El Capitán don Hipólito del Castillo de Altra, albacea testamentario del Capitán Gaspar del Monge y Mendoza y doña María Altamirano, difuntos, vecinos que fueron de esta villa de Córdoba, usando de dicho nombramiento, dijo que tiene principiados los inventarios de los bienes que quedaron por fin y muerte de los susodichos y que por la presente escritura continua con ellos, haciendo ahora inventario de los bienes que componen esta hacienda de trapiche, nombrada Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, que era propiedad de los difuntos, entre cuyos bienes destacan: Una casa que fue de su morada, de madera embarrada, cubierta de zacate, con sala y recama, con sus puertas y ventanas de cedro. Una casa de trapiche que está sobre horcones y cubierta de zacate, con una molienda corriente en ella. Una casa de calderas de cal y canto, cubierta de teja, con su colgadizo de hornallas. Un asoleadero de cal y canto; una casa de purga; una casa que sirve de carpintería; una cocina de madera, cubierta de zacate; una caballeriza; una casa donde vive el mayordomo; diecinueve chozas cubiertas de zacate donde viven los esclavos y sirvientes de la hacienda. Diferentes muebles de casa, cajas, camas, colchones, ropa de cama. Nueve libros de diferentes tamaños, viejos. Tres pares de grillos, dos palos con sus cadenas y grilletes, dos carlancas de bronce. Un pozo en el patio, con su brocal, de cal y canto su pila. Diferentes cantidades de bueyes, machos, yeguas, caballos y mulas. Once suertes de caña de diferentes edades y nombres. Un negro nombrado José, trapichero, Loango, de treinta años de edad; María, su mujer, negra Conga, de treinta y dos años; Alonso, negro rayado de veintiocho años; Juan gachupín, negro Congo, de treinta y cinco años; Magdalena, negra Carabalí, de treinta años; Pablo, criollo de la Habana, de cuarenta años; Pedro de la Cruz, negro francés, de veintitrés años; Juan Ventura, Cabo Verde, negro de treinta años, y Nicolasa, su mujer, mulata de veintidós años, y su hijo mulato; Miguel, negro popo, maestro de hacer azúcar, de cuarenta años, y Marta, negra Carabalí, de cincuenta y cinco años, con tres hijos; entre otros esclavos y bienes que se mencionan.
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Don Bernabé de Figueroa y Mendoza, natural del pueblo de Cosamaloapan, vecino de esta jurisdicción de la villa de Córdoba, hijo legítimo del Capitán don Andrés de Figueroa y Mendoza, vecino de la ciudad de Oaxaca, y de Catalina de Rosales, difunta, otorga su testamento en el cual declara que estuvo casado con doña María [Álvarez] Blanco, difunta, hija del Capitán Joseph [José] Blanco y de doña Francisca Jiménez [de Encinas], cuyo suegro le entregó por dote 4 000 pesos de oro común, con los cuales fundó la hacienda de trapiche San José Toluquilla y pagó parte del valor de sus tierras, porque lo demás quedó a censo, y al morir su esposa hizo carta de obligación a favor de su suegro por los 4 000 pesos que le está debiendo aún, los cuales manda se le paguen de sus bienes. Declara que de dicho matrimonio no procrearon hijos. Por bienes dice tener esta hacienda de trapiche de hacer azúcar y panelas, compuesta por dos sitios de ganado menor; casas de vivienda, caldera, molienda y de la gente de servicio; 7 suertes de caña dulce; dos calderas; los esclavos Manuel, negro Mina, maestro de azúcar; Joseph [José], negro Congo; Miguel de Rosales, negro Loango; Gabriel García, negro Nitemo; Joseph [José], negro Mandinga; Diego de la Cruz, mulato, y Gertrudis, negra, su mujer, y Diego, mulato, su hijo; María, negra de siete años; y Juliana, negra muy vieja; Antonio de la Cruz, negro, a quien tiene en Cosamaloapa ganando jornal; y una molienda corriente con otros pertrechos y adherentes del trapiche, entre otros bienes. Nombra como albacea testamentario a su suegro y a don Francisco Valero Grageda [Grajeda], su hermano, y como herederos universal al Capitán don Andrés de Figueroa y Mendoza, su padre.
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