Mediante Juan Díaz de la Cueva, intérprete, el escribano Alonso de Neira Claver dio a a conocer el pedimento que hicieron los naturales de Almolonga al gobernador, alcaldes y otros indios mandones de Naolinco, los cuales dijeron les consta lo referido por los nativos de Almolonga, quienes están pobrísimos y empeñados, pues de los naturales congregados, sólo quedaban Don Mateo Bautista y Don Tomás de Santiago con sus mujeres e hijos, sucesores en las tierras de Barranca Seca, y les haría mucho bien el venderlas a censo.
INDIOS
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Don Sebastián Martín, Gobernador del pueblo de Naolinco, don Luis Matías, don Diego Martín Pérez y don José Gabin, Gobernadores pasados, junto con los demás oficiales del cabildo de este citado pueblo, quienes hablan por ellos mismos y en nombre de los naturales del mismo lugar, se constituyen en deudores del Presbítero Pedro Felipe de Rivera, Teniente Cura del referido pueblo, por la cantidad de 158 pesos de a 8 reales de plata cada uno, obligándose a cubrir dicho adeudo de la siguiente manera, 50 pesos de reales, durante el próximo mes de febrero de este año y los restantes 108 pesos en el mes de enero de 1797.
En forma de cabildo parecieron, don Mateo Pascual, Gobernador del pueblo de San Pedro Chiconquiaco, Salvador Miguel, Alcalde Primero; Miguel Antonio, Alcalde Segundo; Santiago José, Alcalde Tercero; Miguel Francisco, Alcalde Cuarto; y demás oficiales actuales de dicho pueblo, otorgan poder general a don José Ignacio de Rivera, español vecino de Naolinco, para el seguimiento y conclusión del pleito que sobre tierras tienen pendiente con los naturales de Santa María Yecuatla, en el Juzgado de la Intendencia de Veracruz, así para que en nombre de dicho su pueblo lo defienda en todos sus pleitos, causas y negocios civiles y criminales, eclesiásticos y seculares.
Francisco de la Barreda Gayón, vecino del pueblo de San Mateo Naolinco, otorga fianza a favor de don Pedro Jiménez, Gobernador de ese pueblo; Gregorio López, Alcalde; Francisco Ramírez, Regidor; Gaspar de Rivera y Salvador Diego, indios de Naolinco, para que salgan de la cárcel en que se hallan presos, sin que procedan contra los bienes de los susodichos ni se haga excursión.
Para la dicha información, los naturales de Almolonga presentaron por testigo a Rafael de Rivera, español, dueño de recua, vecino de Naolinco desde hace 33 años, dijo le consta que las tierras situadas a más de cuatro leguas de este pueblo, en unas barrancas, pertenecen a Don Mateo Bautista y Don Tomás de Santiago, como sucesores de sus antepasados, y será servicio de Dios el concederles la licencia para venderlas a censo.
Doña María Josefa de Acosta y Barreda, natural y vecina de esta villa, de 54 años de edad, hija legítima de don Felipe de Acosta y de doña María de la Barreda y Gayón, difuntos, otorga su testamento donde declara contrajo matrimonio con don Mariano de Campo, de esta vecindad y comercio, quien recibió de su dote 1,812 pesos, y él tenía como 8,000 pesos de capital; de cuyo matrimonio procrearon a don Francisco de Paula Campo, Clérigo Presbítero; al religioso dominico Fray Rafael; a doña María Guadalupe, de 24 años de edad; a don Miguel José, de 23 años; a don Juan Bautista de 22 años; a don Mariano Antonio de 21 años; a doña María de la Luz y a doña María del Carmen, cuatas de 18 años. Declara que por parte paterna debe percibir de su porción hereditaria las tierras del rancho de los Ojuelos, situado a un lado de la venta de Lencero. Declara que el rancho del Tecuane ubicado en términos de esta jurisdicción, que en el día se halla en litis con los indios del pueblo de Naolinco, con otro pedazo de tierra que linda con el trapiche de la Concepción, que también se halla en litigio con el pueblo de Xilotepec, vencidos los litigios, se agregarán a la masa común de sus bienes. Declara tener en su poder y cargados sobre sus bienes, con causa de réditos de 5% anual, la cantidad de 700 pesos para una memoria de misas a favor de su hermano el Señor Doctor don Juan Antonio de Acosta, cuya cantidad deberá rebajarse de su dote. Ordena sacar 100 pesos del quinto de sus bienes y se le entreguen a su ahijada María Josefa Aparicio, a quien ha criado en su casa. Nombra como albaceas testamentarios a su hijo el presbítero don Francisco de Paula, a su esposo y al Presbítero don Juan Nepomuceno Fernández de Ulloa. Nombra como herederos a sus hijos.
Don Manuel Eugenio de Acosta, vecino de Jalapa, otorga poder general al Licenciado don José Francisco Ruiz Cañete, Abogado de la Real Audiencia de México, y a don Juan Atanasio Cervantes, Procurador Numerario de la misma Real Audiencia, para que como padre y administrador de los bienes de sus hijas, como nietas del Capitán don Agustín García Campomanes, cobren todas las cantidades de pesos y otros efectos que le deban al otorgante como a sus hijas. Así mismo para que lo representen en el litis que tiene pendiente en el Santo Oficio de la Inquisición de este reino con los naturales del pueblo de Naolinco, sobre un sitio de tierra que como heredero de su abuelo el Capitán don Manuel de Acosta le pertenece.
Mateo de la Cruz, indio cacique, natural y vecino del pueblo de Naolinco, otorga codicilio al testamento que tiene realizado, en el que manda se revoque la cláusula en donde señalaba que le diese a la Cofradía de las Benditas Almas, un solar que compró a don Salvador de Castro.
Antonio de los Reyes, vecino del pueblo de Naolinco, vende a don José Julián Durán y Adame, vecino de dicho pueblo, un solar de 25 varas de frente y 51 varas de fondo, que linda al sur con casa y solar del Capitán don Salvador de Acosta, al oriente con casa y solar de Felipe de Zárate, al norte con solar donde vive Pedro de los Ángeles, indio y al poniente con casa y solar de Felipe de Rivera, al precio de 100 pesos.
Lucas Jiménez, indio y vecino del pueblo de Misantla, jurisdicción de la Antigua Veracruz, otorga libertad a una esclava, de nombre Gertrudis, de edad de mas de 3 años, algo blanca, hija de una esclava negra de nombre Josefa, difunta.