Doña Josefa Nicolasa de Acosta, viuda del Capitán Nicolás de Guevara, vecina de Jalapa, dijo que otorgó una obligación por 361 pesos a don Ventura de Taranco y Gortazar, que le debía de harinas, cantidad que dicho Ventura libró contra la otorgante a favor de don Juan Esteban de Elías para que le fuese satisfaciendo, de lo que sólo pudo entregar a cuenta más que 100 pesos debido a su avanzada edad y suma pobreza, restándole 161 pesos, por lo que propuso a su acreedor se contentase con una obligación para que de sus bienes les satisfagan sus herederos, por lo que Ventura declaró que le hacía donación del resto a María de Guevara, nieta de la otorgante; por lo dicha Josefa Nicolasa, a través de este codicilio manda a sus herederos paguen la cantidad señala a su nieta María de Guevara.
HARINA
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José Antonio Bremón, vecino del pueblo de Jalapa, se obliga a pagar a don Antonio Beau, del Comercio de España, la cantidad de 105 pesos por concepto de harinas, los cuales cubrirá en el periodo de 6 meses.
Don Pablo Álvarez y doña María Josefa Urriaga, marido y mujer, mayores de edad, de esta vecindad, ella con previa licencia de su consorte, dijeron que para fomentar el giro que de bizcochería que ambos tienen, les ha ministrado harina don Ramón Álvarez, a quien de esa procedencia le adeudan la cantidad de 300 pesos, además de que les ha franqueado en numerario 200 pesos que utilizarán para pagar a don Manuel Patiño, por deuda que tenían con él. Siendo el total de crédito de 500 pesos, mismos que se obligan a pagar en el término de 2 años, contados de ahora, y con premios de 8 pesos mensuales. Para seguridad de esta deuda, hace hipoteca y graba la Urriaga, una casita que heredó de su difunto padre, ubicada en esta ciudad, en la plazuela que se denominó antiguamente del Rey, y hoy se llama de la Constitución, haciendo frente al oriente con casa alta arruinada de los herederos del licenciado Durán, lindando por el norte con casa de don Antonio María de Casas, que antes fue de don Andrés Rodríguez, por el costado del sur con casita que fue una misma con la que ahora se trata y se dividió para doña Juliana Urriaga, quien la vendió a [José Mariano] Lucido al cual pertenece actualmente, y por la espalda que es el poniente con patio del mismo Lucido y de la casa del mismo diezmo.
Sans titreEl Capitán don Diego Mardones Barahona, Corregidor en esta provincia, Juez de Caminos y de Registros, dijo que por ordenanza del virrey, se mandó que desde primero de junio de cada año hasta otro día después de San Francisco, que es 5 de octubre, ninguno de los carreteros, chirrioneros, ni recuas, bajen a la ciudad de la Nueva Veracruz, por el riesgo que corren por las aguas, ríos y otros inconvenientes que requieren remedio. Así también, que se notifique a los dueños de los molinos no les vendan cargas de harina sin primero hacer el registro de las mulas e indios que traen en sus servicios, y si pasaren sin hacerlo, se les aplique la pena de 30 pesos de oro común.
Autos para que Juan Hernández, vecino de este pueblo, depositario y fiador de Cristóbal Gutiérrez de Huesca, de la misma vecindad, entregue 15 cargas de harina de trigo, a Juan de Viruega, apoderado de Alonso García, tratante, vecino de la ciudad de Tepeaca.
Álvaro Correa se obliga de entregar a Antonio de Aguilar o a Juan de la Rea, o a la persona que los susodichos mandaren, 40 quintales de harina hecha de trigo, puesta y entregada en el puerto de San Juan de Ulúa, los cuales son por los que el susodicho Antonio de Aguilar le pagó en reales de plata, a 18 reales quintal.\n\n
Juan Blanco, vecino de Orizaba, vende a Francisco Rodríguez, tratante, 500 quintales de harina, a 17 reales quintal, puesta y entregada en la ciudad de Veracruz.
Juan Buitrón, vecino de la ciudad de la Veracruz, como principal pagador y Juan de la Rea, como fiador, se obligan de pagar a Juan Hernández, vecino del pueblo de Tlalixcoyan, 720 pesos de oro común, los cuales son por razón de 340 quintales de harina, que el susodicho recibió compradas, puestos en el puerto de San Juan de Ulúa.\n\n
Martín Buchan, arriero, se obliga a pagar al muy reverendo Padre Tomás Ruiz de Zúñiga, 310 pesos, 1 tomín y 6 granos de oro común, los cuales le debe por otros tantos pesos de oro común que ha tomado a cobrar de Juan González de Buitrón, que los debe de 95 quintales y una arroba de harina.\n
Bernardo de Roxas [Rojas], vecino de esta villa de Córdoba, y natural de San Pedro de Quemades [sic] a Raya [Frontera] de Galicia y Portugal, hijo de Agustín Rodríguez y Cathalina [Catalina] Domínguez, difuntos, otorga su testamento en la manera siguiente: Manda que se cuerpo sea amortajado con el hábito y cuerda de San Francisco y sepultado en la iglesia parroquial de esta villa. Ítem manda que de sus bienes se den 4 pesos para la obra material del convento de San Antonio que está en esta villa. Declara que fue casado con Melchora de los Reyes, quien llevó de dote al matrimonio cuatro machos aparejados, que valían 100 pesos, y él tenía de caudal hasta 500 pesos. Durante el matrimonio procrearon a Isabel de Rojas la cual puso en estado con Juan López de Villardoy. Ítem declara por sus bienes la casa de su morada de piedra y madera, con medio solar en que está edificada, con 25 varas de frente y 50 de fondo; tres esclavos; dos pilas de tabaco; [roto] cargas de harina; una tiendecilla de géneros comestibles; un rancho en el que tiene dos caballos y una mula, jacales de vivienda, herramientas, una troje de maíz mazorca que tendrá 80 o 90 fanegas poco más o menos. También declara por más bienes 400 pesos en reales que tiene en su caja, su ropa de vestir y trajes. Declara como sus deudores a Juan de la Cruz de cargas de tabaco; a Salvador de Urieta de 24 pesos; al Alguacil Mayor Juan de Soto Noguera de 40 pesos; a Juan de Alcalá de 40 pesos; al Capitán Lope de Yribas [Iribas] de 100 pesos, y a otras personas más, a los que manda se les cobre. Señala que él solamente le debe 8 pesos a la cofradía de Nuestra Señora del Rosario, sita en el convento de Santo Domingo de la ciudad de los Ángeles. Nombra por albacea testamentario, cumplidores y pagadores a Isabel de Roxas [Rojas], su hija, a Juan López de Villardoy y a Francisco Machado, sus nietos, a quienes también les da poder de albaceazgo. Por último nombra por su universal heredera a Isabel de Roxas [Rojas]
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