Don Alonso Chirino Palacian, residente en el pueblo de Jalapa, otorga poder especial a don Alonso Romay, vecino de la Ciudad de México, para que en su nombre venda de contado a cualquier persona que le quiera comprar un esclavo nombrado Guillermo de nación mina, en virtud de la escritura de su compra y propiedad que tiene, el cual venda por esclavo cautivo, libre de empeño, hipoteca y enajenación, sin asegurarlo de ninguna tacha, vicio, defecto ni enfermedad pública ni secreta y por el precio que a él le pareciere.
MÉXICO, CIUDAD DE
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Doña Ana de Arcos, mujer legítima del Alférez Juan de Morales, vecino del pueblo de Jalapa, vende a doña Francisca Javiera Domitila de Guadalupe, hija de doña Francisca de Oregel, vecina de México, una esclava negra nombrada Manuela que será de 18 años más o menos, que hubo de doña Catalina Lagunes por escritura de 17 de mayo de 1719, cuya esclava se encuentra libre de empeño, hipoteca y enajenación, en 340 pesos de oro común horros de alcabala y derechos de escritura, cuya cantidad ha recibido de don José Fuertes en nombre de la compradora.
Fray José Enríquez, religioso de la Orden de la Caridad, Prior del Convento y Hospital de Nuestra Señora de Belén en el pueblo de Perote, en virtud de una patente otorgada en la Ciudad de México, usando de ella, otorga que en su nombre y en el de su religión vende a censo redimible a Manuel Hernández, vecino de este pueblo, un sitio de ganado menor y 2 caballerías de tierra que llaman de Teaco, ubicado en una loma redonda que la cercan dos barrancas sin agua de oriente a poniente, al norte linda con la estancia que fue de Diego Méndez, al oriente con el cerro del cofre, cuyas tierras se encuentran libres de censo, hipoteca y enajenación; la venta se hace en 600 pesos de principal que quedan impuestos a censo.
El Licenciado Francisco de Urue Arbieto y Tovares, Presbítero del Obispado de la Puebla, Abogado de la Real Audiencia de México, dijo que doña Dionisia María de Herrera y Sosa le otorgó poder general, quien ahora lo sustituye en don Francisco Galindo, Procurador del Número de la Real Audiencia de México para que use de él en cuanto a pleitos y no es más, reservándose para más el uso de él.
El Capitán de Caballería Benito Fernández de la Calleja, dueño de la hacienda de ganado mayor nombrada Tulapa; Diego Perdomo, Diego Vázquez y Andrés Lechuga, dueños de trapiches y ranchos en esta jurisdicción, otorgan poder a don Antonio José Vidaurri, Procurador de la Real Audiencia de México, para que en su nombre pida Real Provisión para que la justicia de Jalacingo no le cobre por razón de visita cada año 60, 40 y 25 pesos como ha cobrado hasta ahora y que se arregle a lo dispuesto.
El Capitán Bartolomé de Castro, vecino del pueblo de Jalapa, actuando con poder de Diego Ignacio de Valverde, vecino de la Nueva Ciudad de la Veracruz, vende a Diego Velásquez de la Cadena, vecino de la Ciudad de México, un negro esclavo bozal nombrado Miguel Estévez, de 60 años más o menos, el cual hubo por remate que le hizo el ingenio Nuestra Señora de los Remedios, alías Pacho. Cuyo esclavo se encuentra libre de empeño, hipoteca y enajenación, sin asegurarlo de ninguna tacha, vicio, defecto ni enfermedad; la venta se hace en 200 pesos de oro común de los que se da por entregado.
Josefa de Neyra Claver, viuda vecina del pueblo de Jalapa, hija natural de Leonor Ordóñez de Neyra, estando enferma en cama otorga su testamento de la siguiente manera: hace las mandas acostumbradas. Tiene empeñadas en poder de Francisco de Aguirre 6 cucharas, un relicario de plata y una medalla. Debe a Gregorio Fernández Mantilla 6 reales y a ella le deben distintas personas. Tiene entre sus bienes enseres de casa. Fue casada con José Esteibar y al tiempo del matrimonio no tenía caudal. Entre sus bienes se encuentran la casa y el solar en que vive que compró su marido, cuyo deseo fue que el Convento de San Francisco la vendiera a censo para que con sus réditos se dijeran misas rezadas. Tiene un hijo natural que vive en México. Nombra como albacea a Francisco de Aguirre y como heredera a su alma y la de su marido.
Eugenia Hernández, viuda de Julián de Rivera, vecina del pueblo de Jalapa, otorga poder especial al Capitán Diego de Santiesteban, residente en este pueblo y próximo a pasar a la Ciudad de México, para que en su nombre arriende el rancho y tierras del Lencero a la Compañía de Jesús por el tiempo y precio que le pareciere.
Félix José Cardeña, natural y vecino de Jalapa, hijo legítimo del Capitán Antonio Cardeña y de Rosa María Jaimes, de la misma vecindad, estando enfermo en cama y en su entero juicio, otorga su testamento haciendo las mandas acostumbradas: debe al Capitán José Robledano de Cardeña 130 pesos, al Bachiller Juan Roldán, vecino de México, 133 pesos 2 reales. Andrés Monares de Vargas le debe 43 pesos, entre otras deudas. Entre sus bienes tiene 16 mulas aparejadas, 2 mulas de silla, un mulato nombrado Gabriel Antonio. Nombra como albacea a Vicente José Cardeña, su hermano, y como heredera universal a su madre Rosa María Jaimes.
Diego Cardeña, Escribano Público y Real de esta jurisdicción y de Jalacingo, renuncia a dicho Oficio, para que pase a poder de Juan de Lucena, vecino de la Ciudad de México o en su hijo Miguel Eustaquio Cardeña.