Rodrigo de Vivero, Caballero del Hábito de Señor Santiago, digo “que por cuanto Juan Rodríguez de Villegas y Gaspar de Quintana, vecinos de la ciudad de México, han tenido a cargo el beneficio y administración de los azúcares que de este ingenio yo he enviado a la ciudad de México, para vender y beneficiar, y asimismo que han enviado de la dicha mi hacienda, criados y mayordomos míos, los tributos de dinero y maíz que me deben y acostumbran pagar los indios del pueblo de Tecamachalco y sus sujetos que yo tengo en encomienda, los cuales y cobrado el dicho Juan Rodríguez de Villegas, habiendo hecho la cuenta con los susodichos y cada uno de ellos, doy por libres y finiquito de todos y cualquier pesos de oro, azúcares, maíz y esclavos y otros cualesquier bienes míos que en cualquier manera hayan estado en su poder”.
FINIQUITOS
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Baltazar Vázquez de Herrera, vecino al presente en Jalapa, y Bartolomé de Contreras, vecino de esta provincia, fenecieron sus cuentas y en ellas el primero le resta debiendo al segundo 2 069 pesos de oro común, mismos que fueron librados en Francisco Pérez Romero, persona que compró el ingenio de azúcar de Baltazar Vázquez de Herrera, con lo cual Bartolomé de Contreras se dio por pagado.
Concierto entre Baltazar Vázquez de Herrera, vecino de esta provincia, y Melchor Palomino en el cual, para finiquitar un pleito sobre una esclava negra que se hallaba enferma, el primero le devolvió al segundo 100 pesos de oro común, de los 310 pesos que había costado la referida negra.
Finiquito de cuentas entre el Capitán Don Sebastián de la Higuera Matamoros y Don Fernando Ruiz de Córdoba y Arellano, el primero como administrador y tenedor de los bienes del segundo, según cláusula del testamento de Don Ramiro de Córdova y Arellano, padre de Don Fernando, cuyas partidas sumaron 64 646 pesos y 6 gramos de oro común. Aceptada esta escritura por ambas partes, Don Sebastián declaró haber recibido 20 000 pesos de la dote de su mujer Doña Josefa de Irala y Arellano, hija y heredera de Don Ramiro de Córdoba.
Diego de la Torre Arnate, y su esposa, María Pérez de la Higuera, vecinos de Jalapa, la susodicha con licencia de su marido declaró que su cuñado el Tesorero Pedro González del Castillo, vecino de Coatepec, desde que murió su padre la llevó a su casa junto con una esclava suya nombrada Micaela Pérez, negra criolla, con otros trastes, joyas y ropa que heredó de sus padres, y hasta que tomó estado con Diego de la Torre, su cuñado Pedro González del Castillo la ha criado y curado en sus enfermedades, sin haberle disipado cosa alguna de lo que entró en su poder, todo lo cual se lo entregó en su casamiento junto con otras cosas adicionales que le dio. Atento a lo expresado, la otorgante dijo que daba por libre a su cuñado, y le hizo carta de pago y finiquito en forma.
Concierto y finiquito de cuentas entre Baltazar Vázquez de Herrera y Alonso García de la Torre sobre la compañía que formaron para trabajar en el trapiche de Xalatengo, ubicado en esta provincia.
Domingo [de] Merodio, vecino de esta villa, en nombre de Balthazar [Baltazar] Díaz Pérez, vecino y mercader de la ciudad de la Puebla, otorga que ha recibido de Francisco Machado, vecino de esta dicha villa, “ciento setenta y [roto]” y tres reales por los mismos que el susodicho estaba debiendo a Baltazar Díaz de cantidad de mercaderías que le dio de su tienda; por tanto le concede carta de finiquito.
NICOLÁS DE ESTRADA, ESCRIBANO REAL Y PÚBLICOJoseph Phelipe [José Felipe] de Villar y Estrada, vecino de la Nueva ciudad de la Veracruz, otorga que ha recibido de don Alonso López [de] Sagade [de Burgueiro], vecino de esta villa, 1 613 pesos de oro común en reales por otros tantos que el susodicho le era deudor, por lo que se dio por entregado y otorgó carta de finiquito.
NICOLÁS DE ESTRADA, ESCRIBANO REAL Y PÚBLICOCristóbal de Lozana Salazar, vecino de Jalapa, y Vicente Rodríguez Ruiz, vecino de la nueva ciudad de Veracruz, hicieron cuentas hasta hoy día de la fecha y las dieron por finiquitadas, sin deberse el uno al otro ninguna cosa.
Vicente Lorenzo, vecino de Jalapa, y Francisco Luis, de la misma vecindad, finiquitaron sus cuentas y el primero quedó debiendo 300 pesos de oro común al segundo, para ganar dicho alcance, Vicente Lorenzo le vende una negra llamada María, de nación Angola, por el precio de 400 pesos de oro común.