Francisco Hernández de la Higuera, dueño del ingenio Nuestra Señora de la Concepción, en esta provincia, como principal deudor, y Andrés Pérez de la Higuera, dueño del Ingenio La Santísima Trinidad, como su fiador, dieron su poder cumplido a Don Juan Ochoa de Lejalde y Reynoso y al Lic. Alonso Díaz de Herrera, vecinos de la ciudad de Los Angeles, y a Juan de Castillete, vecino de México, para que representando sus personas puedan comprar oro y plata labradas o por labrar en la cantidad de pesos que les pareciere ser necesario, y una vez hecha barata y salida de ellos, quede de lo procedido horros de daños y costas hasta la cantidad de 10, 000 pesos de oro común.
MÉXICO, CIUDAD DE
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Andrés Pérez de la Higuera, dueño del Ingenio La Santísima Trinidad, dio su poder cumplido a Juan de Castillete, su primo, vecino de la ciudad de México, generalmente para en todos sus pleitos, causas civiles y criminales, y para que pueda recibir y cobrar cualesquiera pesos de oro, joyas, esclavos, mercaderías, derechos y acciones, y otros bienes que le deban en esta Nueva España.
Andrés Pérez de la Higuera, dueño del Ingenio La Santísima Trinidad, como principal, y su hermano Francisco Hernández de la Higuera, como su fiador, dieron su poder cumplido a su madre Doña María González de Amarilla, y a su primo, Juan de Castillete, vecino de la ciudad de México, para que en sus nombres y a su dita de crédito, compren oro y plata labrada o por labrar que les pareciere; y una vez vendido, queden horros de daños y costas, hasta la cantidad de 10,000 pesos de oro común.
Francisco Pérez Romero, dueño de su ingenio de azúcar nombrado Nuestra Señora del Socorro, en esta provincia, dio su poder cumplido a Baltazar Vázquez de Herrera, residente en la ciudad de México, y a Cristóbal de Lozana Salazar, vecino de Jalapa, para que representando su persona y a su dita y crédito, compren de cualquier persona la cantidad de oro o plata labrada o por labrar; que les pareciere necesario; y una vez vendido, queden horros de todas costas y daños, hasta 460 pesos de oro común, los cuales tome para sí el dicho Baltazar Vázquez de Herrera a cuenta y pago de 860 pesos de oro común que debía del plazo pasado; más 400 pesos en reales que dio a Cristóbal de Salazar, personero del susodicho, le pagó todo lo corrido.
Francisco Hernández de la Higuera, residente en su ingenio nombrado Nuestra Señora de la Concepción, jurisdicción de Jalapa, dio su poder cumplido a su primo Juan de Castillete, vecino de la ciudad de México, para que en su nombre y a su dita y crédito, compre la cantidad de oro o plata labrada o por labrar que le pareciere necesario; y una vez hecho barata y salida de ello, queden horros de todas costas y daños, hasta 8000 pesos de oro común, de los cuales haga y disponga, según le tiene tratado.
María de la Cruz de Villanueva, mujer legítima de Tomás de Soto, vecino de Jalapa, dio su poder cumplido a su esposo para que la pueda obligar como su fiadora y principal pagadora, por la cantidad de pesos de oro que debe y debiere a Pedro López Borricón, vecino de la ciudad de México, otorgando la escritura o escrituras de obligación que le fueren pedidas.
Francisco Beltrán, vecino de la ciudad de México, se obligó a pagar a Bartolomé Díaz Delgado, vecino de Naolinco, 126 pesos de oro común que restan del valor de una esclava negra que le vendió llamada María, para de la fecha de esta escritura en un año corrido, puestos en este pueblo.
Don Francisco de Cervantes, Alcalde Mayor de Jalapa, y Manuel Hernández, vecino de este pueblo, dieron su poder cumplido a Don Agustín de Cervantes y a Diego Vásquez, procurador en la Real Audiencia de México, a los dos juntos y a cualesquiera de ellos in solidum, generalmente para en todos sus pleitos, causas civiles y criminales, y para que pueda cobrar los maravedís, pesos de oro, plata, joyas, esclavos, mercaderías, derechos y acciones y otros bienes que les debieren; y de lo recibido, en las cartas de pago, finiquito y lasto que convengan.
Fray Pedro Romero, hermano mayor del hospital de Nuestra Señora de la Concepción de este pueblo, con licencia de Fray Juan Enríquez, Hermano mayor Provincial de la Orden de la Caridad de San Hipólito, vende a Juan Hidalgo de Sotomayor, vecino de la ciudad de México, un negro esclavo de este hospital, criollo de Jalapa, nombrado Diego Mancilla, hijo de Juliana, negra criolla, difunta, esclava del dicho hospital, de 20 años de edad, libre de hipoteca, empeño y otra enajenación, sin asegurarlo de ninguna tacha, vicio, defecto ni enfermedad, por el precio de 310 pesos de oro común.
El Licenciado Nicolás [de] Molina, presbítero, vecino de la ciudad de México, dio su poder cumplido a su hermano el Bachiller Alonso [de] Molina, presbítero de la misma vecindad, para que en su nombre haga y otorgue su testamento con las mandas, declaraciones, cláusulas, y legados que le tiene comunicadas y le parecieren convenientes para el bien de su alma.