Don Tomás Rajadel, vecino del pueblo de Perote, albacea de Sebastián Martínez, recibe las cantidad de 200 pesos, de 3, 000 pesos que don Antonio Primo de Rivera debía de un atajo de mulas que le vendió en el año de 1760, de los que sólo le había pagado al difunto 2800 pesos.
MULAS
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Don Ignacio de Linaza Soro, Administrador del Obraje de Tepetitlán de don Miguel Antonio de León, de la Alcaldía de Metepec, dijo que sus mozos han reconocido en este pueblo una mula parda de carga con el hierro sólo del criador y de Pablo José de Castro, vecino de Naolinco, quien la trae y dice la compró en México a un corredor nombrado Juan Antonio Hernández en 26 pesos, debido a no traer poder ni instrumento alguno dio como fiador a don Antonio Justo, vecino de este pueblo, por lo que otorgan que se obligan a que luego que parezca persona con poder del dueño de dicha mula, quien es don Máximo Berrio, vecino del curato de San Felipe el Grande, y prueba competente de ello dándole carta de lasto, entregaran la mula o los 26 pesos.
Ventura Muñoz, natural de la capital de México, dueño de un atajo de mulas con las que transita el Camino Real, se obliga a pagar a don Anastasio Moreno, administrador y compañero de la tienda de don Diego Leño, situada en el paraje que nombran de Sedeño, la cantidad de 732 pesos que pagará en el término de 6 meses, a cuyo seguro hipoteca el citado atajo de mulas compuesto de 38, marcadas con el fierro que aparece al margen de esta escritura.
Manuel Roldán, dueño de mulas y avíos en este pueblo de Jalapa, otorga poder especial a don Miguel Domínguez, vecino de Puebla, para que en su nombre parezca en el remate de los bienes que quedaron de don Luis Ortiz de Zárate, que se celebrará en dicha ciudad, y formalice la postura de 1, 500 pesos que tiene hecha de una casa que pertenece a dichos bienes, ubicada en la calle de la Amargura y en caso de que se le fincare el remate, que lo acepte, entregando la escritura correspondiente y lo obligue a cumplir lo estipulado en ella, por lo que se le da éste con libre y general administración con facultad de sustituir.
Don Juan Antonio Pérez Pensado, dueño de ingenio en el pueblo de Jalapa, otorga poder especial a don Manuel José Cardel, vecino del mismo pueblo, para que en su nombre encuentre 2 animales de corral, una mula y un macho, que están perdidos, los cuales tienen su fierro y fueron comprados a don José Antonio Rajadel, vecino de Perote.
Juan Fernández, vecino de Tlalixcoyan, vende a Francisco López, estante en este pueblo, 10 mulas de diferentes hierros y colores, por precio cada una de 55 pesos de oro común, que suman y montan 550 pesos.\n
Diego de Lucas, vecino de la ciudad de los Ángeles, estante al presente en este pueblo de Orizaba, se obliga a llevar 21 mulas de su recua al pueblo de Tlalixcoyan para cargarlas de cacao, y entregarlas en la ciudad de Tlaxcala a Juan Mejía de la Torre, vecino de dicha ciudad, y consignadas de Francisco Mejía Saavedra, vecino de la ciudad de México, quien fletó las mulas, por precio de siete pesos de oro común cada una.\n\n
Juan Carlos, vecino del pueblo de Ixhuatlán, se obliga a pagar a Juan Morón, vecino del pueblo de Tlalixcoyan, 142 pesos de oro común, resto de 172 pesos, cuya cantidad es el monto en que le vendió cuatro mulas de diferentes hierros y colores, a 43 pesos mula.\n\n\n
Pasó para la Veracruz la recua de Alonso Gil de Benita, vecino de Tepeaca, con catorce mulas cargadas para despacho de flota, dos indios llamados Pedro y Pablo, y se le notificó que no los baje a dicha ciudad de conformidad con la ordenanza de 11 de agosto de 1623, que lo prohíbe desde primero de junio de cada año hasta 5 de octubre.
Salvador Jiménez, vecino de Maltrata, se obliga a pagar a Baltazar Ruiz, 80 pesos de oro común, los cuales son por razón de dos bestias mulares.