Francisco Luis, vecino de Jalapa, vende al capitán Cristóbal Román, Juez de caminos, vecino de Jalapa, una negra llamada Lucrecia, de nación Angola, de 20 años de edad, poco más o menos, con las tachas que tuviere, sin asegurarla de cosa alguna ni defecto, sino tan solamente de ser esclava sujeta a servidumbre, por el precio de 470 pesos de oro común.
JUECES DE CAMINOS
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En junta de Cabildo presidida por fray Miguel Postigo, guardián del Convento de San Francisco, los miembros de la Cofradía de las Ánimas del Purgatorio integrada por don Fernando Cortés de Monroy, Alcalde Mayor de Jalapa, los diputados Francisco Martín Matamoros y Martín López de la Plaza, los mayordomos Juan Rodríguez de Herrera y Cristóbal de Lozana Salazar, el capitán Cristóbal Román, juez de caminos; y los cofrades Francisco Pérez Romero, Alonso García de la Torre, Diego González, Juan Ortuño y Domingo Díaz, se desistieron del derecho que tenían a una capilla en la capilla mayor al lado del Evangelio, en la iglesia del Convento de San Francisco, de que les hizo merced el padre Provincial fray Juan de Elormendi, para que dicho guardián la dé a quien fuere servido.
Pedro Martín, ventero de la Venta de la Hoya, se obliga de pagar a Francisco de Carriedo, Juez del Camino Real, 195 pesos y cuatro tomines de oro común, los cuales son por otros tantos que recibió en reales de contado.
Luis Enríquez, vecino de los reinos de Castilla, maestre del navío Nuestra Señora de Loreto, vende a Francisco de Carriedo, Juez de Caminos, un esclavo negro de nación Angola llamado Pedro, bozal, al precio de 530 pesos de oro común.
Hipólito Hernández, vecino de Jalapa, se obliga de pagar a Francisco de Carriedo, juez de caminos, 565 pesos de oro común por la compra de una milpa quebrada en el pueblo de Xicochimalco.
Francisco de Carriedo, Juez de Caminos, vecino de Jalapa, se obliga de pagar a Esteban Fernández Miquinez, 750 pesos de oro común, precio de dos esclavas negras, bozales, de nación Angola, que le vendió en este pueblo.
Sebastián de Isla, estante en este pueblo, dio su poder cumplido a don Andrés de Bustillo, Juez de Caminos, para que lo represente en todos sus pleitos, causas civiles y criminales y para que pueda cobrar en su nombre cualesquiera de sus bienes muebles y raíces que le fueren debidos.
El Capitán don Diego Mardones Barahona, Corregidor de este partido y Juez de Caminos y Registros por Su Majestad, visitó la cuadrilla de carros de Diego Martínez, vecino de la ciudad de México, quien se dirige a la ciudad de la Veracruz, en cuya cuadrilla se hallaron los indios siguientes: Juan Bautista y María, su mujer, y Juan, su hijo; Juantucho, quedó su mujer en México; Diego, su compañero; Juan Bautista, su mujer quedó arriba, y Domingo, su hijo; Baltasarillo, soltero; Baltazar, muchacho; Juan Bautista y Juana, su mujer; Juanillo, muchacho; Miguel, soltero; Pedro y María, su mujer; Martín, quedó su mujer en la Puebla; asimismo se le notificó no bajar con indios de puerto abajo hasta después de San Francisco como lo manda la ordenanza que lo prohíbe.
El Capitán don Diego Mardones Barahona, Corregidor de este partido y Juez de Caminos y Registros por Su Majestad, visitó la cuadrilla de carros de Juan Daza, vecino de la ciudad de Tepeaca, que lleva a la ciudad de Veracruz con Jusephe [José] Daza, su hijo. Los indios que lleva en su cuadrilla son: Juan, vaquero, y Elena, su mujer; Miguel Camarón; Juanillo, mestizo, y Nicolasa, su mujer; Juan Gutiérrez y María, su mujer; Juanillo, soltero; Melchor, soltero; Juanillo, soltero; Sebastianilla, mujer de un mulato.
Julián López, mercader viandante, manifestó ante don Francisco de Luna y Arellano, Corregidor por Su Majestad de este partido, Juez de Caminos y de Registros, 100 pesos de oro común de mercaderías de Castilla y de la tierra para vender en esta jurisdicción, asimismo se le notificó acuda a pagar la alcabala de lo que vendiese con el Alférez Agustín Sierra, a cuyo cargo está la cobranza.