El General Don Juan Velázquez de la Cadena, dueño del ingenio de San Pedro Buenavista, y Doña Juana Josefa de Orduña Loyando y Sousa, su legítima mujer y dueña de dicho ingenio, dieron carta de libertad a Juan de Sevilla, negro criollo de la ciudad de Sevilla, de 48 años de edad, hijo legítimo de Juan de la Cruz y de Lucrecia de la Cruz, esclavos negros que fueron del General Don Fernando de Sousa [Suárez], Caballero de Santiago, y abuelo de la otorgante; el cual esclavo le cupo en dote a su madre Doña Juana María de Sousa Farfán de los Godos, y el día de hoy lo libertaron del cautiverio y servidumbre en que se hallaba sujeto.
INGENIOS
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El Capitán Don Carlos Antonio de Luna y Arellano, vecino y labrador en la provincia de Tepeaca, criador de ganado menor, dio en arrendamientos los naturales y común de Chiacuacentepec, en la jurisdicción de La Antigua Veracruz, un sitio de tierras de ganado mayor nombrado Salcoyan, en términos de dicho pueblo, desde el lindero de dicho sitio hasta el lindero del ingenio de Almolonga, con exclusión de la Mesa que llaman de Juan de Orantes, por tiempo de 9 años , a partir de hoy día de fecha, al precio de 6 pesos de oro común anuales.
Don José de Ceballos y Burgos, dueño del ingenio, dio en arrendamiento a Juan de Chávez, vecino de esta provincia, un rancho (San Sebastián) con todas las tierras, aguas, entradas y salidas de su propiedad; el cual linda por una parte con tierras del pueblo de Naolingo; y de la otra, en la banda del sur y del poniente, con tierras del otorgante, por tiempo de 6 años, a partir del 1° de enero de 1643, en el precio de 220 pesos de oro común en el primer año, y 200 pesos en cada 1 de los 5 años restantes, adelantados.
Francisco Fernández, residente en el ingenio de azúcar nombrado San Pedro [Buena Vista], jurisdicción de Jalapa, se obligó a pagar a Diego López Maldonado, vecino de esta provincia, 52 pesos de oro común, precio de una mula cerrera, para fin del mes de octubre del presente año.
Lázaro Francisco, vecino de la provincia de Jalapa, como heredero y albacea de su madre Ana Díaz, y su hermano Luis Hernández, asimismo como albacea y heredero de la susodicha, venden al Capitán Roque Gutiérrez de Ceballos, dueño de su ingenio, cuatro piezas de esclavos, dos varones, bozales, llamados Franciscos, de nación Angola, de 20 años de edad, poco más o menos, que hubieron de Francisco González Gallón, mercader de negros; y una negra llamada María Arará, con una niña amulatada, de tres años de edad, su hija, libres de hipoteca, empeño y enajenación, por el precio de 1100 pesos de oro común, horros de alcabala, los cuatro esclavos.
El Bachiller Bartolomé Gutiérrez, presbítero en el ingenio del Capitán Roque Gutiérrez de Ceballos, en esta provincia de Jalapa, vende a Esteban de Valladares, mercader, vecino de Jalapa, un negro llamado Gaspar, más ladino que bozal, de nación Angola, de 16 años, sujeto a servidumbre, libre de hipoteca, empeño y enajenación, por el precio de 300 pesos de oro común.
Francisco Ramos, como albacea de su hermano Juan Ramos Sotomayor, vende a don Andrés Pérez de la Higuera, dueño de su ingenio en esta provincia, un negro llamado Josepe, ladino, de 12 a 14 años de edad, libre de hipoteca, empeño ni enajenación, por el precio de 200 pesos de oro común, horros de alcabala.
Andrés Rodríguez, administrador del ingenio de Alonso de Villanueva que quedó por fin y muerte, se obligó a pagar a Lorenzo Alfonso, vecino de la nueva Veracruz, 400 pesos de oro común, precio de un negro llamado Juan, criollo de Jamaica, para el 15 de mayo de 1616, todos juntos en una paga.
Francisco Pérez Romero, dueño de su ingenio en esta provincia, Melchor de los Reyes y Francisco García, vecinos de la provincia de Jalapa, los dos últimos acreedores del primero, se convinieron en esta manera: Melchor de los Reyes y Francisco García cancelaron dos escrituras de obligación, a cambio de que Francisco Pérez Romero se obligue a pagarles 1 344 pesos de oro común a ciertos plazos.
Antón Macías, residente en el ingenio de Juan Díaz Matamoros, en esta jurisdicción, dio su poder cumplido a Francisco Vidal, piloto de la carrera de Nueva España, para que lo represente en todos sus pleitos, causas civiles y criminales y para que pueda cobrar cualesquier maravadís, pesos de oro, joyas, esclavos, mercaderías, bienes raíces y muebles que le debieren.