Testimonio promovido por don Matías Santa María, vecino del Chico, para que se reconozca el testamento nuncupativo del finado presbítero don Fernando Ortiz de Zárate, vicario que fue de su pueblo, y se nombre a él como albacea, tal y como fue expresado en la disposición del presbítero; para dar cumplimiento a su última voluntad.
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Diligencias sobre apertura de testamento cerrado del presbítero don Félix Ruiz Ortiz de Zárate, cura de la doctrina de Tlacolulan, otorgado en esta ciudad de Xalapa el 5 de julio de 1832; primeramente, se presenta la solicitud de los albaceas, que lo son el presbítero don José Joaquín Ortiz, cura de la doctrina de Zacatlán de las Manzanas, y don José María R[odríguez] Roa, de esta vecindad, nombrados por codicilo, donde suplican se abra el testamento, se les devuelva el testimonio de codicilo para evitar confusiones; que los ciudadanos Florencio Aburto y José María Guerra, testigos de dicho testamento, reconozcan sus firmas y den testimonio de su presencia en el otorgamiento del testamento; que se presenten ciertas personas para reconocer las firmas de los testigos que están ausentes y de los que ya fallecieron; para que en presencia de los testigos se proceda abrir el testamento; y finalmente, abierto dicho testamento se sirva el alcalde a reducirlo a escritura pública, agregándolo el escribano a su registro. Posteriormente, se cita el codicilo y se presentan los testimonios de los testigos: José María Guerra, Florencio Aburto, Joaquín Guevara, Manuel Cosa, Ángel de Ochoa, Pedro Figueiras, José Manuel Laredo, Bernardo Sayago, José María Ruiz, Juan Nepomuceno César. Hecho esto se realizan los autos para abrir el testamento, en el cual el presbítero don Félix Ruiz Ortiz de Zárate dice ser originario de esta ciudad de Xalapa, hijo legítimo de don Félix Ruiz y de doña María Teresa Ortiz de Zárate, ya difuntos, en cuyo testamento ordena lo siguiente: Declara por bienes 2 800 pesos en poder de don Bernabé de Elías Vallejo, de este comercio; la casa de su habitación, ubicada en esta ciudad en la calle Nueva; otra casa chica en situada en la misma calle, cerca de la esquina que da vuelta para la de Belén; otra casa situada en la calle de la Caridad, de esta ciudad, que reconoce 380 pesos a favor de la cofradía de Ánimas de esta parroquia; la mitad del valor de la casa que actualmente habita su hermano, el presbítero don José María Ruiz, en esta ciudad, en la calle el Ganado, entre otros bienes. Manda que de sus bienes se den 200 pesos para ayuda en la construcción del templo que se está reedificando en el pueblo de las Vigas de la doctrina de Tlacolulan. Ordena se den 200 pesos para los pobres de la feligresía del Chico; 100 para los de Tlacolulan; 100 para los de la doctrina de Xicochimalco; y 100 para las mujeres pobres del pueblo de la Joya, de la referida doctrina de Tlacolulan. Ordena que a Teresa Ramírez, a María Gertrudis y a Carmen Hernández, sus sirvientas, se les den a cada una 200 pesos. Manda que a su compadre, Mariano de la Cruz, vecino de la Vigas, hijo de tío Santiaguito, se le den 150 pesos en legado. Ordena que las tres casas queden a disposición de su hermano, presbítero don José María Ruiz, para que disfrute de sus rendimientos, y luego que fallezca su hermano quedará la casa chica de la calle Nueva a beneficio del Beaterio de esta ciudad, para que sirva de auxilio a las niñas pobres que carezcan de recursos para permanecer en dicha casa de recogimiento. Y la casa de su morada y la de la calle de la Caridad, se consignen a la cofradía de Ánimas de esta parroquia, con la condición de que por cada casa digan por su alma doce misas cada año. Ordena que la mitad de la casa que le pertenece, una vez que fallezca su hermano se reparta entre sus tres sirvientas y entre Feliciana Díaz de Párraga y Juana Delgado, hija de doña Josefa Delgado. Y del remanente de sus bienes nombra como heredero a su hermano. Nombra como albacea testamentario a don Francisco Díaz Rosas, vecino y del comercio de esta ciudad, y a su hermano presbítero don José María Ruiz. Finalmente, se ordena registrar dicho testamento en el registro del escribano.
UntitledProtocolización del testamento de José Antonio Nieves Aguilar, en cuya última disposición nombró a su esposa, María Marcela Montiel, como única albacea y heredera que la parte de tierra que le pertenecen el trapiche del Rosario y ahí igualmente a su hijo político José Miguel Carmona, quien deberá recoger las escrituras para imponerse de ella, para que posteriormente se pongan en venta y recoger la parte que le toca al otorgante, la cual se dividirán en dos partes, una para su esposa y otra para sus dos hijas. Asimismo, se recogerá el pedazo de tierra que se cambió por una carga de panela y el pedazo de tierra de Homiquila [Omiquila] se venderá para darle la parte que a cada uno le toque. Recogido que sea todo, de la parte que a su mujer e hijos les toque se pagará su entierro, cinco misas a las ánimas y cinco a la Virgen del Chico. Ordena que el pedazo de tierra que tiene en la Isleta se venda para ayuda a pagar todo lo que se debe; la yegua con sus dos crías se venderá para pagar las rentas atrasadas del sitio que ocupa la casa; a su sobrino Juan José Aguilar se le cobrará una fanega de maíz por renta de la tierra Prieta; una escopeta que le dejó su difunto padre, su hermano Pablo [Aguilar] hizo uso de ella, por lo cual este deberá pagar 25 pesos por ella porque en eso está valuada, por estar guarnecida de plata; todo lo cual encarga a su hijo político [José] Miguel [Carmona]. Cuyo testamento se efectuó en Pajaritos el 8 de marzo de 1840.
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