El Sargento Manuel Riveros, vecino de la Antigua ciudad de Veracruz, dio su poder cumplido a Alonso González, dueño de su recua, vecino de Jalapa, para que en su nombre venda un esclavo negro, criollo de la Antigua Veracruz, nombrado Francisco, de 18 a 20 años de edad, por el precio y los plazos que concertare
SARGENTOS
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El Sargento Calixto Ventura López, vecino del pueblo de Jalapa, otorga que ha recibido de Eugenia Hernández, viuda de Julián de Rivera, de la misma vecindad, 130 pesos de oro común cumplimiento a 1849 y 2 reales, que su difunto marido debía por escritura a don José González de Abreu, vecino que fue de la Antigua Veracruz, por cuya cantidad se da por entregado a su voluntad.
Francisco de Orduña Castillo, vecino de Jalapa, en voz y en nombre de Úrsula Villanueva, de color pardo, y en nombre de sus herederos, vende al Sargento Manuel de Riveros, vecino de la Antigua ciudad de Veracruz, un solar que ella tiene la dicha su parte, donde tenía su casa Ana López; el cual lo heredó con otros solares Cristóbal Hernández, marido de Úrsula de Villanueva, por legado que de ellos le hizo María López; linda con casa y mesón de Mariana de Torres y con solar que fue de Matías de la Cruz, por el precio de 30 pesos de oro común.
Doña Juana [María Sousa] Farfán de los Godos, mujer legítima de Don Antonio de Orduña Loyando, residente en este ingenio, como hija legítima del General Fernando de Sosa [Sousa] Suárez, Caballero de la Orden de Santiago, y de Doña Juana Farfán de los Godos, dio su poder cumplido al Sargento Mayor Juan de Echavarría, escribano de minas y registros de la nueva ciudad de Veracruz, para que en su nombre concierte con el Capitán Don Francisco[Sousa de] Suárez de Sosa, su hermano, la legítima y porción que le toca de la herencia de sus padres.
El Sargento Manuel de Riveros, vecino de la ciudad de La Antigua Veracruz, natural de la Villa de Aveiro, en el reino de Portugal, habiendo contraído matrimonio con Doña Teresa de la Gasca [y Ortega], hija de Francisco de Ortega y de Agustina de la Gasca, huérfana de padre y madre desde muy temprana edad, mandó en arras propter nuptias, y dote, cuatro mil pesos de oro común, los cuales señaló en sus bienes muebles y raíces, quedando en su persona la administración de los mismo.
El Sargento Calixto Ventura López, vecino del pueblo de Jalapa, otorga poder especial a Ventura González de Abreu, su yerno, vecino de la Ciudad de La Antigua Veracruz, para que en su representación lo pueda obligar como su fiador o como principal a la paga y satisfacción de cualquier cantidad de pesos que por bien tuviere a favor de cualquier persona o personas a los plazos y en la forma que asentare.
Doña Teresa de la Gasca y Ortega, vecina de Jalapa, viuda del Sargento Don Manuel de Riveros, vende a Diego Márquez Bernis, vecino de la Antigua ciudad de Veracruz, un tejar con los hornos caídos donde se hacía teja y ladrillo, con las tierras que le pertenecen, ubicado en términos de La Antigua Veracruz, de la otra parte del Río Chico, por el precio de 180 pesos de oro común, en esta forma: 30 pesos para de hoy día de la fecha en un mes, y el resto, 50 pesos cada cuatro meses, de tal suerte que al término de 13 meses, la deuda deberá estar pagada.
El Lic. Pedro de Irala, presbítero, cura de Jalapa, dio su poder cumplido al Sargento Manuel Viveros, vecino de La Antigua Veracruz, para que en su nombre arriende 4 caballerías de tierra que tiene en términos de la dicha ciudad, donde al presente el mencionado Sargento tiene un horno de ladrillo, el río grande abajo y vera del río chico arriba, que solían ser de Marcos Rodríguez, en el precio y plazos que concertare.
