Juan Díaz Matamoros, Síndico del Monasterio de San Francisco, vende a Juan de Quiroz una sementera de caña de azúcar que dicho monasterio tiene junto al pueblo de Santiago, estancia sujeta a Jalapa, en 450 pesos de oro común.
CAÑAVERALES
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El Tesorero Diego de Gamboa, y su mujer, Sebastiana del Moral, dieron a censo redimible a Juan López Ruiz Matamoros, tío de doña Sebastiana, vecino de esta provincia, la mitad del ingenio nombrado San Sebastián Maxtlatlan, situado a 4 leguas de Jalapa, con todos los esclavos, tierras, aguas, cañaverales, ganados, aperos y demás cosas pertenecientes a dicha mitad, y un molino de agua de pan moler ubicado en este pueblo, cerca del Convento de San Francisco.
Diego González se obliga de pagar a Sebastián Méndez, 1000 pesos de oro común precio de tres suertes de cañas de azúcar que le vendió.
Francisco Pérez Romero y su esposa, Juana Martín, vecinos de Jalapa, se obligaron a pagar a Baltazar Vázquez de Herrera, vecino de la ciudad de Toledo, en los reinos de Castilla, y residente en este pueblo, 33 646 pesos de oro común que restan de 40 000 pesos, precio de un ingenio de azúcar con sus cañaverales, casas, calderas, esclavos, bueyes y caballos que hoy día le vendió, en la siguiente manera: 1 646 pesos, para fin de marzo de 1609, y para fin de diciembre de 1609 en adelante, pagará 4 000 pesos anuales hasta completar los 32 000 pesos en un lapso de ocho años.
Francisco Pérez Romero y Manuel Rodríguez de Maya, vecinos de Jalapa, se convinieron en esta manera: Francisco Pérez se obligó a moler en su ingenio de Xalatengo 170 carretadas de caña que Manuel Rodríguez tiene sembradas en Omiquila, para el acarreo cada uno pondrá 30 mulas aviadas de gente, y de los azúcares, mieles y diezmos, se han de partir por mitad.
Juan García Calleja, vecino de Jalapa, y Lorenzo de Herrera, vecino de esta provincia, formaron una compañía para labrar unas tierras del primero, ubicadas en términos de Jalapa, entre los cerros de Chichihualtepec y Ocelotepec, para sembrarlas de caña y otras semillas, por tiempo de seis años.
Juan de Quirós, vecino de esta provincia, se obliga a dar y pagar a Diego González, vecino de Jalapa, 650 pesos de oro común; que restan de todas las cuentas y ventas de cañaverales que el susodicho le hizo, para fines de agosto de 1602.
Juana Díaz, como tutora y curadora de sus hijos Bartolomé Pérez, Francisca y Francisco, forma una compañía con Juan de Quiroz y su mujer, Francisca de Yépez, sobre las tierras, cañaverales, esclavos negros, y un trapiche de moler azúcar nombrado Nexapa, una legua del pueblo de Jalapa.
El Contador Alonso de Villanueva, vecino de la provincia de Jalapa, hace gracia y donación a Juan de Quiroz de un día de agua extraída de su acequia cada semana, para que pueda regar sus cañaverales.