El Capitán Pedro Zapata de Ezquerra, Alcalde Mayor de la provincia de Jalapa, otorga poder especial al Capitán Esteban Hurtado de Mendoza, vecino de la Nueva Ciudad de la Veracruz, para que en su representación venda una negra esclava nombrada Isabel de 26 años de edad, alta de cuerpo, flaca, que hubo y compró en la Ciudad de La Habana. La venta la hará en el precio que ajuste de contado.
HABANA, CIUDAD DE LA
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El Capitán Bartolomé de Castro, vecino del pueblo de Jalapa, como albacea del Álferez Miguel de Zamora por codicilio, en concurso de Francisca Micaela y Sebastiana María de Zamora, esta última su legítima mujer y heredera del difunto, quien a su vez fue albacea de Juana de Bonilla, dijo que tenía un solar yermo en este pueblo, y por no tener herederos ni hijos más que a Juan Hidalgo que se encuentra en La Habana, ha resuelto venderlo a José de Arauz, pardo libre vecino de este pueblo, cuyas colindancias son con solar que fue de María de Ochoa y Calle Real y ciénega que llaman de Xallitic. La venta se hace con todas sus entradas y salidas, usos y costumbres, libre de censo, empeño e hipoteca en 60 pesos de oro común que se da por entregado.
José Pérez de Medina, natural de la Habana y residente en este pueblo de Jalapa, hijo legítimo del Capitán Francisco Pérez de Medina, difunto, y de Margarita Carvajal, vecina de dicha Ciudad de la Habana, realiza testamento, en el cual nombra por albaceas y tenedores de bienes a don Francisco de Aro y Ana Manuela Pérez, marido y mujer, y como heredera a su madre Margarita Carvajal.
Don Miguel José de Meza, natural de la Ciudad de la Habana y vecino de este pueblo, hijo legítimo de los difuntos don Blas de Meza y de doña Francisca Hurtado, otorga poder para testar a don Nicolás Fernández de Velasco, para que a su fallecimiento ordene su testamento, así mismo lo nombra albacea y heredero de sus bienes.
Francisco Ochoa, vecino de este pueblo, otorga poder especial a Francisco Enamorado, vecino de Sevilla, para que demande y cobre judicialmente de la persona y bienes de Francisco de Sotomayor, vecino de la Habana, la cantidad que consta de una cuenta que le entregó dicho otorgante por varias prendas de oro y plata.
Pedro Sáenz de Santa María, residente en este pueblo, otorga poder general a Martín Aróstegui, junto con Francisco Antonio Basave, vecinos del puerto de San Cristóbal de la Habana, para que demanden y cobren judicialmente cualquier cantidad de dinero, joyas y efectos que le deban, y en especial lo que parece haberse embarcado por orden suyo en la flota que fue a cargo de Rodrigo de Torres y Morales.
Francisco de Morales, vecino de Cádiz y residente en este pueblo, otorga poder general a Domingo de Aparicio, residente en la Habana, para que demande y cobre las cantidades de dinero, joyas, plata y otros efectos que el otorgante haya embarcado en la flota que fue a cargo de Rodrigo de Torres y Morales.
El Doctor Ignacio Ponce de León y Maroto, miembro del Consejo de su Majestad, Oidor Fiscal del Crimen de la Real Audiencia de Guadalajara, otorga poder especial a don Ambrosio Sagarzurieta, Fiscal de lo Civil de la misma Real Audiencia, junto con don Pedro Ponce de León, vecino de Guadalajara, para que en su nombre cobren los sueldos que le corresponden por su plaza, así como para la venta de un esclavo negro de nombre Juan Antonio, de origen inglés, en el precio de 300 pesos a don Sebastián Pérez, vecino de La Habana.
Mariano Antonio de Ávila, Antonio Basilio Rodríguez,viudo de Juana Josefa de Ávila de quien le quedaron dos hijos menores; y José de Acosta, como marido de Dorotea de Ávila, los tres vecinos de esta jurisdicción en el Rancho de los Otates, hijos del difunto don Antonio de Ávila, natural de la ciudad de la Habana, quien es descendiente y heredero de don Francisco de Ávila que murió en dicha ciudad, otorgan poder a don José Joaquín de Zárate para que en sus nombres cobre lo que resulte pertenecer al referido don Antonio de Ávila de herencia de su referido padre don Francisco de Ávila.
Don Leonardo de Mier y Mendoza, Teniente de Granaderos del Regimiento Inmemorial del Rey que reside en la Ciudad de la Habana, para donde esta próximo a viajar, dijo que el día de ayer llegó a posar al mesón de la plaza de este pueblo y habiendo salido de él esta madrugada el bagajero, de apellido Murrieta, dejó olvidado en el cuarto un cajón rotulado a lo largo por un Teniente Coronel, que asiste en la Habana, a quien lo remitía el Señor Oidor de México, apellidado Mier; y habiéndolo echado de menos a la salida del pueblo, el bagajero volvió en su búsqueda y halló que el huésped había cerrado con llave dicho cuarto, el que abriendo el registro no se encontró dicho cajón, a cuya noticia el otorgante ocurrió a la real justicia, quien ha puesto a prisión al huésped y a un muchacho que le ayuda, y por que el otorgante no se puede detener, otorga poder a don Pedro Miranda, Capitán de Zamora, residente en este pueblo, para la solicitud y recaudación de dicho cajón que incluye una caña con puño de oro.