Ante el Corregidor don Antonio de Monroy Figueroa, compareció Alonso de Trujillo, dueño de recua, quien manifestó llevar en ella 8 arrobas de vino trasegado en 2 barriles, para entregar en Tecamachalco al convento de San Francisco de dicho pueblo, en virtud de una certificación firmada por los jueces oficiales reales en la Nueva Veracruz, el 12 de este mes y año, cuya imposición monta 8 pesos que quedaron en la Caja Real.\n
CONVENTOS
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Concurso de acreedores a los bienes de Antonio González, difunto. Incluye demanda contra los bienes de Antonio González, difunto, promovido por Diego Niño, vecino de Orizaba, por una deuda de 220 pesos, concepto de 42 petates, seis cargas de trigo y 18 cargas de harina. Demanda de Juan Duarte, vecino del pueblo de Tehuacán, por cantidad de 120 pesos de oro común, concepto de 15 cargas de harina. Demanda hecha por Pedro Fernández Asperilla, hijo de Pedro Fernández Asperilla, difunto, para que se le pague la cantidad de 825 pesos de los bienes de Antonio González, difunto, quien en vida arrendó un molino de moler pan y una venta en el río de los Alisos, jurisdicción de Orizaba. Martín García, apoderado de María de Vergara, viuda y albacea de Antonio González, difunto, solicita la declaración del Capitán Pedro de Cabrejas, para que testifiquen sobre la dote de la viuda. Juan González de Olmedo, albacea de Antonio González, difunto, renuncia al cargo de albacea, quien también pide se le paguen 60 pesos que le debía el difunto. Demanda hecha por Antonio de Salazar, en nombre y con poder de Bartolomé Franco. Demanda hecha por Juanes de Betelo, empleado en el molino de Antonio González, para que se le pague su salario. Demanda puesta por el padre fray Martín de San Juan, presidente del Convento y Hospital de Nuestra Señora de la Concepción, contra los bienes del difunto Antonio González, quien le quedó a deber ocho cargas de trigo.
Francisco Rodríguez, natural de Villa de Conde en los reinos de Portugal, hijo de Juan Rodríguez y de María Rodríguez, vecinos del pueblo de Huejutla, otorga su testamento donde ordena sea enterrado en el convento de San Agustín de dicho pueblo. Declara por bienes 35 o 36 mulas, las 30 aparejadas, un negro llamado Baltazar, de nación Bañón, y otro negro llamado José Díaz; cuyos bienes ordena se destinen para poner en estado a sus hijas Francisca, Isabel y a su hijo Juan Rodríguez del Patrón. Declara tener tres caballos mansos, una mula castaña y una caja de ropa. Asimismo declara que estuvo casado con Violanta Rodríguez, hija de Ana Díaz y de Juan Rodríguez del Patrón, natural de la ciudad de [Garachico en Isla de la Palma] y recibió en dote de parte de Ana Díaz, su suegra, 2 000 pesos de oro común en esclavos y otras cosas que lo valían. Declara que procreó con su esposa Violanta a Ana de Santiago, mujer de Miguel Raposo, Francisca Rodríguez, Isabel Díaz y Juan Rodríguez, a los cuales nombra como sus herederos universales. Nombra como albaceas a Juan Díaz y a Miguel Raposo, su yerno.
Juana de Ochoa, viuda de Luis Fernández de Ulloa, el Alférez Laureano Fernández de Ulloa, y José Antonio de Acosta, todos albaceas de Luis Fernández, vecinos de Jalapa, dijeron que dejó impuesto a censo con un principal de 140 pesos que situó y cargó sobre la casa que tienen en este pueblo, la cual han dividido y por tanto tienen a bien dejarla libre y poner a censo sobre otras que a labrado Juan Montañés de la Cueva ubicadas en la calle que sube de la Plaza Pública a la Casa del Rey, linda al oriente con casas de Luis González de Lucena, al poniente con dicha calle y al sur con otra casa de Juan Montañés, al norte con casa del escribano, cuyas casas tienen un censo de 600 pesos de principal a favor del Convento de San Francisco; el valor excede los 4, 000 pesos, que de los 140 pesos se dan por entregados a la parroquia de este pueblo.
