Francisco de Vega, vecino de la ciudad de Los Ángeles, como principal deudor, y Lope Hernández, de la misma vecindad, como su fiador, se obligaron a pagar a Juan Rodríguez, que reside en la Venta de los Naranjos, 117 pesos de oro común, por otros tantos que Francisco de Vega le debía, para fin del mes de abril de 1622, todos juntos en una paga.
VENTA DE LOS NARANJOS
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Esteban Álvarez de Palacios, Escribano de la Ciudad de la Puebla de los Ángeles con poder del Bachiller Gabriel Pérez de Alvarado, Clérigo Presbítero Domiciliario de este Obispado, labrador en la Provincia de Huejotzingo, vende a Juan Bravo de Alarcón un sitio de venta nombrado Los Naranjos, molino de pan moler y 10 caballerías de tierra eriaza, con todo lo anexo, libres de censo e hipoteca, cargados a la capellanía que se fundó de 3, 600 pesos, pero que sólo se reconocen 1, 000 por haberse deteriorado las fincas. El remate se hizo en Gabriel Pérez, y los dichos 1, 000 se cargaron sobre dichas fincas a censo principal redimible de 20, 000 el millar, para pagar sus réditos que corren a partir de noviembre de 1701 al dicho Bachiller Gabriel Pérez de Alvarado.
Juan Rodríguez, residente en la Venta de Los Naranjos, en esta jurisdicción, se obligó a pagar a Francisco Luis, vecino de Jalapa, y a Pablo Martel, mercader de negros, 250 pesos de oro común, precio de una negra llamada Catalina, de 11 años de edad, para el día de Navidad del presente año.
Bartolomé Martín, dueño de la Venta de Los Naranjos, vende a Beatriz de Arriaga, dueña de la Venta de Aguilar, un solar en el pueblo de Jalapa, \" linde con casas de la dicha Beatriz de Arriaga, por la una parte, y por la otra, con ( la ) calle Real del dicho pueblo\"; por el precio de 30 pesos de oro común.
Magdalena de Tejeda, viuda de Rodrigo Hernández, vecina de Jalapa, dio en arrendamiento a Juan de Illuste, vizcaíno, la Venta de Los Naranjos situada en el camino Real de la Veracruz, durante cinco años; de los cuales ha de pagar 100 pesos de oro común en el primer año y 150 pesos en cada uno de los restantes.
Rodrigo Hernández de la Calleja, vecino de Jalapa, con poder de Magdalena de Tejeda, su madre, vecina de este pueblo, por lo que le toca, dio en arrendamiento a Diego Luis, vecino de esta provincia, la Venta de Los Naranjos, durante un año, el cual empezó el 15 de octubre de 1612 y al precio de 140 pesos de oro común, pagaderos por tercios.
María de la O Muñoz y Gerónima Díaz de San Antonio y Muñoz, hermanas, vecinas de Jalapa, como herederas de Isabel López Muñoz, dieron en arrendamiento a Felipe González, arrendatario de la Venta de la Hoya, un rancho con sus tierras para sembrar maíz que dista una legua de Jalapa, linda con tierras del Lic. Don José de la Peña, presbítero vecino de la ciudad de Los Ángeles, está ubicado cerca de la Venta de los Naranjos y de la de Sedeño, en la parte que los naturales llaman Tlalcuezalan; por tiempo de 9 años, a partir de hoy día de la fecha, por el precio de 50 pesos de oro común anuales y los ha de pagar por sus tercios corridos, cada cuatro meses.
Ana María, mujer soltera, residente en la Venta de Los Naranjos, se obligó a pagar a Juan Rodríguez, vecino de esta provincia, 162 pesos y 2 tomines de oro común, precio de unas camas, vino, harina, unas cabras y otras menudencias, en esta manera: 50 pesos para fin de junio del presente año, 50 pesos más para fin de octubre del año referido, y los 62 pesos y 2 tomines restantes para la Navidad del año arriba indicado.
Alonso Escudero, vecino de Los Ángeles, dio su poder a Alonso Martín, de la misma vecindad, para que haga en su nombre una escritura de venta de un esclavo negro llamado Francisco, de nación Angola, en favor de Juan Rodríguez, residente en la Venta de Los Naranjos, sin asegurarlo de ninguna tacha y por el precio de 430 pesos de oro común, del cual ya le hizo entrega.
Alonso de Montealegre, Alguacil Mayor de la Santa Cruzada, residente al presente en este pueblo, con poder de Catalina González, viuda de Martín de la Parada, vecina de la ciudad de Los Ángeles, en su nombre, y como una de las herederas de Pedro Román, su padre, difunto, vende a Lucas Martín Ibáñez, vecino de la provincia de Jalapa, dos caballerías de tierra en la parte que los naturales llaman Tlalcuezalan, entre la venta que fue de Sedeño y la Venta de los Naranjos, términos del pueblo de Xilotepec, por el precio de 300 pesos de oro común, horros de alcabala.