Don Gaspar de Thormes, vecino de Jalapa, en virtud del poder que en su persona substituyó Gonzalo Márquez de Acevedo, vecino de este pueblo, vende en nombre de Doña María de Estupiñán al Capitán Don Francisco García López, vecino de Jalapa, una casa de piedra y lodo, cubierta de teja, ubicada en una de las esquinas de la plaza pública de él, que hace callejón entre dicha casa y el mesón; linda con solar y casas que hoy posee Ana Fernández de la Calleja, en la Calle Real, por el precio de 1500 pesos de oro común; los 1000 pesos, de un censo en favor del Monasterio de San Francisco de Jalapa, de una capellanía de misas que fundaron Manuel Rodríguez de Maya y Luisa Ordóñez, su mujer; y los 500 pesos restantes, en esta forma: los 100 pesos en reales de contado, 200 pesos para dentro de dos meses de venida la flota; y los últimos 200 pesos, para los dos meses después de haberse ido la flota mercante del puerto de Veracruz.
CAPELLANÍAS
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Doña Sebastiana de la Gasca, vecina de Jalapa, vende al Alférez Sebastián Sánchez de las Fraguas, residente de este pueblo, una casa de piedra y madera cubierta de teja, ubicada en la Calle Real que sale de la plaza pública para el camino [Real] de la ciudad de México; linda con casas de Doña Teresa de la Gasca y Ortega, su sobrina, y por otra parte con solar y casas de Juana del Moral y Argaiz, de 24 varas de frente y 24 y media varas de fondo, por el precio de 1250 pesos de oro común; los 250 pesos en reales, y los 1000 pesos, a censo del 5 por ciento anual de una capellanía de misas que por su alma y las de sus parientes funda la otorgante sobre dicha casa, cuyas misas se dirán en la iglesia que quisiere el capellán interino, Licenciado Don Miguel Alonso de Angón, cura, vicario interino de Jalapa, mientras tiene la edad Antonio de Thormes, niño, hijo de su sobrino Doña Nicolasa de la Gasca y Ortega y de Gaspar de Thormes.
Don Gaspar Francisco de Viera, Escribano Mayor de Minas, Registro y Real Hacienda de la nueva ciudad de Veracruz, residente en el ingenio de San Miguel Almolonga, se obligó a pagar a Don Carlos Antonio de Luna y Arellano, Mariscal de Castilla, vecino de la ciudad de México, 3026 pesos de oro común, procedidos de los corridos de las capellanías y obras pías que sobre el ingenio de Almolonga instituyó Luis de Tovar Godínez, y el dicho Mariscal goza como patrón de las capellanías, por razón de habérsele hecho al otorgante remate en almoneda pública de dicho ingenio, con todo lo a él perteneciente, desde el 16 de mayo de 1686 hasta el 13 del presente mes y año de la fecha, los cuales se obligó a pagar en esta forma: 637 pesos y un real de oro común, en cada año durante cuatro años consecutivos, y cumplido dicho término, de allí en 9 meses, los 447 pesos 4 reales restantes.
Doña Eugenia Francisca de Amilibia Guraya y Lezama, viuda del Capitán Don Francisco de la Higuera Matamoros, como madre y tutora de Doña Josefa Petronila de la Higuera Matamoros, heredera del Mayorazgo de la Higuera, dio su poder cumplido al Lic. Don Manuel del Pozo, Vicario y Juez Eclesiástico del ingenio La Santísima Trinidad, para que en su nombre reciba y cobre del Padre Rector del Colegio de San Ildefonso de la ciudad de la Puebla de los Ángeles y de su Procurador, 3000 pesos de oro común, que están cargados a censo redimible sobre dos sitios de ganado menor con 10,000 cabezas, por modo de sufragio y capellanía, que fundaron Don Andrés Pérez de la Higuera y Doña Francisca Díaz Matamoros en este ingenio, el 6 de junio de 1616.
El Bachiller Manuel del Pozo, Vicario y Juez Eclesiástico del ingenio La Santísima Trinidad, dio su poder cumplido a Catalina García, su madre, vecina de la nueva ciudad de Veracruz, para que en su nombre rija y administre dos capellanías que el otorgante sirve; una instituida por María Godínez, morena libre, sobre dos casas de piedra cubiertas de teja, ubicadas en dicha ciudad, con 400 pesos de censo principal; y otra capellanía fundada por Don Francisco de Leiva Irasi, Corregidor y Teniente de Capitán General que fue de la Veracruz, sobre una casa que está en la calle de San Agustín, con mil pesos de oro común de censo principal; cuyos réditos de las dos capellanías suman 250 pesos anuales, los cuales cobre de las personas arrendatarias y administradores de tales bienes.
Doña Eugenia Francisca de Amilibia Guraya y Lezama, como tutora de Doña Josefa Petronila de la Higuera Matamoros, sucesora en el Mayorazgo de la Higuera, y patrona de la capellanía de misas que instituyó el Lic. Don Gaspar Ramírez de Cabrera, sobre las haciendas de ganado mayor nombradas Santa Fe y Moreno, atento a estar vacante de capellán, nombró por capellán propietario a Don Miguel de Ceballos, cursante de Filosofía.
El Capitán Don Lorenzo Romero Jurado, y su mujer, Doña Teresa de Arellano, vecinos de Jalapa, cancelaron y revocaron una escritura de imposición de tributo y capellanía, de 3000 pesos de dote principal, fechada en este pueblo, el 24 de noviembre de 1691.
El Bachiller Don Gaspar de Herrera, clérigo domiciliario del Arzobispado de la ciudad de México, residente en este pueblo, dio su poder cumplido al Alférez Don José Peláez, vecino de dicha ciudad, para que en su nombre pida, reciba y cobre, de los herederos de Pedro de Eslava, vecino que fue de la ciudad de México, 270 pesos de oro común que se le deben de una capellanía de misas que instituyó el Capitán Don Francisco de Chaverría, su hermano, de 2000 pesos de principal, sobre una hacienda de labor que dicho Don José Peláez poseyó en la jurisdicción de Cuernavaca.
Francisco Ruiz Fernández, vecino de la jurisdicción de Jalacingo, hijo legítimo del Alférez Juan Ruiz Fernández y de doña Isabel de Medina y Landa, propietaria del trapiche de fabricar azúcar nombrado San Juan, en términos de Santa María Tlapacoyan, dijeron que fundaron una capellanía de misas rezadas por 3 mil pesos de dote principal y 150 de renta, y como dueño de dicho trapiche, otorga que reconoce a favor de la capellanía sus patronos y capellanes propietarios, interinos y quien por ella fuera parte legítima.\r\n
Doña Aldonza Clara de Vargas, vecina del pueblo de Jalapa, hija natural de doña Francisca Matamoros, difunta, otorga poder para testar a Jerónimo de Acosta, de la misma vecindad, para que en su representación ordene su testamento después de su fallecimiento, en la forma y como se lo tiene comunicado. Declara haber fundado una capellanía de misas rezadas sobre las casas en las que al presente vive el Licenciado Miguel Pérez de Medina. Nombra por sus herederos a Inés Sebastiana, niña que ha criado, a José Manuel, huérfano de 10 meses. Ordena se vendan las casas que habita a censo redimible.