Sebastián Ruiz de la Cueva, vecino de Orizaba, hijo legítimo de Juan Ruiz Beliz de la Cueva y de María de Espíndola, otorga su testamento donde declara lo siguiente: debe a Pablo Luis de la Cueva, su hermano 144 pesos, a Pedro Mosquera 187 pesos, a Felipe Lance, vecino de Maltrata 52 pesos 2 reales, a Juan Álvarez, vecino de Orizaba 106 pesos; al Conde del Valle 245 pesos; a él le debe Antonio Lorenzo de Riascos, vecino de Orizaba 102 pesos, la Marquesa del Valle 105 pesos, don Juan de Torija, vecino de la Puebla 77 pesos; los indios del pueblo de Santa Ana, sirvientes de don Fernando de Castro 200 pesos, entre otros. Declara ser casado con Manuela Díaz de la Higuera, quien trajo a su poder 1, 000 pesos por el valor de una casa, su menaje y joyas y él no tenía caudal alguno, durante su matrimonio procrearon 6 hijos. Nombra como albaceas a su mujer y a su hijo Sebastián, como herederos nombra a todos sus hijos y a su mujer.
TESTAMENTOS
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Josefa de Neira Claver, viuda vecina del pueblo de Jalapa, hija natural de Leonor Ordóñez de Neira, otorga su testamento donde declara lo siguiente: tiene empeñados unos zarcillos de oro con pomas de ámbar en poder de don Juan Montañés de la Cueva por 17 pesos, en la tienda de Luis González de Lucena tiene empeñados un relicario y 6 cucharas en 14 pesos. Tiene entre sus bienes enseres menores. Fue casada con José Esteban quien le dejó la casa en la que vive y después de su muerte pasará a poder del Convento del Señor San Francisco para que con su arrendamiento se digan las misas que alcanzaran. Tuvo un hijo natural a quien nombra como heredero universal del remanente de sus bienes después de cumplidas las misas que solicita.
Antonio García, vecino del pueblo de Tlaustipeque, jurisdicción de San Juan de los Llanos, hijo legítimo de Diego García y de Catalina Gómez de Velasco, sus padres vivos, otorga su testamento donde declara lo siguiente: las dependencias de lo que debe y le deben están asentadas en un cuaderno. Durante su matrimonio obtuvieron como bienes gananciales un rancho de labor con 11 yuntas de bueyes, 80 ovejas, y las tierras del rancho, entre otros bienes. Declara ser casado con Manuela de la Cruz y Parra, quien no trajo dote ni caudal alguno a su matrimonio, solo 15 pesos que recibió de herencia que le cupo de un rancho, y tampoco él tenía caudal alguno, durante su matrimonio tuvieron 7 hijos legítimos. Nombra por su albacea a su mujer, a Juan José, su hijo, y a Agustín García, su hermano, como tenedora y curadora de sus menores hijos a su mujer.
Don Juan Montañés de la Cueva, Escribano Público y de Cabildo de la Ciudad de la Nueva Veracruz, natural de Málaga en los Reinos de Castilla, hijo legítimo de don Francisco Montañés y de doña María de la Cueva y doña Anastasia Javiera de Natera, su mujer legítima, hija de Juan Bautista Natera y de doña Juana Teresa de Ibelli, ordenan su testamento en la forma siguiente: declaran que las dependencias de débitos y ditas que tienen constan en una memoria que dejarán. Son casados y que al tiempo de contraer matrimonio el primero no trajo capital alguno y ella trajo lo que consta en la carta de dote de que otorgó recibo su marido y después del fallecimiento de su madre heredó otros bienes, tuvieron 5 hijos. Se nombran el uno al otro y la otra al otro por albaceas testamentarias, por tenedores de sus bienes y herederos nombran a sus hijos.
El Capitán Bartolomé de Castro, vecino de este pueblo, dijo que Eugenio de Pro, por cláusula de su testamento lo nombró a él junto con otros como sus albaceas, pero por estar dicho Bartolomé ocupado en sus negocios y no poder acudir al cumplimiento, otorga que renuncia a dicho cargo.