Don Miguel García de Monzaval, don Joaquín José, don Alonso Gómez Dávila y doña Josefa de Pedraza, vecinos de esta villa de Córdoba, en voz y en nombre del Capitán don Juan Gómez Dávila, difunto, en virtud del poder para testar que les otorgó, el cual usan para señalar su testamento en la forma siguiente: Declaran fue sepultado en la iglesia parroquial de esta villa, amortajado con el hábito y cuerda de San Francisco. Mandó se diesen 50 pesos de sus bienes para que se repartan entre las cofradías de esta villa, que son: el Santísimo Sacramento, Nuestra Señora de la Concepción, Señor San José, el Santo Cristo, Jesús Nazareno, Nuestra Señora de la Soledad, Nuestra Señora de Guadalupe, Tercera Orden de Penitencia y Nuestra Señora del Rosario. También, les comunicó el difunto que habiendo otros hermanos que apoyen y se fervoricen a hacer algún altar al Señor San Joaquín y Santa [roto] Ana en la parroquia de esta villa, se saque de sus bienes la cantidad que faltare para el cumplimiento de dicho altar, y en él pidió y suplicó se coloque la imagen del Señor San Nicolás, donde permanezca perpetuamente. Mandó se le den 500 pesos a doña Gertrudis Gómez Dávila, su sobrina, hija de su hermano Alonso Gómez Dávila, mismos que están prontos a entregarle por haber contraído matrimonio con don Miguel García de Monzaval. Ordenó que del remanente de sus bienes se impusiese una capellanía de 3 000 pesos de principal y como capellanes a Alonso, a Ventura José y a Nicolás Gómez Dávila y a falta de estos a los parientes más cercanos, y nombró por patrona de la capellanía a doña Josefa de Pedraza, por capellán interino al Bachiller don Juan Gómez Dávila, Presbítero, su sobrino, y en caso de que en el quinto de sus bienes no quepan los 3 000 pesos, se saquen 150 pesos y con ellos se compren hasta donde alcanzare unos mantos, y que éstos se [repartan] entre pobres de esta villa. Mandó se den 100 pesos para que se le entreguen a Josefa hija de Clemente José Hidalgo, difunto, en el ínterin que no tome estado se les entreguen a sus albaceas, cantidad que es en cuenta de 1 000 pesos que le habían ofrecido a Francisca Gómez, su madre, a quien ya le había entregado 900 pesos. El difunto mandó se paguen 50 pesos a Juan de Orantes por concepto de un solar que le compró hace 10 años. Dicho difunto tenía deudas con el Bachiller don Esteban Lambert, Nicolás de Leiva, el Alguacil Mayor don Gregorio Martínez de Solís y otros más que se mencionan en esta escritura, las cuales mandó se paguen de sus bienes; y a él le debían don Lope Antonio de Iribas, Nicolás Campos y Pedro Zacarías, manda se les cobre. También, les comunicó fue albacea del Regidor don José Gómez Dávila y dentro de sus bienes quedó un negro nombrado José, Congo, que vendió al Capitán Manuel de Rosas en cantidad de 300 pesos, mismos que mandó se entreguen a sus hijos don Diego y don Ciprian; y estando en dicho cargo algunos vecinos le quedaron debiendo cantidades de pesos que constan por autos e inventarios, y de las diligencias que hizo entregó algunos pesos a los herederos del regidor, y aunque se había hecho cargo de todo el caudal en las aplicaciones y partes que les tocaba a los susodichos, les comunicó que del caudal le debían 2 500 pesos [roto] que el Alférez José Gómez Dávila, su sobrino, a quien se le aplicaron en las casas de su morada, y habiéndolos necesitado el dicho su sobrino, él se los dio de su propio caudal, y los otros 1 500 pesos fueron por la venta que como tal albacea hizo con doña Micaela Ramos, del potrero que llaman El Novillero, pero salió que por el precio del novillero estaba mal vendido, y así Juan Gómez devolvió los 1 500 pesos de su propio caudal, mismos que manda se rebajen a los menores de dicho su hermano. El difunto les comunicó tenía poder para testar de doña Marina Gómez Dávila, su difunta hermana, cargo que usó para administrar todos sus bienes y especialmente la hacienda nombrada Señor San Joseph [José], que quedó por bienes del Capitán don Juan Rodríguez Durán, de lo cual ajustó y liquidó todas las cuentas y salió alcanzado [roto] por mano del Sargento Agustín de Villavicencio, quien ajustó y asistió a las cuentas, mismas que dejó en manos de la susodicha, y fue su voluntad se cobrase la cantidad de sus albaceas y herederos, rebajándosele un cofre pequeño viejo que tenía dado al Capitán Nicolás Rodríguez, que importó 150 pesos, asimismo, el valor de 80 arrobas de azúcar que de orden de dicho difunto remitió a la Nueva ciudad de la Veracruz, cuya venta fue a 11 reales arroba. El difunto señaló se debían 300 pesos de los bienes del Regidor don José Gómez Dávila a doña María de Olaso y Salgado. Asimismo, mandó se saquen de sus bienes 300 pesos, de los que hace manda a doña Catalina Muñoz de Pedraza, hija del Alférez Antonio Muñoz de Anaya y de doña Ana de Pedraza, y mujer de don Juan de [Meza] y Ascanio, Alcalde la Antigua Veracruz [roto]. El difunto tenía sobre la hacienda de beneficio de hacer azúcar nombrada Santa Theresa [Teresa] [roto] de principal a favor de la Madre Catalina, hija del Regidor don Juan Gómez Dávila, reclusa en el convento de Santa Clara de la ciudad de la Puebla. También les comunicó, que el Regidor don José Gómez Dávila, difunto, fue albacea del Alguacil Mayor Juan de Soto Noguera, y tutor y curador de sus menores hijos y herederos, cuyo cargo recayó en él, y entró en su poder unas tierras que están en el pago de Tlacomulco, cuyo valor Juan Gómez tiene satisfecho a los herederos de Juan de Soto, y después apareció otro dueño reclamando derechos sobre dichas tierras en virtud de títulos que él volvió a comprar, y mandó que la cantidad que tenía suplida a los herederos de Soto se cobre de sus bienes. Por bienes del difunto, los otorgantes declaran la hacienda nombrada Santa Theresa [Teresa] en el pago de Tlacomulco que se compone de 21 caballerías de tierra y sobre éstas un censo a favor del Bachiller don Sebastián de Torija Ortuño, Presbítero, vecino de la Puebla. Y usando del poder para testar, señalan que se constituyen albaceas. Del remanente de sus bienes nombran por herederos a Alonso, doña Ana María, Ventura José y Juan Gómez Dávila, sus hijos; y nombran a doña Josefa de Pedraza por tenedora de bienes, tutora y curadora de sus personas y bienes.
JUAN MORERA DE SILVA, ESCRIBANO REAL, PÚBLICO Y DE CABILDO