María de la O Palacios, vecino del ingenio La Santísima Trinidad, dijo haber comprado al Alférez Don Sebastián Sánchez de las Fraguas, una casa en este pueblo, de cal y canto, cubierta de teja, ubicada en la Calle Real que sale de la plaza para el camino de la Veracruz, en el precio de 150 pesos de oro común, su fecha en este pueblo, a 24 de diciembre de 1683. Y ahora, declaró que dicha casa la compró para Gregorio García Cortés y con su propio dinero, y por inadvertencia de la otorgante, no había hecho esta declaración; y ésta, junto con la escritura de la casa, le sirva de título al dicho Gregorio García Cortés, su yerno.
DECLARACIONES
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Ante el Alcalde Mayor de Jalapa, Don Juan Ochoa de Lejalde y Reynoso, testigo instrumental firmado en el dicho testamento, dijo que vio morir naturalmente a Don Andrés Pérez de la Higuera, cuyo cuerpo de presente está en el ataúd, y el escrito que le mostraron cerrado y sellado, es el mismo que otorgó Don Andrés Pérez de la Higuera en su presencia.
El Alcalde Mayor de Jalapa, recibió juramento de Don Francisco Ochoa de Lejalde y Reynoso por Dios y la señal de la cruz en forma, y siéndole mostrado el testamento, dijo que el domingo en la noche vio morir naturalmente en este ingenio a Don Andrés Pérez de la Higuera, su tío, cuyo cuerpo está de presente en el ataúd, y el escrito que le es mostrado es el mismo que otorgó el sábado en la noche en presencia del presente escribano.
Juan Salvador Barba, vecino del pueblo de Huamantla, jurisdicción de Tlaxcala, dijo haber comprado al Alférez Nicolás Sánchez de Medina, vecino de la Villa de Córdoba, un negro nombrado Manuel, de nación Angola, de 22 años de edad, en el precio de 400 pesos, según consta por una escritura que pasó ante Juan López Gallegos, escribano de Su Majestad, en las tierras de labor de los herederos de Juan Montiel, jurisdicción de la ciudad de Los Ángeles, el 5 de diciembre de 1676; sin embargo de lo cual, declara que dicho negro en realidad lo compró para el Capitán Don Francisco de la Higuera Matamoros, dueño del ingenio nombrado La Santísima Trinidad, pues lo pago con su dinero, por esta razón renunció y traspasó la propiedad del esclavo en el susodicho.
Ante el Alcalde Mayor de Jalapa, Juan Arias, cirujano de este ingenio juró en forma de derecho de decir la verdad, y siéndole mostrado el testamento cerrado y sellado, dijo que vio morir el domingo en la noche a Don Andrés Pérez de la Higuera, cuyo cuerpo de presente está en el ataúd, y el escrito que le es mostrado es el mismo que otorgó el susodicho el sábado en la noche.
Don Juan de Medina Caraveo, vecino de Jalapa, dijo estar casado con Ana de Mojica, hija legítima de Juan de Mojica y de Tomasa García, difuntos, vecinos que fueron de este pueblo; asimismo, declaró que recibió 200 pesos de oro común, de ciertos bienes que heredó de su mujer; y otros 200 pesos de oro común, los 100 se los mandó Catarina de Mora, madrina de su esposa, vecina que fue del Ingenio Chico; y los otros 100 pesos se los mandó el Lic. Don Juan Fernández de la Higuera, cura del Ingenio La Santísima Trinidad; cuyas cantidades suman 400 pesos y de los cuales otorga recibo como bienes dotales.
Ante el Alcalde Mayor de Jalapa, el padre Rector de la Compañía de Jesús, Diego González, testigo instrumental firmado en el testamento de Don Andrés Pérez de la Higuera, dijo que vio morir naturalmente a Don Andrés Pérez de la Higuera, dueño de este ingenio, que de presente está en el ataúd, y el escrito que le mostraron cerrado y sellado, es el mismo que otorgó en presencia de este testigo el susodicho.
Doña María González de Amarilla, como usufructuaria del ingenio La Santísima Trinidad y de los demás bienes y haciendas que quedaron por fin y muerte de su esposo, Don Francisco Hernández de la Higuera, y Don Andrés Pérez de la Higuera, su hijo mayor, y marido de Doña Francisca Díaz Matamoros, declaran que los 20, 000 pesos que le deben a la mujer e hijos de Felipe Gómez, difunto, los debe el ingenio La Santísima Trinidad y todos los demás bienes vinculados, y no la referida Doña Francisca Díaz Matamoros, ni su dote ni arras, porque con ellos se pagó parte de la dote de Doña Catalina Márquez de Amarilla, hija y hermana de los susodichos, y esposa de Tomás de Suasnabar y Aguirre, vecino de la ciudad de México, en cumplimiento de una cláusula contenida en la escritura de fundación del Mayorazgo de la Higuera.