Don Mariano de Campo, de este comercio y vecindad, como apoderado de los herederos de Acosta, y don Cayetano Acosta, marido legítimo de doña Mónica Acosta, heredera del Presbítero don José Nicolás de Acosta, ambos se expresaron respecto a cierto litigio que trataron de promover la susodicha y su consorte por el derecho que exponen tener a las tierras nombradas los Ojuelos, por lo cual se han comprometido en poner dicho asunto en manos y parecer de jueces árbitros para que de común acuerdo decidan las dudas y diferencias que encontraren, por lo que otorgan poder a los licenciados don Sebastián Jarero, vecino de la Nueva Veracruz, y a don José María Durán, de esta Villa, ambos Abogados de la Real Audiencia de México. El primero nombrado por parte de don Mariano de Campo y el segundo por la de don Cayetano Acosta, para que ambos de mancomún vean los autos o papeles que sobre el caso hubiera y con audiencia o sin ella procedan a sentenciar lo que les parezca.
CONVENIOS
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Ante don Pedro Gorrindo Palomino, Teniente General de esta provincia, los Cabildos y Ayuntamientos de los pueblos de San Antonio Tepetlán, San Andrés Acatlán y San Miguel Aguasuelos de la jurisdicción de Jalapa, ratifican un convenio de fecha 25 de noviembre de 1725 firmado en el pueblo de Jalapa, en el cual se comprometen a respetar y no pelear por las tierras que les pertenecen y hacen comunes las tierras que han gozado unos y otros, y como tales se han de defender a costa de los tres a prorrata según el número de tributarios que haya en cada pueblo.
Juan Díaz Matamoros y Alonso García de la Torre, vecinos de la provincia de Jalapa, se convinieron en intercambiar unas tierras; el primero le dio al segundo una caballería y un potrero ubicados en tierras de Zoncuantla; y el segundo le dio en trueque al primero, medio sitio de estancia de ganado menor situado en los altos que llaman de Omiquila El Viejo.
Convenio entre Alonso García de la Torre, mercader de Jalapa, y Juan de la Torre, maestro de carpintería y ensambladura de la nueva Veracruz, para construir un retablo dedicado a Nuestra Señora de la Limpia Concepción en la iglesia de este pueblo.
Juan de Quiroz, vecino de esta provincia, y el maestro carpintero Esteban se convinieron en que por los adherentes que faltan en la obra del ingenio de ciertas canoas y armazón de palos por donde ha de pasar el agua, el carpintero deja de cobrar a Juan de Quiroz 300 pesos de los 600 pactados.
Cristóbal Jiménez y Luis de Campos celebraron un contrato para tener en sociedad la Venta de Lencero, cada uno puso una parte del capital y acordaron repartirse las ganancias en partes iguales.
Ante el Capitán Don José Morera, Alcalde Mayor de Jalapa, el Lic. Don Juan de Bañuelos Cabeza de Vaca, cura beneficiado de este partido, tutor de Don Diego Yllan de Gamboa y de Doña Micaela de Gamboa, para la información que ofrece presentó por testigo a Gonzalo Márquez de Acevedo, español, vecino de Jalapa, el cual dijo conocer a quien le presenta y a los menores, y de diez años a esta parte que trajina en esta provincia, ha visto en diferentes ocasiones el ingenio de Maxtlatlan, donde dichos herederos tienen sus porciones y legítimas. Dicha fábrica está muy deteriorada por falta de avíos y los pocos negros que tiene son tan viejos que ya no pueden acudir a sus tareas, por lo tanto, los menores corren el riesgo de perder el capital de su caudal; y este testigo, fue de la opinión que el medio más eficaz para restaurarlo y asegurar su renta, es firmar un convenio para que Doña Ana María de Alemán Maldonado, ciudad del Capitán Don Fernando Ruiz de Córdoba y Arellano, se quede con el ingenio y lo ponga de nuevo corriente.
Francisco Álvarez, vecino de la ciudad de Los Ángeles, en nombre y con poder de Isabel Rey, viuda de Jerónimo de la Vega[Jerónimo de Vega], y Diego Luis, residente en la Venta de la Hoya, persona a quien Jerónimo de la Vega vendió la Venta de las Vigas, en un mil pesos de oro común, a ciertos plazos; se convinieron en esta manera: para obviar pleitos, Diego Luis devuelve la Venta de las Vigas con sus adherentes a Isabel Rey, y le hace recisión jurídica de ella para que la susodicha y Francisco Álvarez, su personero, la puedan vender a quien mejor les pareciere.
Pedro del Río Aboza, vecino de la jurisdicción de San Juan de los Llanos, apoderado de los padres religiosos y convento de nuestra señora del Carmen de San Alberto de la Ciudad de México, en virtud de este poder pidió ejecución ante la Real Justicia de este juzgado contra los bienes de Cristóbal de Zárate y María de Domínguez, su mujer, y contra los bienes de Diego de Zárate, difunto, por cantidad de 1, 250 pesos de oro común de los corridos de un censo en el rancho de labor que les concedió doña María de Estupiñán, en cuya herencia entraron dichos religiosos por cláusula de testamento lo cual se trabó en dichos bienes, llegando a un convenio Diego de Zárate, hijo de Cristóbal de Zárate y de María Domínguez, y Juan de Zárate, como hijo de Diego de Zárate, fiador que quedó por los susodichos, acordando que darán de contado 500 pesos de oro común con lo que les harán gracia y donación de los 750 pesos restantes quedando libre el rancho para dichos religiosos, por cuya razón otorga que recibe dichos 500 pesos.
Don Juan de Thormes, vecino y mercader de Jalapa, y Antonio Cardeña, en nombre y con poder de Diego de Aguirre, vecino de la nueva ciudad de Veracruz, se convinieron y concertaron en hacer el trueque y cambio de esclavos en esta forma: Antonio Cardeña, vecino de Jalapa, dio a Don Juan de Thormes un negro nombrado José, de casta Arara, de 26 años de edad, esclavo del referido Diego de Aguirre; y Don Juan de Thormes, le dio una negra nombrada María, de casta Arara, de 32 años de edad: Dichos esclavos están libres de censo, empeño y otra enajenación, sin asegurarlos de ningún vicio, defecto o enfermedad, y fueron valuados en 200 pesos de oro común cada uno.