El Capitán Bartolomé de Castro, vecino del pueblo de Jalapa, dijo que el Alférez Nicolás Zapata de Herrera, vecino y labrador en la provincia de Tlaxcala, le confirió poder general para cobranza y pleito, y de él usando dijo que ha recibido de don Ventura González de Abreu, vecino que fue de la ciudad de La Antigua Veracruz, 681 pesos de oro común de a 8 reales de plata cada uno, mismos que se obligó a pagar, de los que se da por entregado a su voluntad.
ALFÉRECES
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José Nicolás de Acosta, vecino de la jurisdicción de Jalapa, vende a doña Catalina de Mogollón, viuda vecina de la jurisdicción de La Antigua Veracruz, una negra esclava nombrada María del Rosario, de 27 años de edad, que hubo del Alférez Juan de Campo el 5 de agosto de este año, quien se encuentra libre de empeño, hipoteca y enajenación, sin asegurarla de ninguna tacha, vicio, defecto ni enfermedad pública ni secreta, en 330 pesos de oro común libres de alcabala.
Ana Suero Zavala, vecina del ingenio de Pacho, hija natural de Andrés Suero y de Ana Zavala, difuntos, otorga su testamento donde declara no haber sido casada y tuvo como hijos naturales a Francisca Zavala, viuda de Bernardo Velázquez, Juan , Francisco y Ana López Ruiz Matamoros, fallecidos, e Isabel López Ruiz Matamoros, viva. Como bienes dice tener una hacienda de ganado mayor en la Antigua Veracruz, algunas piezas de esclavos, entre ellos una negrita llamada Josefa de entre 12 y 14 años, que era de su hija y que antes de morir le pidió que le diera libertad, por tanto se la otorga para que goce de ella; tiene otras 2 esclavas negras: una llamada Nicolasa y la otra María Elena, las cuales se las deja a su hija Isabel para que las tenga por el resto de su vida y después les conceda libertad. Asimismo tiene la casa que habita. Nombra como albacea y heredera universal a su hija Isabel y por tenedor de sus bienes al Alférez Agustín Velázquez, su nieto, hijo de Francisca Zavala.
Doña Teresa de la Gasca y Ortega, viuda de Manuel de Riveros, hija legítima de Francisco de Ortega y Castro, natural de los Reinos de Castilla, y de Agustina de la Gasca, natural de la Ciudad de la Puebla de Los Ángeles, otorga poder para testar a don Manuel Laso Nacarino, a su sobrino el Alférez Sebastián de Flores Moreno y a Juan de Thormes para que en su nombre y representación ordenen su testamento, entre cuyos bienes menciona: casas de vivienda en la Nueva Ciudad de la Veracruz y 4 cuartos, 3 aposentos de madera techados de tajamanil, un mesón en La Antigua, una casa de vivienda en la Calle Real, una casa que habita una sobrina, entre otros bienes inmuebles.
Doña Ana Fernández de la Calleja, vecina de Jalapa, viuda, mujer que fue de Fernando de Arriaga, vende al Alférez Miguel de Zamora, Alguacil Mayor de La Antigua Veracruz, vecino de Jalapa, una esclava negra nombrada Lucía, de nación Angola, casada con un negro esclavo del ingenio de Almolonga, de más de 50 años de edad, libre de empeño, hipoteca y otra enajenación, sin asegurarla de ninguna tacha, vicio, defecto ni enfermedad pública ni secreta, por el precio de 170 pesos de oro común, los 100 en reales de contado, y los 70 para el fin del mes de octubre del presente año.
