El Capitán Juan de Malpica, dueño de recua, vecino del Desierto de Perote, en nombre de Juana de Herrera, mujer de Francisco Morales de Toro, en virtud del poder que le otorgó, y Antonio de la Peña, hijos naturales y herederos de María de la Peña, quien dejó entre sus bienes unas casas bajas de cal y canto, venden a Jerónimo de Acosta, dueño de recua, una de las casas ubicada en la Calle Real que sale para el camino que va a la Nueva Veracruz con 16 varas de frente y 12 de fondo, colinda con casa de los herederos de Cristóbal de Figueroa y de Francisca de Yépez, al fondo con solar de Juana Díaz, al oriente con solar que quedó a Antonio de la Peña y solar de doña Aldonza Clara de Vargas, al poniente con el callejón que sale a la Calle Real. Antonio de la Peña vende 20 varas y media que corresponden a dicho solar, donde esta edificado un cuarto bajo de cal y canto y 10 varas y media contiguas que colinda con casa de María de la Peña y casa de Aldonza de Vargas. La venta se hace en 450 pesos
PEROTE, DESIERTO DE
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El Capitán Juan de Malpica, Escribano del Desierto de Perote, dueño de recua y labrador, dijo que por el amor que le tiene al Bachiller Antonio Zavala y Landa, Presbítero Teniente de Cura y por haber recibido de él buenas obras, hace gracia y donación pura, perfecta e irrevocable de 100 varas de tierra en términos de ese desierto, ubicada junto a las tierras del hospital. Dichas tierras las compró a la viuda de Pedro de la Almoguer Angulo, Alguacil Mayor que fue de la provincia de Jalapa.
Agustín García, vecino del Desierto de Perote, actuando con poder especial que le otorgó Juana de la Cruz, de la misma vecindad, vende al Capitán Hipólito de la Peña, dueño de recua, vecino del pueblo de Naolinco, un mulato esclavo nombrado Fernando de 23 años de edad, que asimismo compró a Melchor García, marido de la mencionada. La venta se hace en 300 pesos de oro común.
Miguel Jiménez Carralero, vecino de Jalapa, dueño de recua, otorga poder general a Juan Hernández, vecino del Desierto de Perote para que en su nombre administre su recua cargándola en la forma que encuentre y por los precios que asiente, otorgando el conocimiento con las obligaciones e hipotecas que se acostumbra a entregar las mercaderías, y en el servicios de las recuas pueda acomodar mozos y sirvientes.
El Alférez Sebastián de Flores Moreno, vecino y mercader en el pueblo de Jalapa, dijo que hace como 3 años vendió a Melchor García, difunto dueño de recua del Desierto de Perote, un negro esclavo de 24 años más o menos nombrado Manuel Antonio, que compró en la almoneda judicial de los bienes que quedaron por muerte de Juan de Thormes, en 350 pesos de oro común, por el cual no tiene escritura y la solicita para poder venderlo, por tanto otorga duplicado de la escritura de venta, y se da por entregado a su satisfacción.
El Capitán Juan de Malpica, dueño de recua y de hacienda de labor, dijo que Juan de Thormes, difunto, por cláusula de testamento que otorgó, dispuso se impongan 1, 000 pesos de oro común de censo principal sobre fincas seguras, para que con los 50 pesos que le corresponden de rédito anual se entreguen al Mayordomo de la Cofradía del Santísimo Sacramento para que compre el aceite para la lámpara, cuya cantidad recibió a censo sobre sus casas el Capitán Bartolomé de Castro y redimió cumpliendo con el tenor de dicha cláusula. Por tanto vende a la Cofradía del Santísimo Sacramento, 50 pesos de oro común de censo, tributo y rédito en cada año de los que corrieren desde este día hasta la redención de su principal que manda situar y fundar Juan de Thormes a favor de la Cofradía sobre una hacienda de labor que tiene en el Desierto de Perote, la cual sólo tiene 3, 000 pesos de gravamen a cuyo título esta ordenado Tomás de Malpica