Francisca de Barreda Gayón, viuda de José de Acosta, vecina del pueblo de Naolinco, dijo que su marido le dio poder para que en su nombre ordenara su testamento como le tenía comunicado. Declara que debe al Bachiller Bernardo de Molina, Cura de ese pueblo, 100 pesos; a la Cofradía de Nuestra Señora, 100 pesos; al Alcalde Mayor José Camino y Velasco, 60 pesos. Por bienes suyos tiene lo que aparece en el inventario. Fue casado con ella y al tiempo de casarse trajo de caudal 3 caballos mansos, una vaca y una yegua, ella tenía la legítima paterna y materna que constan en los inventarios hechos después del fallecimiento. Durante su matrimonio tuvieron 4 hijos.
Marcos Mojica, natural y vecino de La Antigua Veracruz, Doctrina de Misantla, hijo legítimo de José Hernández y María Carrillo, difuntos, ordena su testamento donde dice que a Juan José, mozo de 16 años, se le den 4 vacas chichiguas y un caballo manso. Debe a los herederos de Julián de Rivera, 100 pesos; a Cristóbal Romero, vecino de Misantla, 20 pesos; entre otras deudas. Fue casado con Josefa de las Fuentes, quien no trajo dote cuando contrajeron matrimonio con quien tuvo 2 hijos, cuando esta falleció tenía 130 vacas, 12 caballos, 6 yeguas y una parte de tierras en Juchique. Al presente esta casado con Micaela de Zárate, quien no trajo caudal alguno a su poder, ahora cuenta con las tierras de Santa Bárbara; las tierras que tiene en Juchique; 100 vacas; la casa de su morada, entre otros bienes. Nombra como albacea a Micaela de Zárate; a Francisco Martín, vecino de la Veracruz, y como herederos a sus hijos.
Alberto Pérez, vecino de Atzalan de la jurisdicción de Jalacingo, natural de Noya en el Reino de Galicia, hijo legítimo de Francisco Hernández y de Inés Pérez, difuntos, otorga su testamento donde declara lo siguiente: no debe nada a persona alguna, a él le deben algunas personas que constan en su cuaderno. Tiene entre sus bienes un trapiche de caña con todo lo necesario; una casa de cal y canto en el pueblo de Atzalan que esta grabada a censo en 50 pesos de principal; una esclava nombrada Bárbara; bestias mulares, caballares y de otra calidad que se encuentren en el trapiche. Declara que es casado con Josefa Quiñones, quien trajo a su poder 2 bestias mulares y él no tenía caudal alguno, tuvieron 4 hijos. Nombra como albacea a su mujer y a sus hijos Josefa y Francisco, y como herederos a su hijos.
Don José Rodríguez, hijo legítimo de los difuntos don Diego Martín de los Reyes y de doña Pascuala Martínez, natural y vecino del pueblo de Naolinco, casado con doña Juana Juliana Ortiz, otorga poder para testar y nombramiento de albacea a su citada esposa, en compañía de Nicolás Antonio, su hijo legítimo y como herederos a su citado hijo Nicolás, junto con Gregorio Antonio, Juan Francisco, Josefa Gregoria y María Lorenza, sus demás hijos legítimos, y a sus nietos, hijos de sus difuntas hijas Petrona Antonia y Petrona Josefa.
El Capitán don Manuel de Olmedo, hijo legítimo de los difuntos don Manuel de Olmedo y doña Francisca Martínez, natural de la Villa de Tudela del Duero, Obispado de la Ciudad de Valladolid en Castilla la Vieja; junto con doña María Josefa de Araciel, hija legítima de don Francisco de Araciel y doña María de Zintra, natural de la Nueva Veracruz, marido y mujer, se otorgan poder para testar y nombramiento de albaceas, este ultimo en compañía de doña Josefa, los Presbíteros don Manuel y don Juan de Dios, doña Antonia, don Francisco y doña Teresa, sus hijos legítimos, a los cuales designan como herederos, mencionando entre sus bienes una tienda mestiza de géneros y comestibles, una casa de paredes cubierta de tejas con gravamen de 1, 000 pesos a favor de la capellanía que tiene su hijo el Licenciado Francisco de Olmedo y Araciel, y otras propiedades.