Don Miguel García de Monzaval, don Joaquín José, don Alonso Gómez Dávila y doña Josefa de Pedraza, vecinos de esta villa de Córdoba, en voz y en nombre del Capitán don Juan Gómez Dávila, difunto, en virtud del poder para testar que les otorgó, el cual usan para señalar su testamento en la forma siguiente: Declaran fue sepultado en la iglesia parroquial de esta villa, amortajado con el hábito y cuerda de San Francisco. Mandó se diesen 50 pesos de sus bienes para que se repartan entre las cofradías de esta villa, que son: el Santísimo Sacramento, Nuestra Señora de la Concepción, Señor San José, el Santo Cristo, Jesús Nazareno, Nuestra Señora de la Soledad, Nuestra Señora de Guadalupe, Tercera Orden de Penitencia y Nuestra Señora del Rosario. También, les comunicó el difunto que habiendo otros hermanos que apoyen y se fervoricen a hacer algún altar al Señor San Joaquín y Santa [roto] Ana en la parroquia de esta villa, se saque de sus bienes la cantidad que faltare para el cumplimiento de dicho altar, y en él pidió y suplicó se coloque la imagen del Señor San Nicolás, donde permanezca perpetuamente. Mandó se le den 500 pesos a doña Gertrudis Gómez Dávila, su sobrina, hija de su hermano Alonso Gómez Dávila, mismos que están prontos a entregarle por haber contraído matrimonio con don Miguel García de Monzaval. Ordenó que del remanente de sus bienes se impusiese una capellanía de 3 000 pesos de principal y como capellanes a Alonso, a Ventura José y a Nicolás Gómez Dávila y a falta de estos a los parientes más cercanos, y nombró por patrona de la capellanía a doña Josefa de Pedraza, por capellán interino al Bachiller don Juan Gómez Dávila, Presbítero, su sobrino, y en caso de que en el quinto de sus bienes no quepan los 3 000 pesos, se saquen 150 pesos y con ellos se compren hasta donde alcanzare unos mantos, y que éstos se [repartan] entre pobres de esta villa. Mandó se den 100 pesos para que se le entreguen a Josefa hija de Clemente José Hidalgo, difunto, en el ínterin que no tome estado se les entreguen a sus albaceas, cantidad que es en cuenta de 1 000 pesos que le habían ofrecido a Francisca Gómez, su madre, a quien ya le había entregado 900 pesos. El difunto mandó se paguen 50 pesos a Juan de Orantes por concepto de un solar que le compró hace 10 años. Dicho difunto tenía deudas con el Bachiller don Esteban Lambert, Nicolás de Leiva, el Alguacil Mayor don Gregorio Martínez de Solís y otros más que se mencionan en esta escritura, las cuales mandó se paguen de sus bienes; y a él le debían don Lope Antonio de Iribas, Nicolás Campos y Pedro Zacarías, manda se les cobre. También, les comunicó fue albacea del Regidor don José Gómez Dávila y dentro de sus bienes quedó un negro nombrado José, Congo, que vendió al Capitán Manuel de Rosas en cantidad de 300 pesos, mismos que mandó se entreguen a sus hijos don Diego y don Ciprian; y estando en dicho cargo algunos vecinos le quedaron debiendo cantidades de pesos que constan por autos e inventarios, y de las diligencias que hizo entregó algunos pesos a los herederos del regidor, y aunque se había hecho cargo de todo el caudal en las aplicaciones y partes que les tocaba a los susodichos, les comunicó que del caudal le debían 2 500 pesos [roto] que el Alférez José Gómez Dávila, su sobrino, a quien se le aplicaron en las casas de su morada, y habiéndolos necesitado el dicho su sobrino, él se los dio de su propio caudal, y los otros 1 500 pesos fueron por la venta que como tal albacea hizo con doña Micaela Ramos, del potrero que llaman El Novillero, pero salió que por el precio del novillero estaba mal vendido, y así Juan Gómez devolvió los 1 500 pesos de su propio caudal, mismos que manda se rebajen a los menores de dicho su hermano. El difunto les comunicó tenía poder para testar de doña Marina Gómez Dávila, su difunta hermana, cargo que usó para administrar todos sus bienes y especialmente la hacienda nombrada Señor San Joseph [José], que quedó por bienes del Capitán don Juan Rodríguez Durán, de lo cual ajustó y liquidó todas las cuentas y salió alcanzado [roto] por mano del Sargento Agustín de Villavicencio, quien ajustó y asistió a las cuentas, mismas que dejó en manos de la susodicha, y fue su voluntad se cobrase la cantidad de sus albaceas y herederos, rebajándosele un cofre pequeño viejo que tenía dado al Capitán