El Capitán Don Sebastián de la Higuera Matamoros,dueño de los ingenios de la Santísima Trinidad y la Limpia Concepción de Nuestra Señora, dio su poder cumplido a su primo Don Alonso Gutiérrez de Ceballos, vecino de esta provincia, para que en su nombre venda en la ciudad de Los Angeles o donde le pareciere, mil arrobas de azúcar blanca de sus ingenios y 500 fanegas de trigo de la hacienda de San Mauricio, en la jurisdicción de Tepeaca, a los precios que hallare.
INGENIO LA SANTÍSIMA TRINIDAD
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Concierto entre María Rodríguez, vecina de Jalapa, curadora de sus menores hijos, y Don Sebastián de la Higuera Matamoros, en el cual el segundo se obligó a pagar a la primera, 400 pesos de oro común del alcance que le hizo del tiempo que Andrés Rodríguez, padre de la susodicha, difunta, sirvió como mayordomo en el ingenio La Santísima Trinidad, para de la fecha de esta carta en un año.
El Capitán Don Antonio de Orduña Loyando, dueño del ingenio San Pedro Buenavista, en esta jurisdicción, se obligo a pagar a la Santa Iglesia Catedral de la cuidad de Puebla de los Angeles y a los señores administradores del Cofre de la masa general de ella, 466 pesos de oro común que montaron del diezmo de los azúcares y mieles; los 67 pesos y 7 granos que restan del año de 1661; y los 243 pesos 7 tomines y 6 granos, del año de 1662; y los 9 pesos y 6 tomines de costas; y los 145 pesos 1 tomín y 8 granos, valor de 110 panes de azúcar que recibió del Lic. Don Juan de Bañuelos Cabeza de Vaca, de cuenta de Doña Josefa de Arellano y de Irala que paga el ingenio la Santisima Trinidad, que a 11 libras cada pan y la arroba de azúcar a tres pesos, como está corriente y al respecto las mieles, hacen dichos pesos,
Doña Josefa de Arellano y de Irala, viuda del Capitán Don Sebastián de la Higuera Matamoros, vecina de esta provincia, por los muchos servicios que ha recibido y otras justas que le mueven, dio carta de libertad de Juan [de]Arellano, mulato blanco, de 22 años de edad, hijo de Elena de Arellano, negra criolla de la ciudad de Veracruz, que entre otras cosas le donó su padre el Capitán Don Ramiro de Arellano, fuera de la dote que llevó a poder de su marido.
Matías Lorenzo, maestro de hacer azúcar en el Ingenio de La Santísima Trinidad, dio carta poder a Francisco Hernández de la Higuera para que en su nombre pueda cobrar cualesquier pesos de oro que le debieren en esta Nueva España.
El Capitán Don Sebastián de la Higuera Matamoros, residente en este ingenio de La Santísima Trinidad y señor del de Nuestra Señora de la Concepción, en esta provincia, reconoció un censo de 14 000 pesos de principal y 700 pesos de renta anual, cargado en el ingenio de Nuestra Señora de la Concepción, en favor de Doña María de Cárdenas y su marido, por segundas nupcias, Don Bernardino de Mena, vecinos de la ciudad de Los Ángeles.
El Capitán Don Sebastián de la Higuera Matamoros, dueño de este ingenio y poseedor del mayorazgo impuesto en el ingenio de la Santísima Trinidad, habiéndose convenido con su tío Don Diego Hernández de la Higuera, vecino de la ciudad de México, quien tiene una renta de 3 000 pesos anuales en el dicho mayorazgo, en rebajarle 1 000 pesos anuales durante ocho años desde el año de 1637; y por las muchas necesidades de su tío, no le ha descontado cosa alguna, y deseando el Capitán Don Sebastián de la Higuera ayudarle para ir pagando a sus acreedores, le perdona y hace gracia y donación de los 8 000 pesos para no descontárselos de su renta.
Testamento de Vicente Rodríguez Cabaco, vecino del ingenio nombrado La Santísima Trinidad, hijo legítimo de Gaspar Rodríguez y de Beatriz Rodríguez Cabaco, vecinos que fueron de la Villa de San Lúcar de Guadíana, reinos de Castilla de donde es natural.
Doña Josefa de Arellano y de Irala, como administradora de este ingenio y de las demás haciendas de su esposo Don Sebastián de la Higuera Matamoros, se obligó a pagar a Alonso Jiménez Merino, vecino de la ciudad de México, 350 pesos de oro común, que para ciertos avíos del ingenio La Santísima Trinidad le prestó en reales de contado los 200 pesos para el día de Pascua de Navidad del presente año, y los 150 restantes, para fin de febrero de 1657.
El Capitán Don Francisco de la Higuera Matamoros, dueño de este ingenio, revocó el poder dado al Capitán Diego de Sanabria Sepúlveda, mercader, vecino de la ciudad de México, y otros a diferentes personas; y ahora dio su poder cumplido a su tío el Lic. Don Diego Fernández de la Higuera, domiciliario del Arzobispado de la ciudad de México, y al Doctor Don Antonio Caravallo Dávila, abogado de la Real Audiencia de dicha ciudad, para en la aprehensión, tenencia, y posesión, ajuste y entero del mayorazgo que posee como llamado a él por muerte de su padre el Capitán Don Sebastián de la Higuera Matamoros. Y generalmente, para en todos sus pleitos, causas y negocios civiles y criminales que al presente tiene o adelante tuviere.