Antonio González Machorro, vecino de Naolinco, vende al Bachiller Juan Ramírez, presbítero, vicario del partido de Naolinco, una mulata nombrada Antonia, de 7 años de edad, hija de su esclava Francisca, morena, nacida en su casa, libre de hipoteca, empeño y otra enajenación; sin asegurarla de ninguna enfermedad, tacha o defecto, por el precio de 170 pesos de oro común que le ha de pagar en un plazo de seis meses.
NAOLINCO, PUEBLO DE
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Testaento de Antonio González Machorro, vecino de Naolinco, natural de la Isla de San Miguel, en el reino de Portugal, hijo legítimo de Gaspar Manuel Machorro y de Isabel González, difuntos.
Diego de Landa, en nombre de su parte, presentó por testigo para la dicha información a Don Francisco de Orduña Loyando, vecino de esta provincia, y dijo en relación con el pedimento que si los menores herederos quisieran traspasar las tierras ubicadas en términos de Naolinco y Tonayán, no hallarían quien les diese mas de 6000 pesos, y si Don José de Ceballos y Burgos las recibe en cuenta de sus legítimas, es de gran utilidad a los menores.
Don Mateo Bautista y Don Tomás de Santiago, hermanos, indios que fueron del pueblo de Almolonga y congregados en Naolinco, cuando se realizaron las congregaciones de naturales en esta Nueva España, solicitaron al Capitán Don Francisco Maraver y Padilla, Alcalde Mayor de Jalapa, les concediese licencia para vender a censo unas tierras ubicadas a cinco leguas de este pueblo, en el paraje nombrado Barranca seca, junto a Tecuantepeque, tierras que pertenecen a los naturales de San Antonio Tepetlán.
Luis de Benavides Albacete, clérigo, estante en Naolinco, vende al beneficiado de Tlacolula, Boecio Gutiérrez, un esclavo negro en 250 pesos de oro común.
José Gutiérrez de Ceballos, dueño del Ingenio Nuestra Señora de la Concepción, arrendó al mercader Luis Hernández, una labor de maíz ubicada en términos de Naolinco, con doce bueyes, tres rejas, dos jacales de madera, tres pares de coyundas y dos hojas de arados, por el tiempo de cuatro años y al precio de cien fanegas de maíz al fin de cada cosecha.
Don José Cayetano de Castro, hijo de los difuntos don Diego de Castro y doña Josefa de Zárate, natural de Naolinco y vecino de este pueblo de Jalapa, otorga poder para que ordenen su testamento donde señala que la pared que divide su casa, de la que sirvió de carnicería, es suya y por consentimiento de él no se le han pagado arrimos, pero ahora por hallarse enajenada es su voluntad se cobren; declara fue casado con doña María Rosa de Aguilar Domínguez Muñiz, ninguno de los 2 llevó caudal alguno al matrimonio, procrearon 5 hijos. Declara que los bienes que tiene son cortos y lo sabe su albacea.
Don Ventura Rosende, vecino del pueblo de Jalapa, otorga que vende a don Antonio García Campomanes, vecino de Naolinco, un solar con 11 varas, situado en la Calle Real y linda por el frente hacia el norte con dicha Calle Real, al oriente con solar de Mariana de la Rosa, mujer de Juan Antonio Báez, al poniente con casa y solar de doña Mariana de Aguilar y al sur que es el fondo con solar de don Antonio Marín, que es por donde tiene 43 ½ varas. La venta la hace en 132 pesos a razón de 12 pesos por vara de frente, señalando el comprador que de las 11 varas que le compró al otorgante, 3 pertenecen a doña Mariana de Aguilar, quien le dio dinero para que realizara dicha compra.
Don Nicolás Mariano Domínguez Muñiz, vecino de Naolinco, dijo que se le adjudicaron los diezmos de Naolinco, Tlacolula y Misantla, por subasta pública realizada en la ciudad de la Puebla, por 3 años y a precio de 6, 300 pesos, con un pago anual de 2,100 pesos, y solicitando para el segundo pago a don Juan José de Acosta, don Antonio Gaspar de Acosta, don José Antonio de Acosta y don Miguel Pérez, vecinos de Naolinco, don Ignacio de Guevara y don Manuel de Acosta, vecinos de Jalapa, que fuesen sus fiadores por la cantidad de 350 pesos cada uno, para lo cual solicita la elaboración de un poder especial y un billete de compromiso por dicho adeudo, obligándose junto con sus fiadores a cubrir el costo de los citados diezmos.
Don José Vicente y doña María Agustina Barradas, viuda de Tomás Cesáreo de Heredia, don Pedro Antonio Sibon, viudo de doña Petrona Barradas y don José Sibon y Barradas, hijo legítimo de los dos últimos, venden una casa a don Pedro Antonio Rosado, vecino de Naolinco, la cual esta construida con paredes de mampostería y cubierta de tejas, que mide 19 varas de frente y 67 de fondo, ubicada en la Calle Real con la cual linda al sur, y al oriente con casa y solar que posee la citada doña María Agustina, al norte con solar de los naturales de este pueblo y al poniente con solares de doña María Josefa Lezama y don Francisco Barradas; dicha venta la hacen en 368 pesos.