Gaspar Hernández, confitero de la ciudad de Los Ángeles, declaró que el poder que le dio Gerónimo González lo sustituyó en Antonio Luis, vecino de esta provincia.
CONFITEROS
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Cristóbal de Salazar, mercader, vecino de Jalapa, y Juan de Sosa del Castillo, confitero, vecino de la nueva ciudad de la Veracruz, se convinieron en esta forma: que el dicho Cristóbal de Salazar se obligó a entregar a Juan de Sosa una tienda en este pueblo con 600 pesos de mercaderías, para el día de Pascua de Navidad del presente año, y el dicho Juan de Sosa se comprometió a comprarle la referida cantidad en mercaderías, de contado, el día del entrego de la tienda.
Miguel Hurtado, vecino de la nueva Veracruz, dio su poder cumplido a Juan de Sosa del Castillo, confitero de la misma vecindad, para que venda en su nombre, en la provincia de Jalapa, un esclavo negro llamado Juan, de tierra Bañon, bozal, recién venido de Guinea, por el precio que le pareciere y más hallare.
Pedro Miguel Martínez, vecino del pueblo de Jalapa, y Nicolás Monfillo, oriundo de los reinos de Castilla, residente en este pueblo y de oficio confitero, dijeron que han convenido en asociarse para la fabricación de confitería; Pedro se obliga a habilitar con azúcar, frutas y demás que sea necesario para ello, y dicho Nicolás participará con la mano de obra, bajo las condiciones y calidades que se mencionan en esta escritura.
Vicente Ruiz, confitero, vecino de esta provincia de Jalapa, se obligó a pagar a Francisco de Orduña, residente en su ingenio, 430 pesos y 4 tomines de oro común, precio de 123 arrobas de azúcar, a 3 pesos y 4 tomines arroba, para fines de agosto del presente año de 1609, todos juntos en una paga.
Juan de Sosa del Castillo, mercader, vecino de Jalapa, dio su poder cumplido a Juan López, mercader, y a Francisco de Mesa, confitero, vecinos de la nueva ciudad de la Veracruz, para que puedan cobrar en su nombre 32 arrobas de azúcar blanca de Francisco López, a cinco pesos y medio arroba; de Alonso Gutiérrez, 11 arrobas y 11 libras de azúcar blanca, a cinco pesos cada una; y de Juan Antonio, 50 pesos de oro común que restan de otros azúcares que le ha vendido, todos ellos vecinos de la nueva Veracruz.
Bartolomé de Contreras, vecino de esta provincia, dio su poder cumplido a Bartolomé González de Hortelano, maestro de hacer azúcar, o a Pedro de Villarreal, vecino de la Puebla de los Ángeles, para que en su nombre puedan cobrar de Marcos Gallardo, confitero, vecino de los Ángeles, 200 pesos de oro común de una cédula que le firmó.
Lázaro Martín, confitero, vecino de Veracruz, se obliga de pagar a Francisco Hernández de la Higuera, señor de su ingenio, 317 pesos y seis tomines de oro común que son el precio de 21 arrobas de azúcar blanca.