tiene concedida para poder renunciar los oficios en el Capitán Don Francisco Nicolás de Castro, su primo, residente en la ciudad de Oaxaca, y en Sebastián Sánchez y Francisco de Aguirre, vecinos de la nueva ciudad de Veracruz.
Don Francisco Miguel de Campo, vecino de Jalapa, dio su poder cumplido al Alférez Sebastián Sánchez de las Fraguas, escribano de Su Majestad y del Juzgado General de bienes de difuntos, vecino de la ciudad de México, para que en su nombre parezca ante cualquier tribunal y presente memoriales, testimonios, testigos, cédulas, cartas misivas y otros papeles, y lo que resultare en su virtud, haya, reciba y cobre, de quien y con derecho deba, la plata, oro, ducados, géneros y otras cosas que le deban.
Pedro Hernández, vecino de Jalapa, solicitó al Capitán Don Juan Francisco de Herrera, Alcalde Mayor de Jalapa y de Jalacingo, haga parecer a Sebastián de la Peña, escribano real y vecino de Jalapa, para que certifique cómo Luis López, difunto, vecino de este pueblo, albacea de María de la O Muñoz, vecina que fue de Jalapa, pidió a Sebastián de la Peña diese recibo a este otorgante de 150 pesos que le dio al referido Luis López, por otros tantos que María de la O Muñoz, mandó se diesen por la libertad de un esclavo suyo nombrado Felipe de Santiago, hijo del otorgante, cuya cantidad debía aplicarse para su entierro y misas, como lo asentó en una cláusula de su testamento. Y por tenerlos satisfechos, pidió al señor Alcalde Mayor se le diese testimonio de la cláusula del testamento de María de la O Muñoz, en que dando los 150 pesos quedará libre su hijo, con la inserción de la certificación de Sebastián de la Peña, por razón de haber muerto al albacea Luis López. El Alcalde mandó por auto se notifique lo contenido a Sebastián de la Peña.
En Ejecución de la proveído por el Capitán Don Juan Francisco de Herrera, Alcalde Mayor de Jalapa, Sebastián de la Peña, escribano, certifica en testimonio de verdad cómo el Alférez Luis López, vecino que fue de este pueblo, le dijo había quedado por albacea de María de la O Muñoz, y en una cláusula de su testamento dejó por libre a un mulatillo nombrado Felipe de Santiago con cargo de dar 150 pesos de oro común, y que por haber recibido esta cantidad de mano de Pedro Hernández, mulato, padre del referido Felipe de Santiago, a cuyo favor tenía que otorgar recibo, el cual nunca lo hizo, y para que conste lo dicho, lo signó con su nombre.