Don Pedro de Senande, Notario Eclesiástico y vecino de este pueblo de Jalapa, apoderado de don Jerónimo José Benítez, albacea y tenedor de bienes del Capitán Bartolomé de Castro, vende al Cura José Suárez, Vicario y Juez Eclesiástico de este pueblo, unas casas de cal y piedra cubiertas de madera y tejas, de los bienes del difunto, las cuales lindan al norte con la Calle Real que sale de esta plaza hacia la Veracruz, al sur con casas y solares de María Vázquez, al oriente con casas de María Nicasia Meléndez, viuda de Ignacio de Zárate y al poniente con casas de Alonso de Alba, al precio de 3, 304 pesos y 3 reales, 2, 904 y 3 reales en efectivo y los 400 quedan cargados y gravados a censo.
CENSOS
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El Doctor José Suárez, Cura, Vicario y Juez Eclesiástico del pueblo de Jalapa y su Doctrina, recibe del Capitán Alonso de Alba, la cantidad de 100 pesos de principal que doña María de Jesús Zorrobiaga había entregado a censo con obligación de réditos, para que se cantasen misas, cantidad que el Capitán Bartolomé de Castro, se obligó a reconocer sobre una casa que hipotecó y recayó en dicho Capitán Alonso, por lo cual se cancela la escritura de dicho gravamen, dejando libre la citada casa.
El Bachiller Miguel Suárez, Clérigo, Presbítero Domiciliario del Obispado de Puebla y vecino de este pueblo de Jalapa, carga 400 pesos a censo redimible que recibió del Capitán Alonso de Alba y Ramos, sobre una casa de madera y tejas que posee en este pueblo, ubicada en el callejón que entra de esta Calle Real (ilegible) nueva, linda al poniente con un callejón y casas de Manuel Valdéz y María Vázquez, al norte con la calle antes citada, al oriente con casas de María Nicolasa Torquemada y al sur con casas de María de Acosta, la que excede en más de 600 pesos de valor, obligándose a reconocer réditos de 20 pesos anuales a favor de su hermano, el Bachiller Carlos Suárez.
José Antonio Ibáñez, Juan Bonifacio Ibáñez, Bernardino Ibáñez, María Leonicia Ibáñez, Miguel Francisco Ibáñez, Ana Francisca Ibáñez y Felipa Micaela Ibáñez, mujer legítima de Andrés Cabral, hijos legítimos y herederos de Francisco Ibáñez, el cual se casó en primeras nupcias con la difunta Paulina Ortiz, y en segundas nupcias con María Teresa del Prado, madre de los declarantes, venden a José Manuel Tavera, una casa y solar que mide de frente 53 varas y de fondo 41 varas, linda al sur con el callejón y Calle Real de este pueblo, al norte con solar de Juan de Quiñones, y de Javier López, al poniente con casa y solar del comprador y al oriente con solares de Ibáñez y Manuel de Santa Ana. La venta es al precio de 250 pesos, 150 pesos que les han pagado de contado, y los 100 pesos restantes que reconocerá a réditos, dando 5 pesos anuales contando desde la presente fecha, cada 6 meses.
Don Francisco Maniau y Ortega, vecino de España y residente en el pueblo de Jalapa, otorga poder especial a don Juan Ignacio de Aristizabal, vecino de la Ciudad de los Ángeles, para que saque la cantidad de 3, 000 pesos oro común de cualquier convento, capellanía, obras pías, tesorerías, mayordomías o cualquiera persona que le quiera prestar, a censo redimible con obligación de réditos de 5 % anuales, hipotecando un molino para moler pan que tiene en este pueblo.
Don Bernardo de la Fuente, vecino del pueblo de Jalapa, albacea del difunto don Bartolomé Martínez de Mora, vende a don Francisco Agudo, vecino del pueblo de Naolinco, una casa de paredes cubierta de madera y teja con su correspondiente sitio, cuyos linderos son, al oriente con casa del Curato y calle en medio, al norte con casa que fue de Manuela Pérez, al poniente con casa y solar que fueron de José Grajales y al sur con casas de Felipe de Acosta, al precio de 500 pesos, 200 que le entregaron en dinero efectivo y el resto quedan cargados sobre dicha casa a censo con obligación de reconocerlos, con sus réditos de 5 % anuales a favor de la Cofradía del Santísimo Sacramento.
El Capitán Francisco Javier López, vecino del pueblo de Jalapa, vende a Leonarda Fernández, vecina del mismo pueblo y residente en la Ciudad de México, una casa y solar, labrada de cal y canto, cubierta de madera y teja, la cual linda al sur con la Calle Nueva y casa de don José Díaz de Acosta, al oriente con casa de doña María Ignacia de Acosta, al norte con la barranca y arroyo de Xallitic, y al poniente con casa y solar de don Antonio de Zárate, en la cantidad de 60 pesos de oro común a censo redimible en cada año de 30 pesos y 2 pagos de cada 6 meses.
El Capitán don Alonso de Alba, Alguacil Mayor de la provincia de Jalapa, albacea del difunto don Juan de Quiñones, afirma que dicho difunto le vendió a don José de Amacosta, una casa en solar propio sin techar, la cual linda al sur con la Calle Nueva, al oriente con solar y paredes que fueron de María de Acosta, al norte con solar de la Cofradía de las Animas Benditas de este pueblo y al poniente con solar de doña Juana Núñez, dicha venta se realizó en la cantidad de 600 pesos, con réditos a pagar del 5% a favor de censo y gravamen de la Cofradía de las Benditas Ánimas de la Santa Iglesia Mayor de este pueblo.
Doña Aurelia Josefa de Ochoa, doncella, hija legítima y heredera de don Gabriel de Ochoa y de doña Josefa de Zárate; doña Justa Contreras, mujer legítima de don José García; doña Ana Contreras, mujer de don Juan Cardeña; don Claudio Contreras y doña Juana Contreras, doncella menor de 25 años pero habilitada por la Real Justicia, herederos todos de doña Efigenia de Ochoa, quien les heredó una casa de paredes cubierta de tejas con el sitio de 12 varas de frente y 72 de fondo, ubicada en la Calle Nueva, la cual venden a don Bartolomé Salvo, en 510 pesos, 100 de ellos a censo redimible a favor del Sacramento de la parroquia de Tlacolulan, 100 pesos a la Cofradía de Nuestra Señora del Carmen de este pueblo y 100 pesos que pertenecen a doña Aurelia, con la condición de que dicho Salvo deje vivir en una casita de tablas a doña Aurelia Josefa de Ochoa hasta el fin de sus días. Asimismo dicho Bartolomé Salvo, como obligación con el Reverendo Padre Fray José de Campo, religioso sacerdote de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, otorga donación de la dicha casa a doña María Catarina Serrano, viuda de don Juan Francisco de Campo, con la condición de no enajenarla ni cargar a censo, y que a su muerte la casa recaiga en la persona de dicho fraile.
Doña Teresa Cristina López, mujer legítima de don Fernando Ponce de León, ambos vecinos de este pueblo de Jalapa, se obligan a pagar la cantidad de 800 pesos, los cuales solicitó su esposo en calidad de préstamo, por lo que otorga poder especial a su esposo, para hipotecar unas casas de ambos, ubicadas en el barrio de arriba, con un censo a favor de obras pías, por la citada cantidad, de los cuales pagaran los réditos en los tiempos y plazos que se les indique.