Don José Vicente de Espino, Presbítero domiciliario del obispado de la Puebla de los Ángeles, originario del pueblo de Huamantla, vecino de la hacienda de la Orduña y presente en esta ciudad de Xalapa; hijo de don Jerónimo de Espino y de doña Isabel Josefa Apresa, sus padres difuntos; otorga poder amplio al Presbítero don Antonio García López, Cura actual de la feligresía de San Jerónimo Coatepec, para que después de su fallecimiento, proceda a formalizar y ordenar su testamento, haciendo los legados píos, forzosos y graciosos de que le dejará instruido; así como, las fundaciones, gravámenes, declaraciones, remisiones de deudas, descargas de conciencia y demás cosas que le comunicará. Ordena que se instituya el mismo apoderado por su albacea, para cuyo desempeño le confiere todas las facultades que en derecho se requieran y sean necesarias. Ordena aplicar por su alma las misas que le deje comunicado. Manda que en el remanente que quede libre, de todos sus bienes, derechos y acciones que le tocan y pertenecen nombra por su única y universal heredera a su hermana, doña María Isabel de Espino, residente en Puebla. Finalmente revoca, anula y da por ningún valor todos los testamentos, codicilos, poderes para testar y cualquiera otra disposición que antes de este haya hecho u otorgado por escrito, de palabra o en otra forma, para que no valgan, ni hagan efecto.
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El Bachiller José Miguel Delgado y Vázquez, Cura Propietario de la Doctrina de Ixhuacán de los Reyes de esta jurisdicción, natural del pueblo de Huamantla en la jurisdicción de Tlaxcala, hijo legítimo de los difuntos don José Delgado y Soria y de doña Manuela Vázquez Mellado, vecinos que fueron de San Juan de los Llanos, otorga poder a sus hermanos don Miguel Delgado y Vázquez, y a don Diego Delgado y Vázquez, vecinos de Huamantla, para que ordenen su testamento, en donde nombra como albaceas y herederos a sus referidos hermanos.
El Presbítero don Francisco Javier Pérez Mora, actual cura del pueblo Huamantla, y que acaba de serlo del de Naolinco, residente en esta Villa, otorga que recibe de doña Teresa Bueno, de esta vecindad, viuda del finado don Carlos Arias, la cantidad de 500 pesos, cuyo principal es el mismo que reconocía Arias a favor de la parroquia de Naolinco; y habiendo recibido el principal y sus réditos devengados, declara libre la hipoteca que se menciona en la escritura.