Doña Juana Juárez Durán, viuda de Lucas Cardeña Malpica, vecina de Jalapa, vende a Bernardo Velázquez, vecino de Jalapa, dueño de recua, un solar que está en el camino real que va de Jalapa para la Veracruz; linda por una parte con solar de Francisca Ramírez, viuda de Francisco de Orduña; y por la otra parte, con solar y casa que fue de Diego Sánchez, difunto, y hace frente con el manantial de agua que llaman Techacapa, libre de censo, hipoteca y otra enajenación, por el precio de 15 pesos de oro común. Asimismo, le vende 210 carretadas de piedra suelta con que está cercado, al precio de 3 reales carretada, las cuales suman 78 pesos y 6 tomines de oro común.
RECUAS
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Doña María de Estupiñán, vecina de Jalapa, vende a Juan Martín Borrego, dueño de recua, vecino de la ciudad de México, un esclavo negro nombrado Pascual de la Cruz, criollo de esta jurisdicción, de 27 años de edad, libre de empeño, hipoteca y otra enajenación, sin asegurarlo de ningún vicio, defecto, tacha, ni enfermedad, por el precio de 475 pesos de oro común; los 240 en reales de contado, y los 235 restantes, para fin del mes de mayo de 1673, con las costas de la cobranza.
Francisco Pérez, vecino del ingenio que quedó por bienes del Regidor Luis Pacho Mejía, se obligó a pagar a Luis López, dueño de recua, vecino de Jalapa, 180 pesos de oro común que le debe Sebastián de la Cruz, negro libre, criollo, vecino de esta jurisdicción, por cuya cantidad le tiene preso, para dentro de dos años cumplidos a partir de hoy día de la fecha, con los fletes de las mulas que tiene trajinando.
El Capitán Juan de Malpica, dueño de recuas, vecino del pueblo de Jalapa, otorga poder a Salvador de Contreras y Salinas, vecino de la Ciudad de México, y a Esteban de Mojica, para que en su representación puedan administrar sus recuas, cargándolas por los precios que asentaren sus fletamentos, y de eso otorgue los conocimientos con las obligaciones, hipotecas y estilo que se acostumbran, así como entregar las mercaderías en todas las partes y ciudades que asentaren con la fidelidad que se practica y sea necesaria.
Tomás Miguel de Campo, dueño de recua vecino del pueblo de Jalapa, vende al Capitán Juan Ricardo Grant de Guzmán, Alcalde Mayor de esta jurisdicción, un negro esclavo nombrado Maximiliano Marín que será de 18 años más o menos, el cual hubo por remate en almoneda el 18 de mayo de 1721. El esclavo se encuentra libre de empeño, hipoteca y enajenación, en 300 pesos de oro común que por él le da dado.
Julián de Aburto, dueño de recua, vecino del pueblo de San Miguel Perote, otorga poder a José Hernández, de esa misma vecindad, su Mayordomo que maneja su recua, para que ande en su recua por el Camino Real y demás partes que convengan y pueda fletar y cargarla en cuantas partes se le ofrezcan y así otorgar vales, conocimientos y escrituras para la seguridad de las cargas.
El Capitán Juan de Malpica, dueño de recua, vecino de la jurisdicción de Jalapa, otorga poder especial a Lucas Francisco de Ayala, de la misma vecindad, para que en su nombre solicite la aprehensión de los mozos y sirvientes prófugos de su recua que le deban algunas cantidades de pesos cobrándoles los alcances, así como en todas sus causas, negocios, pleitos civiles y criminales.
El Capitán Nicolás de Guevara, vecino del pueblo de Naolinco, dueño de recua, se obliga a que don Isidro Jurado, vecino de la Ciudad de Sevilla se embarque para restituirse a dicha ciudad en las primeras naos de bandera que lleguen al puerto de Veracruz al tiempo de su tornaviaje, en caso de que los señores de la Real Sala del Crimen no le concedieran la prórroga de término que pretende hasta la primera flota en que aguarda a su mujer, por haber dispuesto que la trajeran, para cuyo efecto lo presentará ante la Real Justicia de esta jurisdicción.
El Capitán Juan de Malpica, dueño de recua, vecino de la jurisdicción de Jalapa, otorga poder a Juan Miguel de Valencia, de la misma vecindad, para que en su nombre parezca en juicio y pida se aprehendan a los mozos y sirvientes de su recua que andan huidos y que huyesen por deberle dinero, así para que liquiden sus cuentas y les cobre los alcances y de lo que reciba otorgue cartas de pago, los despida y acomode otros por el salario que por bien tuviere, así como para toda la administración de sus recuas.
El Capitán Bartolomé de Castro, vecino del pueblo de Jalapa, vende al Capitán Juan de Malpica, labrador y dueño de recua en el pueblo de Perote, un negro esclavo de 16 años más o menos, con una CR en el brazo, como consta en el testimonio de venta que otorgaron el Capitán Lucas de Acosta y el Capitán Damián Pereyra, factores de una armazón de negros. La venta se hace libre de censo, empeño e hipoteca en 200 pesos de oro común de a 8 reales que ha recibido.