Ignacio Parra, natural del pueblo de Teziutlán, con residencia en esta Villa, arriero, otorga su testamento; deja a las mandas forzosas y acostumbradas 2 reales de limosna; declara fue casado con Rita González, difunta, con quien hubo un hijo de 2 años; tiene entre sus bienes 28 mulas aperadas, una casa y dos solares en el pueblo de Teziutlán, cuyos títulos tiene su segunda albacea; declara no debe cosa alguna. Nombra como albacea a don Luis García y en segundo lugar a don José Manuel Ruiz, vecino de Teziutlán y como heredero universal nombra a su hijo Pablo.
ARRIEROS
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Pedro de Román, Miguel Hernández y Bartolomé Martín, venteros, en nombre de los mesoneros de la región dieron carta poder a Antonio Gutiérrez de Meza, para que perezca y pida a las autoridades virreinales, se les mande poner el maíz al precio que lo puedan vender a los arrieros y pasajeros.
Isabel de Gallegos, viuda de Alonso Bazo de Andrada, vende a Francisco García, arriero, del Valle de Atlixco, una esclava mulata con precio de 330 peso de oro común.
Tomás de Herrera, vecino de Jalapa, dio carta poder a Esteban Martín, arriero, para que en su nombre, reciba en la Ciudad de México una esclava negra nombrada Isabel, y la entregue a Pedro Buzón en la Ciudad de Veracruz.
Hipólito Hernández, dueño de la Venta de Lencero, dio carta poder a Hernando de Tordesillas, arriero, para que en su nombre cobre cualesquier pesos de oro común que le debieren en esta Nueva España.
Cristóbal de Lozana Salazar, mercader, vecino de Jalapa, dio su poder cumplido a Miguel Magdaleno, vecino de la ciudad de México, y a Juan de Olaez, su cajero, y a cualquiera de ellos in solidum, generalmente para en todos sus pleitos, causas civiles y criminales y para que pueda recibir y cobrar los maravedís, pesos de oro, plata, joyas, esclavos, mercaderías, derechos y acciones y otros bienes que le debieren; y de lo que recibiere, pueda dar las cartas de pago, finiquito y lasto que convengan; asimismo, para que pueda cobrar de los jueces oficiales reales de la ciudad de México y de la Real Audiencia, los pesos de oro que deban a Francisco de la Cruz, arriero, de los fletes de los soldados que llevó al puerto de Acapulco, en su derecho el otorgante sucedió por traspaso que le hizo el susodicho a cuenta de una escritura de mayor cuantía que le debe.