El Capitán Don Francisco de la Higuera Matamoros, dueño del ingenio nombrado La Santísima Trinidad, poseedor del Mayorazgo que fundaron sus bisabuelos, el cual heredó con muchos deudas, dio en arrendamiento Don Andrés Alcaide de Ojeda como vecino del pueblo de Acatzingo, una hacienda de ovejas nombrada Nuestra Señora de la Asunción, ubicada en términos de San Salvador El Seco, provincia de Tepeaca, perteneciente a su mayorazgo, con un 15 293 ovejas, por tiempo de 4 años y al precio de 1 000 pesos de oro común anuales.
MAYORAZGOS
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El Capitán Don Francisco de la Higuera Matamoros, dueño del ingenio nombrado La Santísima Trinidad y poseedor del mayorazgo que fundaron Don Francisco Hernández de la Higuera y Doña María González de Amarilla, dio en arrendamiento a Don Alonso García Guerra, dueño de la hacienda de labor nombrada Nuestra Señora de Loreto, ubicada en términos de San Salvador El Seco, una hacienda de ovejas nombrada Nuestra Señora de la Asunción con 9500 ovejas de tijera, perteneciente a dicho mayorazgo, con todos sus sitios, así en tierra fría como caliente, por tiempo de seis años, a partir del día 15 de septiembre de 1680 y al precio de 617 pesos 4 tomines de oro común anuales; además, le ha de dar 150 carneros en cada uno de los seis años.
El Lic. Don Bernabé González de Amarilla, Comisario del Santo Oficio de la Inquisición, recibió del Capitán Sebastián de la Higuera Matamoros, su sobrino, como persona que ha sucedido en el mayorazgo de la Higuera, diez mil pesos de oro común que por cláusula de la escritura de fundación le mandaron sus padres Don Francisco Hernández de la Higuera y Doña María González de Amarilla, luego que tomasen posesión del dicho mayorazgo.
Don Francisco Hernández de la Higuera y su esposa, doña María González de Amarilla, vecinos de la ciudad de la Puebla de los Ángeles, fundan un mayorazgo en favor de su hijo primogénito don Andrés Pérez de la Higuera y de los otros llamados después de esta escritura, sobre un ingenio nombrado La Santísima Trinidad, sus casas principales, jacales, tierras, ganados, cañaverales, negros esclavos y una huerta de árboles frutales, valorados en más de 800 000 pesos de oro común.
El Capitán Don Sebastián de la Higuera Matamoros, dueño de este ingenio y poseedor del mayorazgo impuesto en el ingenio de la Santísima Trinidad, habiéndose convenido con su tío Don Diego Hernández de la Higuera, vecino de la ciudad de México, quien tiene una renta de 3 000 pesos anuales en el dicho mayorazgo, en rebajarle 1 000 pesos anuales durante ocho años desde el año de 1637; y por las muchas necesidades de su tío, no le ha descontado cosa alguna, y deseando el Capitán Don Sebastián de la Higuera ayudarle para ir pagando a sus acreedores, le perdona y hace gracia y donación de los 8 000 pesos para no descontárselos de su renta.
El Capitán Don Francisco de la Higuera Matamoros, dueño de este ingenio, revocó el poder dado al Capitán Diego de Sanabria Sepúlveda, mercader, vecino de la ciudad de México, y otros a diferentes personas; y ahora dio su poder cumplido a su tío el Lic. Don Diego Fernández de la Higuera, domiciliario del Arzobispado de la ciudad de México, y al Doctor Don Antonio Caravallo Dávila, abogado de la Real Audiencia de dicha ciudad, para en la aprehensión, tenencia, y posesión, ajuste y entero del mayorazgo que posee como llamado a él por muerte de su padre el Capitán Don Sebastián de la Higuera Matamoros. Y generalmente, para en todos sus pleitos, causas y negocios civiles y criminales que al presente tiene o adelante tuviere.
El Capitán Don Francisco de la Higuera Matamoros, poseedor del mayorazgo e ingenio nombrado La Santísima Trinidad, revocó un poder dado a su tío el Lic. Don Diego Fernández de la Higuera, clérigo, vecino de la ciudad de México, y de nuevo dio su poder cumplido a su hermano el Alférez Don José de la Higuera Matamoros y a Juan de Cisneros, Procurador de Causas en la Real Audiencia de la ciudad de México, para que en su nombre pidan cuentas y las ajusten o liquiden con cualesquier personas o con quienes las haya tenido; generalmente, para en todos sus pleitos, causas y negocios civiles y criminales que tiene o adelante tuviere.
Don Fernando Niño de Córdoba de la Higuera dueño del ingenio de fabricar azúcar nombrado la Santísima Trinidad, como marido y conjunta persona de doña Josefa Petronila de la Higuera Matamoros, sucesora de dicho vínculo y mayorazgo, otorga poder especial a José de Ledezma, Procurador de Número de la Real Audiencia de México, para que en su representación reciba y cobre a los que le deban de sus bienes, herederos, y demás bienes raíces que le pertenecen por lo que le tocan, así por obligaciones, conocimientos y vales otorgando cartas de pago.
El Capitán Fernando Niño de Córdoba de la Higuera, vecino de la Ciudad de Tlaxcala, residente en su ingenio nombrado la Santísima Trinidad, como marido y conjunta persona de doña Josefa Petronila de la Higuera Matamoros, sucesora del vínculo y mayorazgo que tiene el Capitán don Francisco de la Higuera Matamoros, su padre, en virtud del poder que su esposa le dio, vende a Juan Bravo de Alarcón 2 caballerías de tierra ubicadas en términos de este pueblo en la cañada de San Andrés, en el paso del Río del Potrero, en un altillo que corre hacia los montes, mismas que hizo merced el Marqués de Salinas, Virrey de esta Nueva España, a Francisco Melián y compró don Andrés Pérez de la Higuera y Catarina Ruiz, su mujer en 1617. La venta se hace en 300 pesos de oro común.
Doña Eugenia Francisca de Amilibia Guraya y Lezama, viuda del Capitán Don Francisco de la Higuera Matamoros, como madre y tutora de Doña Josefa Petronila de la Higuera Matamoros, sucesora del Mayorazgo de la Higuera, dio su poder cumplido al Lic. Don Juan de Dios Ocampo, presbítero, domiciliario del Arzobispado de la ciudad de México, para que en su nombre celebre y otorgue una escritura de transacción con dos pensionarios del Mayorazgo de la Higuera, con el propósito de que acepten 400 pesos de renta anuales cada uno, ínterin que se da en arrendamiento el ingenio La Santísima Trinidad.