Don José Antonio de Acosta, Justicia Mayor de esta Jurisdicción, Hermano Mayor de la Venerable Orden Tercera de Penitencia del señor San Francisco, del convento de este pueblo de Jalapa, don Diego Cardeña, Coadjutor, don Sebastián Barradas, Capitán, don Pedro Zamorano y don Baltazar García, Conciliarios y don José Antonio Rincón, Secretario, otorgan poder especial al Capitán don Agustín Benítez, para que comparezca ante el señor Provisor y Vicario general del Arzobispado de México y tome los autos de la demanda impuesta por don Francisco de Tabernilla Escajadillo, heredero de doña Antonia Javiera de la Fuente.
José de Ochoa, de esta vecindad, vende al Convento de San Francisco de este pueblo, 5 pesos de oro común de censo que sitúa sobre las tierras de Zoncuantla y casas que hay en ellas, para que se cante anualmente la primera misa de la tercera de San Antonio, cuyos réditos corresponden al 5% anuales, siendo condición que los poseedores de dichas tierras y rancho nombrado de San Antonio, devolverán 100 pesos de principal con los réditos correspondientes hasta el día de su redención, mismos que serán recibidos por el Síndico y religiosos, para dar por libre el citado rancho en que están impuestos, y cediendo a dicho convento los derechos de propiedad que le pertenezcan.
El Bachiller Miguel Pantaleón Díaz de Acosta, Cura Beneficiado del pueblo de Apizaco y el Teniente Juan José Rincón, albaceas y tenedores de bienes de su padre y suegro Sebastián Díaz de Acosta, venden a José Antonio de Acosta, un molino de pan moler en este pueblo, en el camino que de este va hacia San Andrés Tlanehuayocán, con dos casas de cal, piedra, barro y tejas, con sus solares correspondientes, que están en este pueblo, en la Calle Real que de la Plaza Pública va hacia el camino a Veracruz, linda al frente con casas de Pascual de Castro y Diego de Castro, al fondo que es el sur con solares del Alférez Jerónimo de Acosta y Diego de Acosta, al costado del oriente con casa de Diego de Castro y Gamboa, al poniente con solar de la casa de la capellanía de Pedro Perdomo, dichos solares tienen 61 varas de frente y de fondo 55, cargados sobre ellos censo principal de 1000 pesos que pertenecen al Convento de San Francisco y 600 pesos que el Bachiller Gozo tiene impuestos a censo principal sobre dichas casas y molino con obligación de pagarle dicho Bachiller al otorgante.
Don Luis Ruiz Sotomayor, vecino de este pueblo de Jalapa, posee una casa que compró al Capitán don Juan de Malpica, con un gravamen de 200 pesos de censo principal y 10 de réditos, a favor del convento del padre San Juan de este pueblo de Jalapa, cuya casa tiene autorización de vender, trasladando el gravamen del censo a otra casa que el señor Sotomayor construyó en la Calle Real que conduce a la Parroquia del Calvario, cuyos linderos son por el frente con casa del Capitán José Robledano de Cardeña, calle en medio, por el costado sur hace esquina con casa de Pedro Montiel, calle en medio, por el norte con casa de los herederos de Juan Ortiz y por el fondo con otra casa pequeña del vendedor.
Don Juan Montañés de la Cueva, vecino de este pueblo de Jalapa, Escribano Público, Real y del Cabildo y Regimiento de la Ciudad de la Nueva Veracruz, informa que por concurso de los acreedores de los bienes del señor Juan José de Thormes, éste posee unas casas que están gravadas con impuestos, los cuales se pagan por medio de limosnas al convento del señor San Francisco, de este pueblo de Jalapa, por un monto de 1, 000 pesos, los que está obligado a cubrir, por medio de un poder que se otorga al Brigadier don José Joaquín de Flores Moreno, Abogado de la Real Audiencia, Promotor y Fiscal, vecino de la Ciudad de México, facultado para hacer valida la citada obligación.
Don Andrés Pérez de la Higuera y don Francisco Hernández de la Higuera, como albaceas de su suegro don Juan Díaz Matamoros y en cumplimiento de una cláusula de su testamento, fundaron una capellanía de misas por el sufragio de su alma y la su esposa doña Magdalena Díaz, en la capilla del Convento de San Francisco, con 2 130 pesos de principal y 106 pesos y 4 tomines anuales de renta que se impusieron en el ingenio de azúcar Nuestra Señora de la Concepción, y los religiosos fray Bartolomé de Guzmán, guardián predicador del convento, fray Miguel Postigo, fray Jerónimo de Rueda, y fray Pedro Ramírez, moradores conventuales, por lo que les toca, aceptaron esta escritura y se obligaron a decir 36 misas cantadas en cada año, a razón de 3 pesos de limosna por cada misa.