Don José Ceballos de Burgos, dueño de ingenios, vecino de esta provincia de Jalapa, de su libre y espontánea voluntad otorgó carta de libertad a Clara López, negra Berbesí que tendrá 60 años de edad, por los particulares servicios que le ha prestado dignos de toda remuneración.
JALAPA, PROVINCIA DE
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Don José Ceballos y Burgos vecino de esta provincia de Jalapa, declaró por cuanto el ingenio y haciendas de ganado mayor que quedaron por fin y muerte del Regidor Luis Pacho Mejía, se remataron en el Capitán Antonio Hernández de Mancilla, vecino de la ciudad de México, y Gerónima de Espinosa Bonifaz, madre del susodicho, con calidad de afianzar en el principal y corridos del censo impuesto en las citadas haciendas a favor de los herederos de fulano de Victoria, y para que la condición se cumpla, dio su poder cumplido a Don Antonio Hernández de Mancilla y a Doña Gerónima de Espinosa, para que lo puedan obligar como su fiador hasta en la cantidad de 3 000 pesos de oro común.
Don José Ceballos y Burgos, dueño de su ingenio de hacer azúcar en esta provincia de Jalapa, dio su poder cumplido a su hermano Roque Gutiérrez de Ceballos, para que en su nombre cobre de cualquier persona los pesos de oro, joyas, plata y otros bienes que le fueren debidos, y otorgue las cartas de pago correspondientes.
El Capitán Don Juan de Fuica Lezama, Alcalde Mayor y Capitán a Guerra de la provincia de Jalapa, dio su poder cumplido a Melchor de Avila, vecino de México, para que a su dita y crédito tome de la persona o personas que le quieran dar hasta en la cantidad de un mil pesos de oro común en mercaderías, plata, reales, oro, u otra cosa que hallare, y lo obligue a la paga de los mismos en los plazos que concertare.
Lázaro Francisco, vecino de la provincia de Jalapa, como heredero y albacea de su madre Ana Díaz, y su hermano Luis Hernández, asimismo como albacea y heredero de la susodicha, venden al Capitán Roque Gutiérrez de Ceballos, dueño de su ingenio, cuatro piezas de esclavos, dos varones, bozales, llamados Franciscos, de nación Angola, de 20 años de edad, poco más o menos, que hubieron de Francisco González Gallón, mercader de negros; y una negra llamada María Arará, con una niña amulatada, de tres años de edad, su hija, libres de hipoteca, empeño y enajenación, por el precio de 1100 pesos de oro común, horros de alcabala, los cuatro esclavos.
Lázaro Francisco, vecino de esta provincia, hijo y heredero de Sebastián Hernández y de Ana Díaz, vecinos que fueron de Jalapa, y como albacea de su madre, vende a Francisco Luis, vecino de Jalapa, un solar que linda con la calle Real y con solares de Manuel Rodríguez de Maya, Lucas Cardeña, y con casas de los herederos de Juan Díaz Matamoros, libre de hipoteca, empeño y enajenación, por el precio de 120 pesos de oro común.
El Bachiller Bartolomé Gutiérrez, presbítero en el ingenio del Capitán Roque Gutiérrez de Ceballos, en esta provincia de Jalapa, vende a Esteban de Valladares, mercader, vecino de Jalapa, un negro llamado Gaspar, más ladino que bozal, de nación Angola, de 16 años, sujeto a servidumbre, libre de hipoteca, empeño y enajenación, por el precio de 300 pesos de oro común.
Andrés Pérez de la Higuera y su hermano Francisco Hernández de la Higuera, residentes en sus ingenios, en esta provincia, juntos de mancomún, otorgaron su poder cumplido al Capitán Manuel González y al Lic. Alonso Díaz de Herrera, vecinos de Los Ángeles, para que en sus nombres y a su dita y crédito, compren la cantidad de oro o plata labrada o por labrar que les pareciere convenir; y una vez vendido de contado, queden horros de todas costas y daños, 3, 000 pesos de oro común, con los cuales se han de hacer pago para la escritura de mayor cuantía de 4 480 pesos de oro común que el citado Andrés Pérez de la Higuera le hizo al dicho Capitán.
Juan Martín de Salamanca, residente en este pueblo y provincia de Jalapa, se obligó a pagar a Cristóbal de Lozana Salazar, mercader vecino de este pueblo, 320 pesos de oro común, precio de ocho mulas de arria que le vendió, a 40 pesos cada una, 20 días después de la fecha de esta escritura, todos juntos en una paga.
Fernando del Castillo, vecino de la provincia de Jalapa, se obligó a pagar a Pedro Calderón, dueño de la Venta de la Hoya, 400 pesos de oro común, precio de ocho bestias mulares, a 50 pesos de oro común cada una, en esta manera: 100 pesos para dentro de seis días; 150 pesos siete meses después de la fecha de esta escritura y los otros 150 pesos, de allí en siete meses adelante.