Nicolás Rodríguez, que importó 150 pesos, asimismo, el valor de 80 arrobas de azúcar que de orden de dicho difunto remitió a la Nueva ciudad de la Veracruz, cuya venta fue a 11 reales arroba. El difunto señaló se debían 300 pesos de los bienes del Regidor don José Gómez Dávila a doña María de Olaso y Salgado. Asimismo, mandó se saquen de sus bienes 300 pesos, de los que hace manda a doña Catalina Muñoz de Pedraza, hija del Alférez Antonio Muñoz de Anaya y de doña Ana de Pedraza, y mujer de don Juan de [Meza] y Ascanio, Alcalde la Antigua Veracruz [roto]. El difunto tenía sobre la hacienda de beneficio de hacer azúcar nombrada Santa Theresa [Teresa] [roto] de principal a favor de la Madre Catalina, hija del Regidor don Juan Gómez Dávila, reclusa en el convento de Santa Clara de la ciudad de la Puebla. También les comunicó, que el Regidor don José Gómez Dávila, difunto, fue albacea del Alguacil Mayor Juan de Soto Noguera, y tutor y curador de sus menores hijos y herederos, cuyo cargo recayó en él, y entró en su poder unas tierras que están en el pago de Tlacomulco, cuyo valor Juan Gómez tiene satisfecho a los herederos de Juan de Soto, y después apareció otro dueño reclamando derechos sobre dichas tierras en virtud de títulos que él volvió a comprar, y mandó que la cantidad que tenía suplida a los herederos de Soto se cobre de sus bienes. Por bienes del difunto, los otorgantes declaran la hacienda nombrada Santa Theresa [Teresa] en el pago de Tlacomulco que se compone de 21 caballerías de tierra y sobre éstas un censo a favor del Bachiller don Sebastián de Torija Ortuño, Presbítero, vecino de la Puebla. Y usando del poder para testar, señalan que se constituyen albaceas. Del remanente de sus bienes nombran por herederos a Alonso, doña Ana María, Ventura José y Juan Gómez Dávila, sus hijos; y nombran a doña Josefa de Pedraza por tenedora de bienes, tutora y curadora de sus personas y bienes.
Sans titreEl Capitán Luis Fernández de la Flor y Pareja, Caballero de la Orden de Santiago; el Alférez Sebastián de Flores Moreno; don Luis González de Lucena; el Alférez Juan de Morales; el Capitán Juan de Malpica, entre otros mercaderes, labradores y dueños de recua, vecinos de la provincia de Jalapa y su agregado Jalacingo, otorgan poder especial a José Jiménez, Agente de Negocios del Real Palacio de México, para que parezca ante el Virrey a presentar escritos, hacer pedimentos, requerimientos, protestaciones, juramentos, y los obligue a lo que por bien tuviere en razón de la pensión y pasaje del puente que se pretende fabricar en el río de la Antigua Veracruz, en las condiciones y calidades que tiene puestas el Alcalde Mayor para efecto de que le llegue a conseguir y perfeccionar dicha obra.
Juan de Orduña Castillo, como principal deudor, y el Alférez Gonzalo Márquez de Acevedo, como su fiador, vecinos de Jalapa, se obligaron a pagar a la Santa Iglesia Catedral de la ciudad de Puebla de los Ángeles, 285 pesos de oro común que montaron los diezmos de ganado vacuno y cría de yeguas de la Hacienda de Espanta Judíos, ubicada en la jurisdicción de la Antigua Veracruz, propiedad del Capitán Don Antonio de Orduña Loyando, que se remataron en el dicho principal de los años de 1676, 1677 y 1678, a razón de 95 pesos de oro común cada Pascua de Navidad, de los años antes señalados.
El Alférez Miguel de Zamora, Alguacil Mayor de la Antigua Veracruz, vecino de Jalapa, dio en arrendamiento a Cristóbal López de la Plata, Alguacil Mayor interino de Jalapa, una casa de paredes de piedra, cubierta de tejas; puerta a la Calle Real que va de la plaza de este pueblo a la Veracruz, a mano izquierda, por tiempo de tres años y al precio de 50 pesos anuales, a partir del 26 de junio del presente año.
Don Francisco Pérez de Arellano, dueño de Hacienda de ganado mayor en la jurisdicción de la Antigua Veracruz y en la Jalacingo, obligado de los abastos de carne de este pueblo, dijo que de su orden Juan Díaz Parraga, su mayordomo, y por cuenta y orden de don Juan de Castañiza, vecino y del comercio de México, recibió en la Hacienda de la Quemada, jurisdicción de San Miguel El Grande, del Capitán don Antonio de Lanzagorta, del orden de Calatrava, 3, 500 carneros por cantidad de 4, 737 pesos 4 reales, los cuales se obliga a pagar al dicho Alférez don Juan de Castañeda en todo el mes de febrero de 1758.