Juan García Calleja, vecino de Jalapa, dio carta poder a su yerno Rodrigo Hernández, para que en su nombre pueda cobrar cualesquier pesos de oro, caballos y ganados que le debieren en esta Nueva España.
CABALLOS
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Juan Díaz, vecino de la Puebla de los Ángeles, se obliga de pagar a Hernán Pérez de Castañeda, vecino de Jalapa, 60 pesos de oro común los cuales son el precio de un caballo.
Manuel Rodríguez, vecino de México, se obliga de pagar a Bernabé Salmerón, Alcalde Mayor de Jalapa, 45 pesos de oro común que son el precio de dos caballos.
Juan Martín Palacios, vecino de México, se obliga de pagar a Juan Díaz Matamoros, vecino de Jalapa, 113 pesos de oro común que son el precio de tres caballos y una silla.
Marcos Quintero, vecino de la Puebla de los Ángeles, se obliga de pagar a Bernabé Salmerón, estante en Jalapa, 116 pesos de oro común, los cuales son el precio de siete caballos de diferentes hierros.
Juan Pérez de Jáuregui, carretero vecino de México, se obliga de pagar a Juan Díaz Matamoros, 80 pesos de oro común que son el precio de un caballo rucio.
Dionisio de Medina, carretero vecino de México, se obliga de pagar a Sebastián Díaz, vecino de Jalapa, 324 pesos y cuatro tomines de oro común, los cuales son el precio de 29 novillos y dos caballos.
Urbán de Pineda, vecino de Veracruz, se obliga de pagar a Baltazar de la Bazares, vecino de la provincia de Jalapa, 58 pesos de oro común por razón de dos caballos que le vendió, y otros dares y tomares.
Gabriel de Mogoleán, carretero, vecino de México, se obliga de pagar a Manuel Rodríguez de Amaya, vecino de Jalapa, cien pesos de oro común, por razón de dos caballos castaños que le vendió.
Don Diego Larios[de Bonilla] para la dicha información presentó por testigo a Juan de Montejo, mulato, su criado, y preguntando por la dicha petición, dijo conoce a Don Diego Larios y que puede haber 20 días que hallándose este testigo en la estancia de Nautla, propiedad de Doña Ana María de Porras [Cuenca], vio en ella un caballo castaño del hierro del dicho Don Diego Larios, sin su hierro de venta; y tiene por muy cierto que el referido caballo es suyo, pues Don Diego no vende animales sin ponerle su hierro de venta.