José Cogollos y Zárate, dueño de la Venta de Lencero y administrador del ingenio nombrado Nuestra Señora de los Remedios que fue del Regidor Luis Pacho Mejía, se obligó a pagar al Sargento Mayor Don Diego Ruiz Salazar y Maldonado, Alcalde Mayor de Jalapa, 421 pesos y 2 tomines de oro común que por hacerle buena obra le prestó en reales para ropa y avíos del dicho ingenio, para de hoy día de la fecha en cinco meses.
VENTA DE LENCERO
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Isabel Tamayo, viuda de Diego Salazar, residente en su Venta de Lencero, dio su poder cumplido a su hija Juana de Salazar, vecina de la nueva ciudad de Veracruz, generalmente para en todos sus pleitos, causas civiles y criminales, y para que pueda recibir y cobrar cualesquier maravedís, pesos de oro, plata, joyas, esclavos, mercaderías, derechos y acciones, y otros bienes que le debieren; y de lo que recibiere y cobrare, pueda dar las cartas de pago, finiquito y lasto que convengan.
Damián Tamayo, residente en la Venta de Lencero, albacea testamentario y como uno de los herederos de Isabel Tamayo, su madre, vende a Simón de León, vecino de la jurisdicción de Tepeaca, una negra criolla nacida en casa de su madre nombrada María, de 7 años, hija de Magdalena, negra, su esclava, por el precio de 150 pesos de oro común.
Jerónimo Pérez de Salazar, dio en arrendamiento la Venta de Lencero a Juan Gallego y a Domingo Martín, por tiempo de dos años y al precio de 400 pesos de oro común anuales.
Domingo Martín, vecino de Lencero, y su suegra, Beatriz González, se obligan de pagar a Pedro Sánchez Monge, vecino de Jalapa, 400 pesos de oro común que restan de pagar por 200 fanegas de maíz que les vendió a 2 pesos y medio tomín cada una.
Diego de Salazar, dueño de la Venta de Lencero, vende a Francisco Hernández de la Higuera, vecino de esta provincia, un esclavo negro, bozal, llamado Antón Mandinga, de 20 años de edad, poco más o menos, por el precio de 390 pesos de oro común, horros de alcabala.
Diego de Salazar, dueño de la Venta de Lencero, se obligó a pagar a Luis de Abreu, vecino de San Juan de Ulúa, 135 pesos de oro común, por razón y precio de una pipa de vino que le vendió, dos meses después de la fecha de esta escritura.
Diego de Salazar, dueño de la Venta de Lencero, dijo que Francisco Carreño, maestro de azúcar del ingenio de Francisco Hernández de la Higuera, le prestó 200 pesos de oro común y como garantía de pago le dejó empeñada una esclava negra llamada Isabel, y asimismo, se obligó a pagar el adeudo para fines de junio de 1602.
Diego de Salazar, dueño de la Venta de Lencero, se obligó a pagar al capitán Salvador de Acosta 340 pesos de oro común que restan del valor de un esclavo negro llamado Antonio, seis meses después de la fecha de esta escritura.
Doña Catalina Mejía de Velasco, viuda de José Cogollos de Zárate, dueño que fue de la Venta de Lencero, de donde es vecina la otorgante, albacea testamentaria y tutora de sus menores hijos, dio su poder cumplido a su hermano Juan Mejía de Velasco para que en la forma que le pareciere más conveniente, ajuste y liquide la cuenta y administración de su marido como administrador que fue del ingenio Nuestra Señora de los Remedios, y se obligue a la paga del alcance que se le hiciere, o cobre lo que se le debiere y perteneciere a sus hijos.