Don José de Ceballos y Burgos, dueño del ingenio, dio en arrendamiento a Juan de Chávez, vecino de esta provincia, un rancho (San Sebastián) con todas las tierras, aguas, entradas y salidas de su propiedad; el cual linda por una parte con tierras del pueblo de Naolingo; y de la otra, en la banda del sur y del poniente, con tierras del otorgante, por tiempo de 6 años, a partir del 1° de enero de 1643, en el precio de 220 pesos de oro común en el primer año, y 200 pesos en cada 1 de los 5 años restantes, adelantados.
NAOLINCO, PUEBLO DE
1021 Descripción archivística resultados para NAOLINCO, PUEBLO DE
El Lic.Don José de la Peña Tejeda, presbítero vecino de la ciudad de Los Ángeles, residente al presente en este pueblo, con poder de su padre Pedro de la Peña, dio en arrendamiento a Antonio González, vecino de Naolinco, un sitio de estancia con las caballerías de tierra que le pertenecen nombrada el Aguesuela, en términos de Naolinco y Actopan, por tiempo de 3 años, a partir de hoy día de la fecha, en el precio de 5 fanegas de maíz anuales, con cargo de los ranchos, casas y mejoras se han de quedar en ella, pagando lo que fuere tasado por dos personas.
Diego Martín vecino de Naolinco, se obligó a pagar a Don Roque Gutiérrez de Ceballos, vecino de esta jurisdicción, 170 pesos de oro común, en reales de plata doble; los 120 pesos por otros tantos que le prestó en la misma moneda, y los 50 pesos, salió a pagar por Pedro del Río, vecino de la ciudad de los Ángeles, para de hoy día de la fecha en 18 meses, cada 6 meses la tercera parte, con las costas de la cobranza.
El Lic. Don Juan de Bañuelos [Cabeza de Vaca], presbítero, vecino de la ciudad de Los Ángeles, residente en este ingenio del Capitán Don Diego de Orduña Loyando, como albacea de Bartolomé Rodríguez, difunto, vende a Juan Zapata, vecino de Naolingo[co], una mulata esclava nombrada Andrea natural de Jalapa, de 20 años de edad, poco más o menos, que el difunto compró de Luisa Ordóñez, vecina de Jalapa, libre de empeño, hipoteca y enajenación, sin asegurarla de tacha, defecto ni enfermedad, por el precio de 430 pesos de oro común.
Don José Ceballos y Burgos presentó ante Don Juan Antonio Cano Moctezuma, Alcalde Mayor de Jalapa, a Don Antonio Pérez, español, vecino de Naolingo, testigo que se halló presente cuando el Licenciado Bartolomé de la Cueva, dictó su testamento y pidió se guardase y cumpliese lo en él contenido.
Alvaro de León, vecino de Naolinco, se obligó a pagar a Juan de Angulo, vecino del dicho pueblo, 150 pesos de oro común, precio de cuatro bestias mulares con sus aparejos, a 37 pesos y 4 tomines de cada una, en esta manera: 40 pesos para fin de mayo de 1622, y los 110 pesos restantes, para de allí en seis meses corridos.
Francisco Estupiñan, vecino de Naolinco, se obligó a pagar a Luis de Aguayo, vecino de esta provincia, 360 pesos de oro común, precio de diez mulas cerreras, a 36 pesos cada una, en esta manera: 120 pesos para de la fecha de esta escritura en ocho meses corridos, otros 120 pesos para de allí en seis meses corridos, y los 120 pesos restantes, para de allí en otros seis meses.
Antonio Grajales, como principal deudor, y Alvaro de León, como su fiador, vecinos de Naolinco, se obligaron a pagar a Lucas Marín, tratante en mulas cerreras, 418 pesos de oro común, precio de once mulas y tres caballos mansos, en esta manera: 139 pesos y 2 tomines para el 18 de febrero del presente año, otros 139 pesos y 2 tomines para de allí en siete meses, y los 139 pesos y 2 tomines restantes, para de allí en otros siete meses.
Alvaro de León, vecino de Naolinco, se obligó a pagar al Lic. Cristóbal de Pedraza, beneficiado de Tlacolulan, 294 pesos de oro común, precio de 7 bestias mulares cerreras, a 42 pesos cada una, en esta manera: 98 pesos del primer tercio, para fin del mes de marzo de 1632, otros 98 pesos del segundo tercio, para de allí en siete meses, y los 98 pesos restantes, para de allí en otros siete meses.
Domingo Gómez, Alguacil de Jalapa, se obligó a pagar a Doña Mariana de la Gasca, viuda de Francisco Estupiñán, vecino que fue de Naolinco, 170 pesos de oro común que le restó debiendo a su esposo, a razón de un peso cada semana.