Antón Macías, residente en el ingenio de Juan Díaz Matamoros, en esta provincia, dio su poder a Pedro González, vecino de la Villa de Ayamonte, reinos de Castilla, y en su ausencia a Domingo Alonso, piloto, para que lo represente en todos sus pleitos, causas civiles y criminales y para que pueda cobrar cualesquier maravedís, pesos de oro, joyas, esclavos, mercaderías, bienes raíces y muebles que le debieren.
AYAMONTE, VILLA DE
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Esteban de Palacios, piloto de la navegación de las Indias, en nombre de Isabel Romera, vecina de Ayamonte, reinos de Castilla, vende a Juan Díaz Matamoros, vecino de Jalapa, un esclavo mulato llamado Antonio, en 200 ducados de Castilla.
Pedro Díaz Matamoros y su esposa, Catalina López, vecinos de Jalapa, dieron su poder a Domingo Alonso, piloto de carrera de esta Nueva España, vecino de la Villa de Ayamonte, en los reinos de Castilla, para que como verdadero señor de unas casas y viña en la citada villa, pida y demande a Juan Báez el valor de la dicha viña y redime el censo, como era obligado, que tienen impuesto las casas, con el fin de librarlas del referido cargo.
Lorenzo Hernández, residente en el ingenio nombrado Nuestra Señora de la Concepción, de esta provincia, dio su poder cumplido al canónigo Bartolome del Salto[Salvo] y a Esteban Sánchez Falconete, vecino de la ciudad de Sevilla, para que en su nombre reciban y cobren de los bienes y herederos de Domingo Alonso, piloto que fue de la carrera de Nueva España, vecino de la Villa de Ayamonte, 210 pesos y 4 tomines de oro común, que en reales le dio en el dicho ingenio; los 100 pesos para que los diese a Esteban Sánchez Falconete, y los 110 pesos y 4 tomines, para que los trajese empleados en ciertos géneros que le indicó.
Lorenzo Fernández, vecino de la ciudad de Sevilla, carpintero, residente en esta provincia, dio su poder cumplido a Domingo Alonso, piloto [de navegación], y a Pedro González Hurtado, vecinos de la villa de Ayamonte, y a cualquiera de ellos, para que traigan a su mujer Ana María, hija de Esteban Sánchez Falconete y de María Mata, vecinos de Sevilla, y a sus hijos, en la primera flota que parta para la Nueva España, y hagan los fletamientos y demás requisitos necesarios que para ello llevan 200 pesos de oro común; en caso de que su esposa e hijos ya se hubieren venido, les dio poder para emplear los 200 pesos en mercaderías.