Real provisión compulsoria emitida por el Rey para trasladar a la Real Audiencia el proceso que contra Francisco Martín Espejel, dueño de sus carros, le sigue Juan Coronado, Juez del Camino nuevo de la ciudad y puerto de la Veracruz, quien dio orden de aprenderlo por haber comprado unos carros y bueyes a Agustín de Sosa y a Francisco González, carreteros, sin saber que estos sujetos habían tenido cuestión con un fulano moreno, mayordomo de la cuadrilla de carreras de Diego Díaz, y que en la cuestión había salido muerto un indio, por lo cual Francisco Martín Espejel, apela la orden del Corregidor, argumentando que éste no tiene jurisdicción, ni él ha cometido delito, y que por estar en prisión ha perdido como 6 000 pesos por unos bueyes que se le han extraviado y no pudo ir en su búsqueda.
BOYEROS
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Demanda de Lázaro Díaz, vecino de este pueblo, a Pedro Rodríguez, boyero residente en esta jurisdicción, por ciertos daños que le causaron sus bueyes a su milpa de maíz.
Autos que siguen don Luis Vivero y Peredo, vecino de Tulancingo, y Diego de Córdoba, boyero, por el arrendamiento del comedero nombrado Escamela, en términos de Orizaba, perteneciente a dicho don Luis.
Juan Sánchez, boyero que guarda la boyada del regidor Juan García del Castillo, vecino de esta jurisdicción, manifestó un toro josco orejano de tres a cuatro años que se le junto con su boyada en los potreros de Ixtapa.
Hernando de Porras, criador de ganado mayor, vecino de México, manifestó haber entregado de una partida que tiene registrada, 300 novillos a Antonio Martín, vecino de este jurisdicción, boyero del Capitán Alonso Picaso de Hinojosa, en virtud de carta del dicho Capitán y sin haber efectuado el precio, cuya manifestación hace por haber sido el entrego en esta dicha jurisdicción.\n
Rafael Sánchez, vecino de México, boyero, se obliga de pagar a Melchor del Moral, vecino de Jalapa, 55 pesos de oro común que importa el valor de dos caballos.
Pedro de Alonso, boyero, entra en servicio y soldada con Martín Guerrero, dueño de sus carros y vecino de México, por tiempo de un año y al precio de 220 pesos de oro común.
Antonio Hernández, boyero, se obliga de pagar a Juan Díaz Matamoros, vecino de Jalapa, 82 pesos de oro común, los cuales son el precio de tres caballos.
Francisco Troche, boyero, vecino de México, se obliga de pagar a Antonio de Cervantes, vecino de la Puebla los Ángeles, 80 pesos de oro común por otros tantos que recibió prestados.
Francisco Hernández de Aguilera, mulato libre, boyero de Pedro de Vargas, se obligó a pagar al dicho su amo y a quien en su poder hubiere, 80 pesos de oro común con servicio personal, por razón de otros tantos que pagó para sacarlo de la prisión, donde fue recluido a causa de haber dicho que traía cuchillo, espada y daga y otras cosas contenidas en la declaración de Juan Rivero, Alguacil Mayor.